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México-EEUU, la sumisión

OPINIÓN de Salvador González Briceño, México.-  Cuando Alan Riding, corresponsal del FT y NYT, escribió Vecinos distantes (1985), para un escrutinio del alma mexicana al servicio del imperio (de la mano de Octavio Paz, El laberinto de la soledad, 1950), con el solo título indicaba ya la frialdad que priva en las relaciones “históricas” entre Estados Unidos y México. Un síndrome presente, pese a la aspiración por el american way of life del inmigrante mexicano por la falta de oportunidades.

La vecindad es una costra de 3,000 km que causa pesadumbre —contradicción de una agria relación—, como la catalogó en su tiempo Porfirio Díaz: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”, a sazón de lo cual volteó hacia otros países como Francia (usos y costumbres) e Italia (arquitectura), entre otros, en los albores del siglo XX.

Claro que la intervención de EEUU ha estado presentes en la Historia de México. Tras la “conquista del oeste”, o la “fiebre de oro” californiano, el mismo ejército que asesinó a los nativos o los encerró en “reservaciones”, se lanzó contra el pueblo mexicano hasta que le arrancó la mitad del territorio: Texas (1845), Alta California y Nuevo México (entre 1846-48), con ofensivas militares en estados como Chihuahua, Coahuila, Veracruz y Puebla.

Las Heridas que no cierran (1988) breve recuento del despojo, y Gringo viejo (1985) sobre la “cicatriz y la herida”, de Julio Chavezmontes y Carlos Fuentes, respectivamente, una sinopsis donde la frontera es no solo con México sino contra el “patio trasero”, con América Latina (mar de intervenciones).

El caso es que, desde que EEUU se posó diplomática, económica y militarmente en México lo hace por infiltración. Si la historia del siglo XX registra todo tipo de entrometimiento gringo, el XXI es intervencionismo puro en los asuntos internos de México. Ya por la Embajada, los acuerdos comerciales (TLCAN), o los tratados para la “seguridad”, como el Plan Mérida y el Comando Norte o Northcom.

Es claro que se trata siempre de la “seguridad nacional” de EEUU. Así, pese a que los mecanismos todos de la relación entre ambos países han traído secuelas retrógradas para México —el fruto de los ámbitos económicos, políticos y sociales—, los mismos presidentes se han prestado a que la situación disfuncional avance.

Solo la “ilegalidad” del despojo, y el pago por “daños y perjuicios”, como se preguntó Chavezmontes en su momento, permitiría a cualquier presidente mexicano replantear las relaciones con EEUU, y lograr un trato digno para los 12 millones de inmigrantes. En ese y otros temas cruciales, como la misma “seguridad nacional”. En cambio, los gobiernos de México avanzan por el sometimiento cada vez de peores consecuencias.

El problema moderno inició con Miguel de la Madrid, pero arreció con Carlos Salinas de Gortari por la ofensiva neoliberal globalizadora. Los presidentes del PAN de plano abrieron las puertas al intervencionismo de EEUU. Ninguna reacción el trastrocamiento de la “seguridad” en el mundo gringo que la cambió desde el 11/S, al contrario, en México se adoptó la “guerra contra el narcotráfico” por Felipe Calderón, donde EEUU pone las armas y México los muertos.

Hoy las inercias se imponen y Peña Nieto no atina en la relación con EEUU. Basta revisar los temas del reciente encuentro (día 6) con Barack Obama en la Casa Blanca. Un ejemplo claro marca la diferencia: en tanto Obama se acompaña de su asesora de seguridad nacional, Peña carga con el secretario de Presidencia. El filón de oro de la “reforma energética” y la sumisión: Medina Mora anuncia que México comprará hasta 100 mil barriles diarios de petróleo ligero a EEUU. No falta un Riding mexicano para entender a EEUU, faltan el Estadista y el Proyecto de Nación para replantear las cosas con el vecino del norte.

*Correo: sgonzalez@reportemexico.com.mx

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