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La derrota de Martinelli

OPINIÓN de Niko Schvarz, Panamá.- Las elecciones presidenciales del 4 de mayo en Panamá se sellaron con la derrota del candidato del partido Cambio Democrático, José Domingo Arias, que significaba el continuismo del gobierno corrupto y regresivo de Ricardo Martinelli, quien por lo demás impulsó de manera desembozada su candidatura. Este es el resultado más importante de la contienda. Es sugestiva la consigna con la que se presentó la principal fuerza opositora, el Partido Revolucionario Democrático (PRD), de antecedentes torrijistas, con su candidato Juan Carlos Navarro: “Echar a Alí Babá de la cueva”. El candidato triunfador (desmintiendo a todas las encuestas previas, que lo ubicaban en tercer lugar) fue Juan Carlos Varela, del Partido Panameñista, quien asumirá el 1º de julio.Se ha señalado que “el triunfo de Juan Carlos Varela frustra el intento de Martinelli de extender su control del poder con la elección de un sucesor que fue designado a dedo”.

Las cifras difundidas por la autoridad electoral indican: Juan Carlos Varela, del Partido Panameñista y Partido Popular: 648.230 votos (39,11%); José Domingo Arias, de Cambio Democrático y Movimiento Liberal Republicano Nacionalista (Molirena): 525.579 votos (31,71%); Juan Carlos Navarro, del Partido Revolucionario Democrático (PRD): 461.191 votos (27,83%). Los restantes candidatos: Juan Jované, Genaro López, Esteban Rodríguez y Gerardo Barroso obtuvieron cada uno menos del 1% de los votos, y en total 1,34%. La participación fue de 76,41% sobre casi 2,46 millones de ciudadanos habilitados.

Juan Carlos Varela, un empresario de licores, es actualmente vicepresidente del gobierno de Martinelli. En agosto de 2011 rompió su alianza con el presidente porque no estaba de acuerdo con las intenciones de éste de buscar la reelección yademás denunció actos de corrupción del gobierno como la compra de helicópteros y radares a una cuestionada empresa italiana. Pasó a la oposición y se lanzó a la contienda por la presidencia, conservando su sueldo de vicepresidente. Se generalizó el concepto de que Martinelli sería el poder en la sombra en caso de que ganara Arias, un neófito en política cuya compañera de fórmula era la esposa del gobernante, Marta Linares. En el último tramo de la campaña presidencial, Martinelli (que es un multimillonario dueño de la mayor cadena de supermercados) recorrió el país inaugurando hospitales, estadios y el primer metro de Centroamérica. Pero fracasó en su empeño.

El presidente electo recibió las felicitaciones de los mandatarios de la región, en particular de Nicolás Maduro, de Venezuela; del guatemalteco Otto Pérez Molina y del presidente electo salvadoreño, Salvador Sánchez Cerén. El primero reviste particular significación, ya que Venezuela rompió relaciones con Panamá en marzo, por las maniobras injerencistas de Martinelli en su país. Varela declaró que “sin duda alguna el restablecimiento de las relaciones diplomáticas será una prioridad a partir del 1º de julio”, en respuesta a un twitter de Maduro que expresaba: “Espero avanzar hacia una mejoría de las relaciones”.

El destacado analista Nils Castro (autor de “Las izquierdas latinoamericanas en tiempos de crear”, y de “América Latina y el Caribe: integración emancipadora o neocolonial”, en etapa de culminación) califica a Martinelli de filibustero, con una larga historia de saqueos y extorsiones, lo que generó el movimiento destinado a “echar a Alí Babá de la cueva”; y destaca la promesa de Navarro, candidato del PRD, de llevar a Martinelli y sus cómplices ante los tribunales. Lamenta que la izquierda no haya podido plasmar una candidatura única y que actualmente “está pasando por un trauma muy grande”. A su juicio, “el PRD ya no es lo que fue en tiempos del nacionalismo revolucionario” y ello se debe a que “la izquierda del PRD perdió el control del partido”. Se reanimó en parte en el último tramo electoral en apoyo a la candidatura de Navarro, pero estima que “los torrijistas están en una coyuntura que se dirimirá más adelante, en el futuro, a mediano plazo”.

Todo ello con el objetivo de retomar una valiosa tradición, que desde la época del general Omar Torrijos transformó profundamente la vida de la nación istmeña. Por los tratados Torrijos-Carter, desde fines del pasado siglo no solo el Canal pasó a manos panameñas, sino que desaparecieron la Zona del Canal y las bases militares norteamericanas. Se emprendió la obra magna de ampliación de la vía interoceánica, lo que multiplicará sus beneficios. Esta obra se ha encontrado con dificultades interpuestas por Grupos Unidos por el Canal (GUPC), el consorcio internacional adjudicatario de los trabajos de ampliación del canal, que por un período interrumpió las labores. Pero la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) ha señalado sin equívocos que está dispuesta a tomar todas las medidas para que las obras proyectadas puedan estar listas a fin de 2015, tal cual estaba definido originalmente.

nikomar@adinet.com.uy

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