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El periodismo en Occidente, muerto y enterrado

OPINIÓN de Gordon Duff.

Durante las últimas seis semanas, hemos tenido cientos de nuevos blogueros y “gurús de medios de comunicación”, la mayoría anónimos, ninguno cualificado, ninguno con biografía verificable, casi todos con obvias agendas infantiles que portan claras señales de “adiestrados”. Ninguno, sin embargo, tiene fuentes atribuibles, acceso real a información interna.

“Ellos” tienen un propósito, aplastar el impacto y credibilidad del verdadero periodismo independiente y “hundir” el trabajo real, inundando cada “buzón” con calumnias, rumores y total insensatez.

El periodismo está muerto, ni herido, ni dañado; su cadáver hace tiempo que se ha descompuesto. El proceso se inició cuando los “medios de la cultura popular” comenzaron a depender de los comunicados de prensa y los grandes pagos de cheques que del periodismo investigativo.

La mitología, el dogma y la propaganda, la interminable e insípida despreocupación de los mentirosos del Gobierno se volvieron hechos “certificados”, la única verdad, las únicas “teorías de la conspiración” que no eran “salvajes o peligrosas”.

El hecho de no conseguir ninguna historia correcta, no sólo del 11S o de la Guerra contra el Terrorismo, sino también de Irán o la Primavera árabe, la guerra en Siria, ahora la de Malí, nada de esto se ha comprendido, nada reportado ni ninguno de los “quien” o “por qué” ha sido jamás abordado.

Además, la corriente principal o los medios de “cultura popular” murieron, dejando redes alternativas abiertas como PressTV o Russia Today. Sin embargo, el problema es que hay otros 5000, escondidos detrás de páginas de proxy, activistas sin historia de activismo, “expertos” sin experiencia, escritores de “páginas de opinión” cuyos comentarios hacen cualquier cosa menos educar.

Antes, sabíamos de dónde provenían nuestras noticias. La reputación importaba; los periodistas aprendían su oficio el pie del cañón, Edward R. Murrow, Walter Cronkite o incluso, Peter Jennings. Conocíamos a David Frost, a John Cameron Swayze.

Los periodistas podían criticar las mentiras del Gobierno, podían enfrentarse a presidentes, los periodistas eran la experiencia, confiables e incorruptibles. ¿Recuerdan a Helen Thomas?

El fenómeno de las noticias alternativas de “publicidad discreta”, Arianna hufftington, Matt Drudge o Andrew Breitbar, oportunistas baratos que vendieron sus almas al prevaleciente dinero fácil, puso la barra de las normas, la combinación de sensacionalismo vergonzoso, chismes de celebridades, teoría de conspiración, asesinato de personajes y la insinuación sustituyendo la investigación, los hechos, la responsabilidad.

En la actualidad, decir que la información es “noticia”, resulta insensato. La noticia es una mercancía, “póngame media libra de terror de confiscación de armas y unas lonchas de socialismo insidioso.”

Para cada “informante” o “infiltrado” había una docena de impostores a sueldo. ¿Cuál es la típica “biografía” de un personaje de redifusión multimedia “shock jock” o “bloguero/desacreditador? Muchos han estado en prisión. Ninguno ha tenido un trabajo remunerado durante más de tres meses. En sus currículos se describen como “asesores” o “asistentes administrativos”.

Muchos tienes historias de haber sufrido abuso sexual o ser abusadores sexuales, en particular de niños. En realidad, algunas publicaciones pasan a la imprenta, como el ejemplo de Backpage (Contraportada) de Village Voice. Esta publicación sionista utiliza sus portadas para lanzar ataques contra lo que llama “anti-semitas”, mientras usa su “Contraportada” para vender niños secuestrados a la esclavitud sexual.

En un artículo de 2012, escrito por Nicholas Kristof del New York Times dice:
“Alissa dice que los proxenetas la vendían de forma rutinaria en Backpage. ‘No puedes comprar un niño en Wal-Mart, ¿no?’ me preguntó. ‘No, pero puedes ir a Backpage y comprarme en Backpage.’

Backpage abarca cerca del 70 por ciento de la publicidad de prostitución entre las cinco páginas Web que realizan este tipo de anuncios en los Estados Unidos, obteniendo más de 22 millones de dólares al año por los anuncios de prostitución, según el Grupo AIM, una compañía de investigación y consultoría de medios. En la actualidad, es el principal sitio Web en tráfico de personas en los EE.UU., según la Asociación Nacional de Procuradores Generales. Y no es una operación inescrupulosa. Backpage pertenece a Village Voice Media, que también posee el respetable periódico Village Voice.

“Procuradores generales de 48 estados han escrito una carta conjunta solicitando a Village Voice Media que se deshaga del comercio sexual. Una petición en línea, en Change.org, ha reunido 94000 firmas pidiendo a Village Voice Media que deje de aceptar publicidad de prostitución. En su lugar, la compañía ha utilizado The Village Voice para burlarse de sus críticas. Alissa pensó utilizar su nombre verdadero para este artículo, pero decidió que no por miedo a que Village voice pudiera tomar represalias.

“Los registros de casos en tribunales y los funcionarios públicos respaldan las palabras de Alissa, y hay suficiente evidencia de chicas menores de edad que son comerciadas en Backpage. Se han reportado detenciones relacionadas con estos casos en 22 estados.”

¿Con quién y con qué están aliados los medios de Village Voice? Algunos están sorprendidos por la respuesta pero no lo estén. Su mensaje es idéntico al de la Liga Anti-Difamación (ADL, por sus siglas en inglés) y el Centro Legal para la Pobreza Sureña. Ellos apoyan y atacan a las mismas personas, empleando el mismo lenguaje.

Las contrapartes de internet son casi imposibles de contabilizar. Un sitio Web anónimo puede ser rastreado hasta una dirección de IP que, con los años, se habrá hecho pasar por “supremacía blanca” y “pro-sionista.” Ellos no esperan que nadie mire nada más allá de los proxy ciegos en un sitio de búsqueda de red “whois”.

Números de teléfono, direcciones de IP y de calles, nombres de contacto, esta información conduce a la verdadera identidad de los “gurús” y expertos en “asuntos globales” de internet, quienes se sientan en ropa interior en habitaciones alquiladas, esperando por un “asesor técnico” que les ayuda a establecer una docena de nuevas identidades para poder rellenar con veneno las secciones de comentarios de los verdaderos periodistas.

Hay soluciones. El primer paso es reconocer, de una vez y por todas, que las corporaciones mediáticas están siendo controladas, para así obligarlas a que den explicaciones, no sólo por su falta de objetividad, sino por sus largos historiales de complicidad en crímenes de guerra, fraude masivo, propaganda y racismo, fomentar conflictos sociales y religiosos, espionaje e incluso terrorismo.

Cualquier publicación, programa de televisión, transmisión de radio, redifusión multimedia, o incluso sitio de internet que muestre evidencias de control por parte de una única etnia, ideología política, religión o agenda debería portar la misma advertencia que aparece en un paquete de cigarrillos.

“Este espectáculo/película contiene imágenes reconocidas por su racismo, y es peligroso para el bienestar político, social y mental de los espectadores.” Todo lo que proviene de Hollywood debería portar esta advertencia.

Respecto a los “blogueros de internet”, en la actualidad existe un movimiento en proceso para certificar a quienes puedan probar que existen y escriben usando fuentes fidedignas de información, experiencia personal y una historia de activismo político y social. “No se permiten mercenarios.”

 

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