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¡Alto a la descomposición!

OPINIÓN de Salvador González Briceño, México.- Decadentes, los países occidentales otrora desarrollados resultan tan frágiles como peligrosos. Civilización en caída libre. Ahora que el capitalismo, el imperialismo y la globalización, están en pleno proceso de descomposición gracias a que en el pecado llevan la penitencia.

Descomposición en todo. En la economía, en la política y en la respuesta al ciudadano. Crisis de un Estado en desintegración; crisis económica por la financiarización y bursatilización especulativa (burbuja 2008 en Estados Unidos); crisis de gobernabilidad y representatividad de los gobiernos y fractura en la política; crisis por la ausencia de políticas sociales con criterios de igualdad, equidad y libertad.

Un mundo en donde el 1% de la población en 2016 tendrá en sus manos ¡la mitad de la riqueza creada global! Una humanidad cada vez decadente, con pérdida de valores acumulada, y en donde la polarización es alentada porque justifica la violencia en todas sus formas. Esto es, el fundamentalismo, el extremismo radical, religioso, racial, social; por el color de piel, de creencias religiosas, por países. Porque eso le resulta útil al sistema; la guerra representa ganancias.

Porque la polaridad justifica las intervenciones militares, las invasiones, las conspiraciones para derrocar gobiernos incómodos, los negocios sucios, el hurto; todo lo derivado ilícito que deja prontas ganancias, como el oro negro, los diamantes y cualquier tipo de reservas naturales. El norte contra el sur, Occidente contra Oriente, la cultura occidental —la de la libertad, la igualdad, la fraternidad, la democracia—, contra el mundo; los blancos contra los negros, los buenos contra los malos (para no olvidar a Hollywood; las películas, la televisión y los videojuegos), la propaganda mediática.

Las instituciones multinacionales al servicio del poder. Las económicas y las políticas marchan de la mano —G-7, G-20, Reserva Federal, BCE, BM, FMI, ONU, etcétera—, o tienden al mismo fin. Lo que queda de los Estados, de los políticos, de las leyes. Ah, pero eso sí, todos luchan por la apropiación de los recursos naturales que todavía mueven al mundo, como los que generan energía, petróleo y gas, por las buenas (extracción tradicional), o las malas (fracking).

Los grandes ejércitos, las bases militares distribuidas estratégicamente en el mundo, el activismo de la OTAN, del Pentágono; la amenaza de las bombas nucleares, de los drones asesinos, de las armas más sofisticadas, la aeronáutica, los ejércitos modernos. El uso de la tecnología para el espionaje, la orquestación de golpes de Estado, los eventos de falsa bandera. El uso de mercenarios al estilo EIIL, los ejércitos privados, matones a sueldo.

Las estrategias que justifican el intervencionismo como las políticas contra las drogas, los tratados comerciales para negocio de las multinacionales. La presencia de agencias como la DEA, la CIA, USAID. Las amenazas sociales como el secuestro, el tráfico de órganos; los derivados del crimen organizado. La violencia al servicio del poder económico. El cambio de manos de la propiedad, o robo sin más.

Las amenazas continuas de posibles guerras nucleares que tienen al mundo de un hilo. La geopolítica como estrategia del poder, pero también de inteligencia y contrapoder. Porque contra las sociedades no pueden los imperios. ¡No a la descomposición!


[*] Correo: sgonzalez@reportemexico.com.mx

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