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Rumanía, “la oveja negra de Europa”* y el silencio de los corderos

OPINIÓN de Corina Tulbure    

En el último mes, Rumanía ha vuelto a protagonizar los titulares de la prensa Occidental. Se repite de forma monótona la misma melodía de la “la democracia en peligro” y “las derivas hacía el totalitarismo”. Desde el artículo de Deutsche Welle [2 ]que hace referencia a una verdadera “Nacht und Nebel", una noche de la democracia y de la razón, a la fórmula del “golpe de estado”, a los titulares no les faltó un iracundo alarmismo. En cuestión de días, Rumanía pasó del estatuto de “alumno modelo del FMI” a ser el alumno incorregible de Europa [3].

¿Qué es lo que determinó este cambio de nota y tono por parte de las instituciones de la UE? El nuevo Gobierno de Victor Poantă formado por la coalición PSD-USL (Partido Socialdemócrata y Unión Social Liberal), resultado tras la moción de censura del mes de abril, aprobó Ordenanzas de urgencia que limitaban las competencias del Tribunal Constitucional de pronunciarse sobre las decisiones del Parlamento y modificó la ley sobre el referéndum, con la meta de hacer renunciar al actual Presidente de Rumanía, Traian Băsescu. En la sesión del 9 de julio, el Tribunal Constitucional validó la suspensión del Presidente Traian Băsescu, decisión que se someterá al referéndum el 29 de julio, y denegó la Ordenanza de restricción de las competencias del Tribunal Constitucional en el análisis de las decisiones del Parlamento [4]. Esta intromisión dentro del territorio de la justicia determinó la reacción del Tribunal Constitucional que envió un comunicado a las instituciones europeas, considerando amenazada la independencia de la justicia. No obstante, en cuanto a la ley del referéndum, el primer ministro Victor Poantă afirmó en un comunicado de la sesión gubernamental del 11 de julio que se debe coordinar el texto de la ley sobre el referéndum con la decisión del Tribunal Constitucional, es decir, contar con la participación del 50% más uno de las personas inscritas en las listas electorales. La decisión del Primer ministro desencadenó discrepancias en el interior de la coalición PSD-USL, dado que la formación política USL defendió una Ordenanza de urgencia conforme a la cual, el nuevo Presidente será validado por un 50% de los que se presentan al voto y no un 50% de los inscritos en las listas electorales. Aún así, “El Gobierno emitió un comunicado en el que anuncia que respetará la decisión del Tribunal Constitucional en relación con la Ley del referéndum, mencionando al mismo tiempo que es la obligación del Parlamento establecer con brevedad la concordancia entre la legislación acerca del referéndum y la decisión del Tribunal Constitucional”. [5]La reacción de la UE no tardó en llegar. Tras su visita del 12 de julio a Bruselas, Victor Poantă volvió con la lista de deberes a cumplir. La UE monitorizará de forma especial el referéndum de Rumanía. A la vez, el Informe del Mecanismo de Cooperación y Verificación para Rumanía y Bulgaria, por el periodo que incluye los últimos cinco años, realizó una evaluación de Rumanía, contaminada por los acontecimientos del último mes, determinando una cláusula de monitorización especial de las autoridades de Bucarest y la posibilidad de reevaluar la adhesión de Rumanía al espacio Schengen. El Consejo de los Inversores extranjeros tampoco esperó para alzar la voz; el alumno modelo en reformas neoliberales se volvía inestable e indisciplinado: “La falta de estabilidad y predictibilidad constituyen barreras importantes para los inversores”. [6]

El fantasma de Europa y los votos

No se trata de la primera ocasión en que la posibilidad de que el pueblo, el protagonista de la democracia, entre en escena mediante un referéndum, preocupe a la “democracia de Bruselas”. En cuestión de días, la prensa internacional arrojó a los rumanos a la posición de “amantes de totalitarismos”, “ovejas negras de Europa”, una periferia caprichosa. Se hizo gala de una óptica y de un lenguaje que parecen calcados de los textos de la Guerra Fría. En plena crisis de valores de la UE, parece ser que los fantasmas de la dicotomía el Este y el Occidente empiezan a cobrar fuerza.

En este contexto de presión por parte de las instituciones de la UE y de la prensa, el Presidente suspendido y las figuras políticas del antiguo Gobierno han desencadenado su artillería propagandística en vistas al referéndum. El antiguo Presidente ha cogido el timón y se ha erigido en defensor de la democracia y garante de los valores europeos. Una gran parte de los medios rumanos quieren hacer creer a la gente que votar contra Băsescu en el referéndum significaría votar contra la democracia. En una conferencia de prensa previa a la organización del referéndum, Traian Băsescu consideraba que los rumanos no participarán en el referéndum, dado que es “solo un juego deshonesto” que traerá descontrol y menos Europa. La derecha, agitando el fantasma de Europa, pretende dividir a la población que está contra todos los políticos, sin importancia de su aparente diferencia ideológica, y formar un nicho de población que siga teniendo confianza en ellos, como lo hicieron en las anteriores elecciones. Dado que el referéndum se organizará conforme al visto bueno del Tribunal Constitucional y de la UE, con un resultado de suspensión del Presidente en caso de 50+1 de votos del censo total, se intenta conseguir que la gente no participe en la votación. Echan mano de la estrategia de la confusión o del miedo. La formación del actual Gobierno, USL, Social Liberal optó por la estrategia de aturdir a la población y de quitarse de encima las consecuencias derivadas de sus maniobras políticas, culpabilizando de forma indirecta a los votantes: un quorum favorable al antiguo Presidente significaría una situación de caos en el futuro, así que hace falta votar con nosotros. También prometemos convertir el país en un país europeo. Desde la derecha, el voto contra el Presidente significaría un retroceso de la democracia. Mejor malo conocido que bueno por conocer, parecen entonar. No obstante, la memoria de los gobernantes rumanos parece funcionar solo a corto plazo y con miras electorales. La oposición de derecha defensora del antiguo Presidente pidió un aumento de las secciones de voto en el extranjero, a la espera de votos a favor de Traian Băsescu por parte de la diáspora. Se han olvidado de las declaraciones del Presidente que en el año 2010 afirmaba que el Estado rumano no tenía ninguna responsabilidad ante sus ciudadanos, expulsándolos a buscarse la vida más allá de Rumanía. Tampoco recuerdan la manera poco democrática en que se aprobaron las medidas de austeridad en los años anteriores. También quedó relegada al pasado la propaganda contra los trabajadores emigrados de Rumanía que iban a trabajar en la agricultura en el Sur de Europa y que, dentro de Rumanía, estaban criticados de modo férreo por las élites del poder, porque eran una “vergüenza” para la imagen exterior de Rumanía. Ahora “los fresoneros”, nombre despectivo para los trabajadores que venían a España a recoger fresas, parece que vuelven a contar para el Estado rumano. Un papel en la actual propaganda del miedo le corresponde a la intelighentia conservadora que quiere mantener sus anteriores privilegios y se erigen en los únicos promotores de los valores europeos, de la “civilización” contra el caos interno.

Sin embargo, el discurso de la defensa de los valores europeos con fines electorales no es nuevo en el panorama rumano. Tras 1989, el fantasma de Europa fue alzado por cada grupo político por rotación, con la misma finalidad de acumular votos o privilegios. El aislamiento anterior del país hizo que se construyera una imagen simbólica del mundo Occidental. Este deseo de Europa, compartido por amplias categorías de la población en los primeros años tras la dictadura facilitó de forma considerable la entrada del capitalismo en Rumanía y fue rentabilizado con creces por la oligarquía económica y política rumana.

Tras la penuria de productos básicos provocada por la crisis económica desencadenada en los años 80 [7], fomentada por la crisis del petróleo de 1979 y la crisis de la deuda externa de 1981, la gente equiparó a Occidente con un modelo-solución para sus problemas. En el imaginario colectivo no existía otra alternativa. Tal vez, la fórmula de Walter Benjamin, “el capitalismo como religión”, tuvo una muestra en la fe de los rumanos en la transición a un nuevo sistema que les iba a ofrecer un nivel de vida similar al europeo, sin importar los sacrificios que se rendían. Así se allanó el camino de la colonización económica, que no necesitó ningún esfuerzo de previa propaganda ideológica que le facilitase el asentamiento. Por desconocimiento, los rumanos mismos esperaban esta colonización con los brazos abiertos. No importaba el precio a pagar para llegar a ser Europa. Se desencadenó un proceso esquizoide mediante el cual los rumanos interiorizaron y asumieron la visión que Occidente quería imponer sobre ellos, hasta hacerla propia: somos pobres, la periferia de Europa, con una formación precaria, en resumen, un país atrasado. Así no hubo ninguna resistencia a la entrada del capital y lo que eso conllevó: el desmantelamiento de la industria de la época socialista, la contratación de mano de obra por las empresas extranjeras con sueldos ridículos o la venta de los recursos naturales, empezando por los bosques en los años 90 y acabando con los discutidos yacimientos de gas. Quien explotó con creces este deseo de Europa y la confusión de la mayoría de la gente fue la oligarquía económica. En nombre de “queremos ser como el mundo desarrollado”, los capitalistas autóctonos enviaban al paro a miles de personas en la década de los 90 y a la vez almacenaban grandes fortunas. La doctrina que se asentó fue la de apretarse el cinturón: sacrificar el hoy, para un mañana próspero. A las personas que participaron en cualquier atisbo de oposición se las tildó de “retrógradas”, “comunistas”, “nomenklaturistas” o poco amantes de los valores “europeos”. Pero el cinismo hizo que precisamente los “nomenklaturistas” de antes, convertidos en feroces defensores del capital y de los “valores democráticos”, de la integración en la OTAN y la UE, formaran la oligarquía económica y política ganadora de la así llamada transición. Los mineros que protagonizaron las protestas contra esta medidas en los años 90 fueron convertidos en un colectivo relegado socialmente, tanto por las clases políticas, como por la opinión pública manipulada. Ahora que esta oligarquía ha encontrado pasado de moda demonizar la ideología comunista, táctica que le permitió que las personas concretas quedasen eximidas de cualquier culpa y operasen a sus anchas, engordando sus fortunas, la melodía ha cambiado: ser anti-demócrata y retrógrado es sinónimo de criticar a la Europa neoliberal.

El escenario político como síntoma

Las políticas de austeridad que se imponen en el presente a los países del Sur de Europa en nombre de “más Europa” neoliberal, son una música conocida para los rumanos. Los acontecimientos del último mes en Rumanía no se deben entender sólo en su narración, a nivel de hechos, sino como el síntoma de cambios más profundos de la mentalidad colectiva. Han sacado a la luz un sentimiento cada vez más presente entre los rumanos: el desvanecimiento del fantasma Europa. Tras la “terapia de choque, enunciado médico para una situación económica, como si la economía socialista fuera una enfermedad y no una opción con más o menos éxito de la sociedad” [8], y la inacabable “transición”, los rumanos empiezan a sentirsehuérfanos de Europa, a pesar de estar dentro de la UE. En el escenario político desfila ahora no sólo la oligarquía autóctona, sino también la burocracia de la UE. Antes de la entrada en la UE, todavía existía la esperanza de que un control por parte de las instituciones de la UE acabaría con los abusos de la oligarquía económica autóctona. Este amparo, sin embargo, no se ha dado, sino que la oligarquía ha seguido manteniendo sus intereses, y los rumanos, en lugar de lidiar solamente con el predominio de los capitalistas autóctonos, se encontraron con la hegemonía del capital internacional. No obstante, la oligarquía económica rumana forjó una verdadera hermandad de intereses y beneficios con los capitalistas internacionales. Los últimos años en la UE sí que han introducido un nuevo concepto: la disciplina. Pero si la gente pensaba que la disciplina significaba respetar los derechos y luchar contra los abusos de la oligarquía, ahora se encuentra con una realidad muy diferente. Se quiso disciplinar al pueblo mediante las nuevas reformas laborales, el culto al trabajo, la denigración de cualquier protesta social y la imposición de los tecnócratas. La oligarquía económica y política, indiferente de su color político, siguió imbatible su camino y la corrupción se extendió como un modus vivendi y ley de supervivencia de todas las categorías sociales.

Para la gente de a pie, estar dentro de la UE no se tradujo en una mejora real de su nivel de vida: un 41’4% de los rumanos se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social, conforme a las estadísticas de Eurostat, y se han visto eliminados del reparto del pastel democrático. La libertad de circulación la agradecieron las personas que se permitían viajar. Los que subieron a los autocares en búsqueda de un trabajo en Occidente se encontraron de repente tratados como no-europeos, pobres indeseables de ningún lugar. A la vez, los precios de los bienes de consumo básico se alinearon a los precios Occidentales, pero los sueldos se mantuvieron en los niveles anteriores. A principios del año 2012, el sueldo medio en Rumanía se situaba alrededor de 1600 lei, unos 400 euros. En estas condiciones, para una larga categoría de la población, el verbo “vivir” se convirtió más bien en “sobrevivir”.

Al mismo tiempo, la degradación del actual escenario político es el síntoma de laseparación existente entre el poder y la gente. Las elecciones del año 2008 registraron una participación mínima, del 39’20% de la población con derecho a voto. La confianza de los rumanos en el Parlamento y en el Gobierno como instituciones democráticas “es la más baja de la UE, sólo un 13% en comparación con 33%, respectivamente 32%, la media europea” [9]. Durante la “transición” se ha construido un abismo social entre la población y la oligarquía económica y política, distancia agravada posteriormente por la crisis. Tras la experiencia de la dictadura y la transición, los rumanos miran el poder político con resignación o indiferencia, como a una clase social maligna y autista. El “no nos representan” que se escuchaba en las pasadas elecciones españolas es en Rumanía el pan de cada día de los últimos veinte años. En uno de los carteles de las protestas del pasado mes de enero se podía leer: “PDL-USL-la misma miseria”. En este sentido, en el referéndum del día 29 de julio, el voto para la destitución del anterior Presidente se debe interpretar más bien como un voto de castigo por la antigua política de austeridad y no un voto de confianza hacia el nuevo Gobierno. En este contexto de desapego con el escenario político, las instituciones de los representantes elegidos por el pueblo, han empezado a funcionar sin el pueblo. Con lo cual, estas instituciones, como símbolo de la democracia, de la participación ciudadana, se han quedado vaciadas de su propio significado, y se han convertido en simples instituciones para administrar una situación política, como los burócratas de antaño, y no en instituciones de gestión de una voluntad política común. En consecuencia, sin una participación de la ciudadanía, el abuso de poder se hace efectivo.

Los acontecimientos del último mes muestran dos cambios profundos. Por un lado, los rumanos se interrogan sobre la distancia entre la oligarquía y los ciudadanos, asunto que podría significar el comienzo del fin de la apatía ante el espacio político. Por otro lado, ya no quieren ser el alumno modelo del FMI y empiezan a cuestionar a la actual Europa neoliberal, no desde una perspectiva nacionalista, sino desde la decepción de los que no se sintieron ciudadanos de una Europa que tanto desearon. Intentan dejar de actuar como en los últimos veinte años, como corderos reducidos al silencio, aunque corran el riesgo de convertirse en la “oveja negra de Europa”.



Notas:

*Titular del artículo publicado por El País, La nueva oveja negra de Europa, edición on-line del 12 de julio: http://internacional.elpais.com/internacional/2012/07/12/actualidad/1342114342_155707.html

2 http://www.dw.de/dw/article/0,,16070182,00.html

3 Romania libera, 18 de julio 2012, edición on-line.

4 http://cursdeguvernare.ro/curtea-constitutionala-%E2%80%93-4-din-7-decizii-respinge-limitarea-atributiilor-ccr-basescu-trimis-la-popor-blaga-si-antonescu-revocati.html

5 http://voxpublica.realitatea.net/politica-societate/ce-spune-ponta-e-altceva-decit-spune-antonescu-despre-referendum-81419.html

6 http://www.adevarul.ro/adevarul_europa/Consiliul_INvestitorilor_Straini_din_Romania-Victor_Ponta-Europa-Traian_Basescu-Bruxelles-adevarul_europa_0_733726753.html

7 Ver el artículo del economista Corneliu Ban, en inglés en: http://europeaneconomics.wordpress.com/2012/05/19/what-brought-romania-into-default-in-1981/

8 Claude Karnoouh, L’invention du peuple. Chroniques de Roumanie et d’Europe orientale, edición L’Harmattan 2008, pp. 328 en la edición rumana.

9 Iarna vrajbei noastre:protestele din România, ianuarie-februarie 2012, coordinadores Cãtãlin Augustin Stoica y Vintilã Mihãilescu, Editorial Paideia, Bucarest, 2012, pp. 11.



*Corina Tulbure cursa un doctorado en la Universidad de Barcelona y colabora con Sin Permiso. sinpermiso.info

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