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Maquinaria de destrucción

OPINIÓN de Raúl Wiener, Perú.- Hace doce años, Estados Unidos bombardeó e invadió Irak, primero acusándolo de tener que ver con los atentados del 11 de septiembre, luego de poseer armas de destrucción masiva que amenazaba su seguridad y finalmente porque eliminar a Hussein traería la democracia a esta parte del mundo. Claro que no fue verdad que Irak estuviera implicado con Al Qaeda, si esta es toda la explicación que tenemos para los aviones estrellados contra edificios en el 2011, sino al contrario que eran enconados rivales.

Tampoco fue cierto que hubiera las armas químicas y de destrucción masiva y que las pruebas que se usaron para denunciar el caso internacionalmente fueron falsificadas y Bush sabía eso cuando las presentó. Finalmente, que en vez de democracia lo que sobrevino en Irak fue el caos de donde han salido multitud de pequeñas guerras, casi un millón de muertos, destrucción en todas partes, ingobernabilidad, fuga de las tropas yanquis después de armado el desastre y, como corolario, la aparición del Estado Islámico controlando un tercio del país incluida la segunda ciudad (Mosul) y espantando a todos con sus métodos criminales (pocos han visto la criminalidad norteamericana de volar un edificio con todos sus habitantes porque ahí se refugiaban los hijos de Hussein y otras barbaridades).

Hace cuatro años empezó la guerra en Siria, otro eje del mal, según la visión de Washington, y una oposición variopinta, muchas veces con soldados no sirios, y con un amplio apoyo de Occidente, se apoderó de una parte del país y se metió en una guerra brutal, en la que Estados Unidos y sus aliados aportaban las armas y la asesoría. Actualmente Siria ha perdido el 83% de su abastecimiento de luz, han muerto cientos de miles personas y varias ciudades están en ruinas. Entretanto casi la mitad del país fue tomada por el Estado Islámico, salido de la fusión de varios de los grupos opositores y ahora hay una guerra de todos contra todos, en la que Estados Unidos y Europa no saben donde colocarse. Algo parecido se puede decir de Libia, donde la caída provocada por Occidente del dictador Gadafi ha institucionalizado el desorden y hecho brotar el Estado Islámico que todos detestan y temen.

Estados Unidos ha cambiado de aliados con extremo pragmatismo en la crisis árabe que ellos crearon y con la que mataron la supuesta primavera política de estos pueblos. Últimamente se informó de la colaboración de tropas iraníes, encarnación de la cabeza del “eje del mal” con los yanquis, para presionar al Estado Islámico que hace un corto tiempo parecía imparable. Pero Netanyahu, premier de Israel, se mueve hacia el Congreso gringo, pasando por alto al presidente, para informar que el verdadero riesgo es el Irán de los Ayatolas y con ese argumento está haciendo campaña para su reelección. ¿Y si republicanos y el Likud israelí ganan las elecciones?, ¿qué pasará en el mundo?

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