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No es la democracia lo que está en peligro, sino la hegemonía del bipartidismo

OPINIÓN de Adolfo Ferrera MartínezEl Mirador.-

Es muy habitual en los últimos tiempos escuchar en los medios de comunicación del régimen afirmaciones como que la democracia o el sistema democrático está en peligro, debido a la actual situación de inestabilidad económica, política y social del país, agudizada mucho más por los casos de corrupción que salpican al gobierno. Las encuestas constatan que el bipartidismo reinante en España en los últimos treinta años está en caída libre en estos momentos y peligra su hegemonía en el futuro. Son conscientes de que se les ha caído la careta y ya no hay maquillaje que pueda disimular su desvergüenza y su entrega a las clases dominantes. También saben que ni el PP ni el PSOE tienen nada que ofrecerles a las clases populares del país. Gobierne uno u otro se acatarán los dictados del capital financiero representado por la Troika y la burocracia europea. Y a pesar de su evidente dominio, el establishment tiene miedo de que en el futuro el pueblo herido se subleve ante tanta explotación laboral, tanta pérdida de derechos y tan poca democracia. En estas circunstancias, con un futuro tan poco estable, el nerviosismo se apodera de aquellos que pretenden que todo siga igual para conservar sus privilegios. De ahí que algunos políticos y periodistas a sueldo del capital relacionen la hipotética llegada al poder de un partido diferente al PP-PSOE como el fin de la democracia (¿de qué democracia? habría que preguntarles).

Si la izquierda obtuviera una mayoría parlamentaria suficiente para gobernar no se acabaría la democracia, lo que se acabaría serían los privilegios de clase de una minoría. No es el bipartidismo el que garantiza la democracia en España sino todo lo contrario: para conquistar algún día la democracia y la soberanía popular es imprescindible acabar con el turnismo PP-PSOE. Son estos partidos que el establisment nos presenta como los garantes de la democracia los que han impedido que esta democracia fuera real. Estos dos partidos han ido construyendo en los últimos treinta años este sistema corrupto que ahora se está viniendo abajo por la carcoma que corroe sus cimientos. Son estos dos partidos los que han limitado la democracia a un mero ritual electoral que está viciado de antemano, debido a una Ley electoral totalmente antidemocrática y a la desigualdad de medios económicos y mediáticos con los que cuentan los partidos. Las reglas del juego no son iguales para todos. Son estos partidos los que han entregado la soberanía popular a los Bancos y grandes empresas que dirigen la economía del país, y son estos mismos poderes los que financian a estos partidos para mantener sus privilegios y su poder. Son estos partidos tan "demócratas" quienes cambiaron el artículo 135 de la Constitución para priorizar el pago de la deuda ilegítima a los Bancos antes que el gasto social y las necesidades básicas de los ciudadanos. Ambos partidos defienden un sistema capitalista totalmente criminal e insostenible que sólo crea miseria y desigualdad y está eliminando los pocos derechos que el movimiento obrero había conquistado después de años de lucha y represión. El PP y el PSOE no son partidos antagónicos como nos quieren hacer creer falsamente desde los medios y desde los propios partidos. No son "la izquierda" y "la derecha", no defienden dos modelos económicos diferentes, en absoluto, los dos promueven capitalismo y neoliberalismo a raudales. Emilio Botín (sirva este como paradigma de los poderes fácticos del país) duerme a pierna suelta el día de las elecciones generales, porque gane el PP o gane el PSOE sus privilegios de clase y su poder seguirán intactos.

Esta es la realidad que cualquier ciudadano que haya vivido en España en los últimos treinta años ha podido constatar día tras día. Si el bipartidismo pierde el poder no es la democracia lo que estará en peligro, como alertan algunos, sino la tiranía de las élites políticas y económicas y todos sus vasallos y voceros. Los mismos que tanto daño están causando a la clase trabajadora y a los más humildes de la sociedad. Es a la democracia a la que hay que salvar de este corrupto bipartidismo burgués.

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