Ir al contenido principal

El sermón de la meseta

OPINIÓN de Ramón Cotarelo/ Palinuro.- Ya decía ayer Palinuro que eso del "rostro conciliador de Rajoy, era una quimera. El presidente, informaba/deseaba "El País", iba a pronunciar un "discurso muy esperado que, según distintos miembros del Gobierno, será “constructivo” y “en positivo”, y no centrado solo en la ley como hasta ahora". O sea, iba a no ser él, a ser un político templado, de ánimo dialogante.

Pues menos mal que llevó su rostro conciliador. Si llega a ir con el hostil habría dejado de piedra a sus fieles alcaldes del PP como si hubieran visto todos el rostro de la Gorgona. Porque habló a los alcaldes de su partido de toda España. Lo hizo en Barcelona a propósito ya que, en realidad, no iba a hablar a su tropa, sino a los catalanes y especialmente a Mas por encima de las cabezas de los ediles que estaban allí como podían no estar. Si los hubieran sustituido por extras y figurantes contratados en las Ramblas con obligación de aplaudir, habría salido más barato. Claro que a lo mejor no conseguían contratar a nadie.

Se agarró el lider al micro y espetó a la audiencia un discurso crispado y agresivo de más de una hora, un sermón iracundo lleno de malaventuranzas, de esos suyos, tan vacíos como ampulosos, tan grandilocuentes como necios. Ya al comienzo avisó de que no iba a decir nada nuevo. Cuando en Brisbane aseguró que pretendía explicar "mejor" su mensaje en Cataluña se refería a repetirlo en tono más bronco, más negativo, más descalificador, despreciativo, bordeando lo insultante. Es curioso: cuanto más se evidencia la necesidad de la política, de la negociación, el diálogo, el pacto, más se encastilla nuestro hombre en la intransigencia y la negación. Para ocultarlo se sirve de una serie de reconvenciones que sus asesores deben de considerar certeros venablos y no pasan de despropósitos o falsedades. He aquí algunas:

1.- El gobierno subviene a las necesidades de Cataluña con generosidad y premura. Como si no fuera su obligación.
2.- Dos de cada tres catalanes no fueron a votar en la consulta. Y 9,9 de cada diez no van a los actos del PP.
3.- Cataluña no es tierra de listas únicas. Claro que no. Hay una soberanista única y muchas otras, más de las que concurren en Madrid.
4.- Nadie va arrebatar a los catalanes el derecho a ser españoles y europeos. Para lo cual se impone a todos el deber de serlo.
5.- Nunca negociará con la igualdad de los españoles. Meritorio para quien desde joven niega el principio de igualdad.

Y eso fue solo la primera parte, el gesto del estadista con altura de miras, sosegado, con visión de conjunto, nacional española. En la segunda apareció el liderazgo del hombre de partido, del jefe de gobierno, el lugar en el que se toman las decisiones, se perfecciona la estrategia, se establecen las tácticas, se muestra resolución y coraje. También aquí las andanadas han sido poderosas.

1.- Mas emprende un viaje de 18 meses a "ninguna parte". Eso ya se verá. De momento, Rajoy reconoce que el viaje se ha emprendido.
2.- La consulta fue un simulacro. Y muchas otras cosas, casi todo, según Baudrillard. El simulacro es lo real. ¿Qué hace él, si no, en Barcelona?
3.- En Cataluña reina el desgobierno a causa de sus muchas elecciones. Por eso, lo mejor es que no las haya.
4.- Mas ha fracasado. Lo dice quien ha fracasado en impedir que Mas haga la consulta.
5.- Mas se ha saltado la ley. En efecto. Ahora, a ver qué hace usted. ¿Procesarlo?

Entre tanto, el chapapote de la corrupción lo embadurna todo y deslegitima de raíz toda acción de gobierno de la derecha. Y no es un hilillo de plastilina, sino una tupida red de granujería, estafa y latrocinio en la que está Rajoy atrapado personalmente con sus sobresueldos en negro, sus trajes y perifollos en más negro, sus viajes pagados en azabache y ese farfulleo de mentiras y dislates que le han ganado justa fama de ser el presidente más corrupto e incompetente de Europa. Un payaso, vamos.

Un juez acusa al PP de participación lucrativa en un supuesto delito, igual que a una ministra. La ministra dimite. ¿Por qué no el partido? Los partidos no dimiten. Pero sus presidentes, sí. ¿Por qué no dimite Rajoy? ¿Porque tiene que desactivar la secesión catalana? ¡Si es el que más la alienta con su manifiesta catalanofobia destinada a recoger votos en toda España a cambio de un enconamiento del conflicto catalán! Esa es la triste realidad.

No dimite porque no le da la gana. Fin de la cita.

A modo de resumen de la visita del jupiterino presidente de los sobresueldos a Cataluña puede decirse lo que Cervantes del valentón que hablaba del túmulo de Felipe II, que fue a dar unos gritos y soltar unas amenazas y luego, incontinente, caló el chapeo, requirió la espada, miró al soslayo, fuese y no hubo nada.

Porque, por descontado, a todo esto, los catalanes han ignorado olímpicamente la presencia del presidente. Los soberanistas han seguido a lo suyo, a preparar unas elecciones anticipadas como siguiente etapa en ese viaje "a ninguna parte" que para ellos lleva a la independencia.

*http://cotarelo.blogspot.com.es/

ARCHIVOS

Mostrar más


OTRA INFORMACIÓN ES POSIBLE

Información internacional, derechos humanos, cultura, minorías, mujer, infancia, ecología, ciencia y comunicación

elmercuriodigital.es se edita bajo licencia de Creative Commons
©Desde 2002 en internet
Otra información es posible