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Poder económico, la colusión

OPINIÓN de Salvador González Briceño, México.- Como ocurre en muchas partes del mundo, en México los empresarios han sido siempre los mejores aliados del poder político. Y viceversa. Pero prevalece el refrán de el que paga manda. No obstante, ambos sectores caminan de la mano, cuando no aquellos se encaraman en el poder político para hacer de la suyas.

El ejemplo claro y reciente, el de Vicente Fox Quesada (2000-2006) un “gobierno de empresarios y para empresarios”. El presidente del “cambio”, o de la oportunidad perdida de alternancia al régimen septuagenario del PRI, el viejo heredero de la Revolución Mexicana cuyos logros redujo a oropel.

Escurridizos como son, los empresarios están siempre atentos y exigiendo, mediante sus organismos o asociaciones empresariales, o bien los dineros/crédito para sus negocios, o la consabida estabilidad económica, política y social igualmente indispensable. Lo exigen porque son los aportantes de recursos para las campañas de los políticos, o son sus propios candidatos.

De la mano, porque siempre están presentes en las negociaciones del gobierno. Hacia adentro y hacia afuera. Por ejemplo, han representado a su sector en las negociaciones de los múltiples tratados de libre comercio con el mundo. Ni se diga del TLCAN con Estados Unidos y Canadá. Son la sombra siempre presenta, y pocas veces escrutada por la sociedad. Más bien, encubierta por los medios oficiosos.

No sucede lo mismo con la representación, verbigracia, de los trabajadores. De los auténticos generadores de la riqueza creada en condiciones capitalistas. El caso es que, desde la imposición de las tesis neoliberales al país, el paso del abandono del llamado “Estado obeso” al liberal, ellos han sido los beneficiados.

Se suponen los generadores del empleo en el país. Y de un progreso que no está a la vuelta de la esquina sino del siglo. Nada de eso se cumple. Pero ahora les está llegando el agua a los aparejos. El problema de la inseguridad está impactando a un elevado costo. Casi el 10% de PIB nacional, reconoce el mismo director del Banxico, Agustín Carstens. El problema que le representa al país la inseguridad no es un dilema solo de los estados donde está el crimen organizado. Es un asunto de carácter nacional que impacta a la sociedad, empresarios incluidos, así tratan de negarlo.

Eso no lo entienden, sino hasta que lo viven de cerca. O lo padecen. Olvidan que son corresponsables, los empresarios, junto con los políticos por defender una serie de políticas que con el tiempo le han dado al traste al país. ¿Quién se ocupa, por ejemplo, de crear mejores condiciones de vida para la población? Que se jodan, pero eso alienta la inseguridad. ¿Quién se acuerda que los llamados Pactos de Solidaridad económica se firmaron solo para contener la inflación, por allá en 1983, con la promesa que dejarían estar indexados al salario en cuanto se diera el control de precios?

Conste que los empresarios mexicanos sí han contado con todas las ventajas y apoyos desde los gobiernos del PRI y el PAN. Que cuentan con economistas capaces para tener un balance puntual del país. Olvidan que todo lo que divide trae secuelas. Y el libre mercado divide, fracciona y rompe el tejido social. Ese es un peligro. ¿Cuándo se han ocupado de un proyecto de país, de largo plazo?

Ahora. A estas alturas del sexenio de Peña Nieto, ¡casi tres años!, reflejan su desesperación. Así lo han dado a saber a través de la Confederación Nacional de Cámaras de Comercio (Concanaco). Se han puesto la camisa en contra de la protesta de los padres de los 43. “Por ningún motivo permitirán”, el acceso a los cuarteles militares. Han salido en defensa de Peña y del Ejército. Olvidan que son cómplices del poder y forman parte de él. Que con corresponsables.


[*] Correo: sgonzalez@reportemexico.com.mx

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