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Otro aniversario ochentero

OPINIÓN de Teodoro Rentería Arróyave, México.-  No queremos que se termine este septiembre de 2014, en que se celebra el 85 aniversario de que la Máxima Casa de Estudios del país, en respuesta a las luchas de una generación de jóvenes preclaros y visionarios, lograra se transformara en la Universidad Nacional Autónoma de México, la muy querida y respetada UNAM.

Los antecedentes son de sobra conocidos, La Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM, que en la actualidad es una universidad pública, la más grande del país y de América Latina y una de las 30 más reconocidas del planeta, es heredera de la Real y Pontificia Universidad de México, fundada el 21 de septiembre de 1519,

El 22 de septiembre de 1910, como lo ilustra en forma estupenda el licenciado e historiador, Luis Maldonado Venegas, en su magnífica obra, Trilogía Magisterial, uno de los tres grandes maestros del México liberal del siglo XIX, Justo Sierra Méndez, crea la Universidad Nacional de México, limpiándola de todo dogmatismo o sectarismo religioso o ideológico.

La autonomía universitaria se logró después de 19 años de su fundación, como consecuencia del movimiento estudiantil que surgió cuando Narciso Bassols, director de la Escuela Nacional de Jurisprudencia trató de imponer un nuevo sistema de evaluación y el rector, Antonio Castro Leal amenazó que en caso de que se diera una huelga la Escuela de Jurisprudencia sería clausurada. La recordada y respetada generación del 29, ya no sólo desechaban tal sistema, además exigió la autonomía universitaria.

Ante tal movilización que contó con el apoyo del periodismo libre, obligó al presidente de la República, Emilio Portes Gil, a presentar un proyecto de ley orgánica para otorgar a la casa de estudios el carácter de autónoma. Fue exacto el 22 de septiembre de 1929, cuando después de ser aprobado por el Congreso, la Universidad adquirió el estatus de autónoma.

El actual rector de la UNAM, el respetado y reconocido doctor, José Narro Robles, nos explica que la autonomía universitaria es inherente al quehacer académico, aunque no significa introversión o un repliegue de la universidad sobre sí misma.

Por el contrario, continúa, la autonomía universitaria ha alentado la existencia de los más valiosos principios educativos, como la libertad de cátedra e investigación, la pluralidad de posturas y creencias, éticas, políticas y religiosas, y de manera destacada la tolerancia y el respeto a la discrepancia.

Por su parte el maestro, también respetadísimo, Hugo Casanova Cardiel, afirma que la autonomía constituye uno de los atributos de la universidad de todos los tiempos y en tal sentido constituye parte de su ethos desde el Medievo hasta nuestros días. No obstante, como la institución a la cual define, la autonomía está en función de su tiempo y de su espacio, y por tanto no es una sola, ni puede ser considerada de manera intemporal.

En términos operativos, la autonomía se refiere al grado en el cual las instituciones deciden sobre tres grandes ámbitos: a) laboral: ingreso de profesores, directivos y trabajadores; b) académico: acceso de estudiantes, selección de carreras, determinación de planes de estudio y requisitos de titulación o graduación; c) financiero: criterios para uso de los fondos, distribución del presupuesto, rendición de cuentas.

Defendamos, comprometamos con la autonomía universitaria, que en efecto, además de histórica, es compleja y está sujeta a una constante transformación por las cambiantes condiciones de su entorno. Es decir, siempre tenemos que defenderla de la persistente aparición de los gobiernos absurdos y prepotentes.

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