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Madiba, la ingravidez del mito

CARTA. Germ谩n Gorraiz L贸pez

Fuera,esperaba la ingravidez...
Una vida enterrada entre s谩banas recelaba de iniciar la aventura de vivir. Su cuerpo recordaba bien otros amaneceres en soledad. 
脷ltimamente sus d铆as acababan al mediod铆a; el tiempo de colgarse de un cigarrillo y fumarse toda la niebla de unas pocas horas en que podr铆a deslizar su fantasma por entre las cosas.
No recordaba de seguro su edad; el espejo le traicionaba y s贸lo le reflejaba la mitad que nunca sospech贸 ser. Sin embargo, la nieve que cubr铆a sus sienes le recordaba su estancia ya antigua entre los hombres y que pronto dar铆a por terminada.
Todas sus vivencias nac铆an de los sue帽os; incluso hab铆a d铆as enteros en que la estela de su recuerdo no lograba desertar de sus neuronas.  Nada de especial en su cara ni en sus gestos, s贸lo un ser apartado por la vida y encumbrado despu茅s en gustosa aceptaci贸n hasta su total olvido.
Decidi贸 no afeitarse la cara: los seres que poblaban su mundo solamente le exigir铆an que les mostrara el verde su alma. Desayun贸 mec谩nicamente, tante贸 el estado de su ilusi贸n y ya totalmente decidido, inici贸 la huida por la puerta trasera de la vida, la que conduce al silencio del coraz贸n. 
Sus primeros pasos en la escarcha deshojaron la armon铆a del arco-iris concentrado en la hierba: la ma帽ana se romper铆a despu茅s en mil luces.
Sab铆a que todo eran espejismos preparados para cegar sus pupilas y que todo el trayecto estar铆a lleno de alucinaciones de nubes en charcos nunca creados para impedirle el ascenso del mediod铆a e ignor贸 el saludo de mudas manos que entre ramas intentaron cercarle: no necesitaba aliento para saberse solo.
Pronto una nube tapar铆a su horizonte y le rememorar铆a su in煤til obsesi贸n de atrapar nieblas entre los dedos : otro d铆a m谩s sin hojas que crecieran en sus manos. Nada importaba; nadie le detendr铆a en su invisible trepar por escalas de silencio hasta las m谩s altas horas del mediod铆a.
Supo que hoy llover铆a: la certeza le ven铆a del halo que rob贸 la tarde anterior en un descuido del sol, mas no le preocupaba en exceso no tener paraguas en las manos pues siempre le quedaba el recurso de hundirse en las aguas del r铆o.
Ser铆a un d铆a de claros y sombras para sus ojos; una lucha desigual de sus retinas para captar todos los esp铆ritus que brotaban por doquier de las huellas de la noche. 
Sin duda tal esfuerzo le desgastaba sobremanera y le impedir铆a conocer el final de su viaje como m谩s tarde veremos, mas todav铆a se sab铆a fuerte y los latidos le empujaban hacia su destino.
Procur贸 no pisar las huellas de otras vidas ajenas a la suya; cada paso deb铆a ser invisible en las arrugas de su secreto camino. Nadie ven铆a tras 茅l, s贸lo estaba consigo mismo y cada movimiento innecesario le recordaba los tumbos que diera en el pasado.
En un momento dado, las botas y sus pies dejaron de ser sincr贸nicos en el caminar y presinti贸 que algo dentro de 茅l hab铆a quedado atr谩s , dormido entre las mudas paredes que vigilaron los sue帽os de su infancia. Era —ahora lo pod铆a ver con claridad—, un ni帽o que nunca despert贸 a la vida y que sigui贸 so帽ando rostros de estrellas inexistentes.
M谩s adelante tropez贸 con sus pies y estuvo a punto de caer, no pudiendo impedir que se le desprendiera una capa de piel, la m谩s gastada por el viento y que adem谩s llevara cicatrizada en sangre los estigmas de su amarga juventud.  ¡Ya no pod铆a mirar atr谩s; ya no habr铆a m谩s auroras de rosicler ni tardes en arrebol: s贸lo el mediod铆a le esperaba!
Saberlo le alivi贸 de la sensaci贸n de orfandad que oprimi贸 su pecho y le impidi贸 caminar; detuvo su marcha y descubri贸 al palparse un hueco en el coraz贸n nunca antes intuido y que debi贸 rellenar apresuradamente con flores marchitas y nubes desganadas que recogi贸 de un charco.
Se not贸 un poco m谩s ligero de alma al saberse solo en la ma帽ana, libre ya de recuerdos y huido de esperanzas, mas el viaje ya no ser铆a lo que pens贸 en un principio: mucho de su primitivo ser no conseguir铆a llegar hasta el nuevo yo que le esperaba.
Su marcha se torn贸 vuelo por minutos oscilante en la inseguridad de su nuevo ser que le instaba a desamarrarse de sus lugares tan queridos, ya ra铆ces en su pecho, pero sinti贸 el sobresalto de un rayo de sol fugado que le indic贸 el camino por donde trepar铆a m谩s tarde, cuando todo 茅l estuviera disuelto en cenizas.
No obstante las emociones se fueran amontonando en su cerebro,hab铆a ya intuido que su despedida de los hombres no ser铆a tal y como se so帽贸 ser algo se lo imped铆a: una conciencia exacerbada le alejaba por momentos de lo inalcanzable para un ser humano….
¡Fue en ese momento…!Hasta 茅l llegaron las notas de una m煤sica que volaba desnuda en una brisa no definitiva. ¡Esa era la voz…..! ¡La que tantas veces lograra descifrar en las noches de invierno, confiadas en su oscuridad!. Imperceptiblemente iba ganado notas a la altura. 
La presi贸n de los cielos ser铆a pronto asfixiante y el resplandor conocido estaba cegando la miope mirada que 煤nicamente pod铆an esbozar sus ojos mas le irritaba enormemente su conciencia vigilante: el cerebro se resistir铆a a aceptar el choque inevitable con el azul deseado.
 ¡Ten铆a que disolverse pronto en el viento escondido tras los montes nevados!.Por momentos , todo fueron certezas de su hundimiento irremediable en la dimensi贸n de la que intentaba huir.
¡Su destino estaba suspendido en las horas! El atavismo de su herencia le impel铆a a hundir sus amputadas ra铆ces en suelos ya hollados de los que nunca podr铆a brotar ya verde. 
Necesit贸 de mucho valor para sustraerse a la ayuda de los 煤ltimos montes conocidos y aprovechando el choque de dos estratos todav铆a semidormidos, impact贸 con fuerza en su popa, quedando desgajado de su existencia corporal.Todo atisbo de conciencia humana le fue negada a partir de esa hora...
 Por minutos desaparec铆a de su alma el v茅rtigo del azul: tan s贸lo le restaba ya deshojarse r谩pidamente y con los primeros brotes de la lluvia desatada, deshacerse en cenizas.
Culminada la operaci贸n y como vestigio, s贸lo jirones del alma desvestida quedar铆an entre nubes bajas y lentamente fueron las horas llevando un espacio de la nada hacia el retorno.
Luego, toda la hora se inund贸 de lluvia con los primeros bostezos de un viento desvelado, hundiendo en tierra postreras cenizas que disolviera el esp铆ritu. ¡Al fin emerg铆a como lirio en sombra su alma ya verde, definitivamente voz sin nombre prendada del azul..!.
 Todo era silencio el mediod铆a… 
GERM脕N GORRAIZ L脫PEZ



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