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México, colgado de EEUU

Los presidentes y las falsas expectativas

OPINIÓN de  Salvador González Briceño.- Indignante. Tantos años de señalar que a México le falta no un “dirigente” —ni un titular en el estricto sentido del “presidencialismo autoritario”— sino un Estadista en Palacio Nacional (“Los Pinos” debía ser solo la casa residencial), las peticiones sobran. “Ni los veo ni los oigo”, diría Carlos Salinas (1988-1994). Pero eso sí: ¡tantos han ocupado la “silla presidencial” mediante estafas electorales! Al menos tres, de los más vilipendiados: Salinas, la “caída del sistema” en 1988, el cínico de Felipe Calderón —que reconoció llegar “haiga sido como haiga sido”—, y el también cuestionado Peña Nieto.

Pero tampoco Ernesto Zedillo (hoy empleado de Bill Gates, PRISA, Harvard, y antes de Union Pacific, la concesionaria de los ferrocarriles ¡que él privatizó!) que se dedicó a capotear la crisis de 1995, mucho menos Vicente Fox que dilapidó la oportunidad “democrática” antiPRI. Ningún presidente —¡seis sexenios ya!—, se ha planteado un proyecto de país que pase por la revisión siquiera mínima del libre mercado, del Consenso de Washington y los acuerdos de dominio imperial y control suscritos con Estados Unidos. Nada de eso.

Pero y ¿el país y sus recursos, los mexicanos y la seguridad nacional? Tan solo hay que preguntarle a Fox que con el enemigo en casa, desde San Francisco del Rincón en Guanajuato, el asesino George W. Bush le declaró la guerra a Irak. O al propio Salinas que firmó el TLCAN con EEUU y Canadá para llevar a México ¡al primer mundo! O antes a Miguel de la Madrid (1982-1988) que se doblegó también ante la Casa Blanca. Qué decir de Calderón (2006-2012) que atizó la violencia en el país, con la “guerra contra las drogas”, esa vieja política de Richard Nixon, que no sirve salvo para justificar intervenciones militares al imperio. Los miles de muertos, desaparecidos y desplazados del calderonismo son la prueba. Más los que se acumulan hoy con un Peña que, por ignorancia, temor o sumisión, sigue la misma dirección, a la sombra salinista.

¿Y la economía? Estúpidos. Ninguno ha comprendido que el libre mercado es la panacea, ¿y el crecimiento?, ¿y el desarrollo? Sexenios van y vienen con crecimiento del 2-2.5% de PIB. Señal de que los lineamientos del Consenso de Washington, o la sujeción a las políticas de la Reserva Federal son las pruebas del desastre nacional. Porque todo va a parar a las arcas del sistema financiero internacional. De las manos de la elite local que se benefició con las privatizaciones, de los amigos del poder, a los fondos que continuamente fluyen a la banca internacional.

Ahora en México, el Nobel 2008 de economía Paul Krugman —profesor de Yale, el MIT y Stanford—, primero crítico del monetarismo y neoliberalismo, luego asesor acomodado en los gobiernos de Reagan, Clinton y la empresa Enron que tronó en 2001, si bien no se alineó al sistema tampoco se ve claro que haya influido lo suficiente en las políticas de Estados Unidos y la Reserva Federal para que encaminen las decisiones de política económica hacia el crecimiento vía la recuperación de los salarios y el empleo, contrario a las políticas del sistema financiero como la flexibilización cuantitativa de la FED, que opera a beneficio de los hombres más ricos de EEUU, del mundo y de las finanzas.

Acá vino, invitado por empresarios organizados (en la Confederación Nacional de Cámaras Industriales, Concamin), a decirse “cansado” de esperar “el milagro mexicano”, luego de tres décadas de “liberación del comercio”, porque no se ve el crecimiento económico y eso es “decepcionante” pese a la diversificación de la economía para no depender del petróleo (¡sic!). ¿Pero cómo puede México salir airoso colgado de EEUU? “Sabe Dios por qué”, dijo Krugman en broma como vocero del imperio. El caso es que, reconoce, el desempeño “no fue lo que se esperaba”. Engañabobos.

“Una de las cosas que si es decepcionante es el despegue en el crecimiento económico. Ustedes —se refirió a los empresarios—, todavía siguen esperando ese crecimiento y que México se convierta en un país como Corea, pero a pesar de 30 años de reformas no ha sucedido…, (ni sucederá). Esto indica que el comercio no necesariamente es una buena herramienta para abatir la desigualdad. México ha logrado una significativa reducción de la desigualdad, pero a partir del año 2000 más o menos, a partir de otros canales y medios (…) capacitando más a la mano de obra y un aumento significativo en el gasto social, que es bastante bueno.” Krugman cerró su reflexión con un no se ve “una crisis económica inminente” para México.

Por otro lado, un día antes el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, habría dicho que si la FED incrementa sus tasas de interés, junto a la desaceleración de la economía mundial, la volatilidad de los mercados financieros y el “poco vigor” del mercado petrolero, circunstancias todas que han vulnerado algunas las economías emergentes, le generan al país “un desempeño un tanto débil”. Más cuando la economía está “altamente integrada a la estadounidense”, y un cambio en las tasas por le FED “podría tener repercusiones sobre el tipo de cambio, las expectativas de inflación y la dinámica de los precios en México”. Cuando, no hacía mucho, el banquero habría dicho que México estaba “blindado” de los embates del exterior.

No hay pues por dónde sacar al país a flote. Menos cuando el propio presidente Peña Nieto deja todo en manos del equipo de Salinas/Washington, como son Carstens en el Banxico y Luis Videgaray en la Secretaría de Hacienda. Más cuando Peña navega en el limbo negándose hablar de “estados financieros, tipo de cambio y política monetaria” a preguntas de la prensa, aludiendo temas “de los que se ocupan los bancos centrales” y de los cuales “el presidente no va a opinar, porque son temas que tienen su propia regulación” (¡sic!). Pero sí asegura, el mismo Peña Nieto en reunión con empresarios de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación, Canacintra, que “las inercias y rezagos de décadas no se corrigen en meses” y los grandes cambios nunca son sencillos “porque requieren visión, decisión y perseverancia”.

¿A qué inercias se refiere Peña? ¿A cuáles grandes cambios? En dónde están la “visión, la decisión y la perseverancia”? ¿De qué? El presidente ni los funcionarios, menos los asesores externos se enfrentan con la verdad. Pobre México.

sgonzalez@reportemexico.com.mx

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