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ESPAÑA. ¿Por que odia tanto y es tan ruin la extrema derecha con Madina?

OPINIÓN de Carlos Carnicero.-  

Confesaré primero: conozco a Eduardo Madina desde hace años; no es un hombre fácilmente cercano con todo el mundo; probablemente su carácter adusto es refugio de timidez. Es muy alto y ejerce. Enjuto, con mirada que puede parecer torva o recelosa. Amigo de sus amigos, reservado, aparentemente inseguro, abrigado por la duda existencial que promueve una bomba lapa adosada al suelo de su coche; se salvó porque es demasiado alto y el asesino no calculó donde se emplazaba su tronco; acertó con las extremidades.

Y circunstancias familiares coincidentes –la muerte de su madre- influyeron anímicamente en su estado de ánimo ante la vida. Probablemente, contemplar tan de cerca la muerte le dejó marcado en una duda permanente sobre el sentido que quería darle a su existencia.

Luego, con el tiempo, navegando sobre el equilibrio entre una existencia sosegada, recipiente intelectual de sus inquietudes, y la vocación, compromiso o fatalismo de un compromiso político acrecentado su atentado, dudó mucho entre la política y el refugio en una vida personal tranquila. Para mi que ese dilema no lo ha resuelto todavía completamente.

José Luis Rodríguez Zapatero le ungió, como a muchos otros, sin precisar si tenía rescoldo suficiente.Nada menos que secretario general del Grupo Parlamentario socialista, como recambio de un Ramón Jáuregui, superviviente veterano socialista, todavía en activo, que fue desplazado del puesto al que había sido movilizado desde Brusela.

Dicen que no es simpático con los diputados socialistas; algunos asienten que no tiene empatía ni se molesta en ser amable. Probablemente ejerce de vasco en un universo complejo.

Todo la anterior viene a colación de dos premisas.

Primera, son absolutamente intolerables las descalificaciones, injurias e insultos que vierten los más despreciables componentes de la extrema derecha mediática española sobre su persona.

Si una víctima de ETA, como otras, ha llevado su tragedia con dignidad, ese es Eduardo Medina. Su pudor con el infortunio le ha aliviado de utilizarlo como reclamo de su carrera política.

Solo algunos sabemos lo que significó para él declarar ante quienes quisieron asesinarle, en la Audiencia Nacional. Evitó siempre todo protagonismo derivado de su tragedia, que a otros tantos réditos ha dado.

Nunca ha querido tener razón en el tratamiento del terrorismo influido por su propia experiencia. Frente a quienes piensan que las víctimas del terrorismo tienen razón por el hecho de serlo, en las recetas para terminar con él, Madina ha sido sobre todo prudente y generoso, en un universo de jaleadores de las víctimas que coinciden con sus credos o sus intereses. Y quienes crean que tiene un juicio blando sobre lo que ha significado y todavía significa, no le conocen.

Probablemente le atacan con tanta ruindad porque le temen. Porque es escaparate de dignidad frente al terrorismo sin un ápice de reclamo de venganza.

Segunda razón: es probable que a Eduardo Madina le falte bagaje y experiencia para dirigir el PSOE y ser candidato a la presidencia de Gobierno. Pero en un universo de ausencias, Madina no me parece ni con mucho el peor de los candidatos. Si él da un paso al frente, será sobre todo sinónimo de compromiso, porque cuando yo le traté, y fue bastante, nunca le intuí un residuo de ambición que además hubiera sido legítimo.

No sé que decisión tomará Eduardo Madina; no se si dará preferencia a la vida que le ofrece Paloma y su hijo o la tentación de ser el redentor de este PSOE a la deriva.

En todo caso, al margen de otras consideraciones, Eduardo Madina se merece mucho respeto no solo por su condición llena de dignidad y entereza de víctima de ETA, sino por el compromiso político que ha desempeñado en los momentos más difíciles. Y yo, desde luego, se lo tengo.

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