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¿Cuánto cuesta una sátira? Se nos salió de las manos

OPINIÓN de Rómulo Hernández.-  Las globalizadas nalgas de Kardashian y las estupideces de Justin Bieber nos embrutecieron. Algo estamos haciendo mal.

Nadie sigue católico por haber sido bautizado. Ni todo progresista es ateo porque a Marx se le ocurrió decir aquello sobre “el opio de los pueblos”. Seguir a un Dios marrón como Jesús, a una Diosa azulada como Shiva, a un Dios negro como Changó, o al polémico y multidibujado, Alá, no nos hace mejor ante el otro. Parecía más sencillo.

Tu creencia espiritual o tu ateísmo no es mejor que el mío. Como no lo es mi piel. Ni mi estatura. Ni mi contextura. Ni mi comportamiento en la cama, menos cuando puede ser tan frágil que un par de cervezas podría adulterarlo. O sincerarlo.

Tampoco por ser minoría se es víctima. Son poquitos quienes manejan la banca y los uniformados medios de comunicación ¿O son los mismos?

Olvidamos que el mundo es percibido de acuerdo al sitio donde se esté o a los conocimientos archivados en la cabeza. O a la falta de ellos.

Mi sátira o la tuya a alguien podrían herir. Tu sarcasmo es pagado por carcajadas que ignoran el sufrimiento de otros perdidos entre tu misma multitud. Es un arma emocional.

Mientras unos asisten a procesiones con lápices encima, otros dan la vida por conseguir un par de gotas de agua potable. ¿A quién atender? A veces no hay tiempo para descifrar parodias. Ni resulta tan simple como colocar un "Me gusta/Like" a cualquier dibujito o frase inventadas por quien no nos conoce.

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