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España, una "hunidad" de destino en lo demencial

OPINIÓN de Julio Ortega.-   

Como las hordas de Atila, las tribus populares -que no vienen de la zona euroasiática sino de la Calle Génova en Madrid- han cambiado con respecto a aquellos más la estética que las actitudes, aunque sin dejar de mantener también ciertas coincidencias en la indumentaria, sólo que los hunos del Siglo IV tiraban de pieles de gato salvaje y de cabra, mientras que las hunas del Siglo XXI prefieren las de zorro o visón. La criatura despellejada les importaba lo mismo a aquellos que a estas, con la diferencia de que estas disponen de una alternativa de que ellos carecían: las prendas sintéticas.

Siempre cabalgaban a lomos de sus caballos los jinetes del "azote de dios". Los chicos de la gaviota (pobre animal) tiran de coche oficial, desde el que lo mismo saludan sonrientes a los ciudadanos en campaña electoral, que les dedican una peineta quince días después de las votaciones.

Los denominados bárbaros por los romanos eran diestros en el uso de la espada y la lanza. Los que hoy se hacen llamar demócratas no atraviesan como aquellos a chinos o hindúes, que estaría mal visto, pero sí autorizan y sufragan su utilización contra toros principalmente, aunque ahora acaban de introducir el alanceamiento legal de jabalíes. Los de entonces al asesinar se hacían con tierras y bienes de los muertos. Estos, por lo visto, hacen arte y transmiten cultura también a base de cadáveres. Vete tú a saber si el motivo no es todavía más perverso por lo retorcido de la explicación.

En lo que la similitud es absoluta salvando las distancias es en sus tácticas y objetivos: extender el miedo, afanarse en el pillaje, enriquecerse y satisfacer sus instintos más cavernarios, sin otro patrón moral que sus propios intereses. Los hunos se valían de su pericia como guerreros, nuestros políticos de una hábil combinación entre las enseñanzas de Maquiavelo y un sistema construido a su medida.

Tenían rey, como nosotros, que se coronó monarca único, como el nuestro, después de que muriera su hermano en un accidente de caza, como... Atila era su Caudillo, y el de Zarzuela, casualidad, nos lo impuso un Caudillo y ahí sigue casi cuarenta años después.

No, no me preocupa la ruptura de la unidad de España sino la fortaleza de la "hunidad" en España. La nación en la que me desperté hoy y en la que lo haré mañana, cada vez tiene menos que envidiar al Imperio de los hunos. La violencia es la seña de identidad en ambos casos, aunque aquellos mataran y robaran a humanos, y estos saqueen a hombres reservando sus asesinatos para los animales. Sólo cambian las formas y que ahora las diseñan desde un Consejo de Ministros.

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