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Ciudadanos: el posible salvavidas del PP

OPINIÓN de Rafael García Almazán/ Kabila.- En principio podríamos decir que es un partido político. Hasta ahí estamos de acuerdo todos, es una obviedad. Pero mi pregunta va más allá. Trato de encontrar una explicación al auge de un partido que, hasta hace bien poco, sólo existía en Cataluña y que hoy, en las proyecciones que le dan los sondeos electorales le sitúan entre los cuatro primeros partidos y en algunos casos en segundo lugar, en casi todos los sondeos de las CC.AA. y de los municipios.

Es difícil encontrar todas las razones para poder explicar el auge de un partido del que sabemos poco, muy poco, y que ha crecido sin moverse. Sin tan siquiera existir, sin conocer a sus líderes, salvo al gran gurú.

¿Alguien podría decirme tres nombres de políticos o candidatos de Ciudadanos, al margen de Albert Rivera? Lo dudo. Yo desde luego tendría que buscarlos. Y eso que hablamos de un partido que va a ser esencial en la gobernabilidad de muchos ayuntamientos, autonomías y gobierno central. ¿No es acaso extraño?

El caso del auge de Ciudadanos más parece una cuestión parasicológica, sin explicación, cercana a Iker Jiménez, que algo premeditado, esperado, lógico.

Y ahí tenemos todo su activo, un líder joven, guapetón, sonriente, educado, españolista y con experiencia en Cataluña, donde sus resultados tampoco han sido para tirar cohetes hasta las últimas elecciones.

Es un caso atípico, a mi modo de ver, se trata de un partido fantasma, al que casi nadie conoce, como tal, pero capaz de llenar un hueco importante del electorado. Y esto es debido a varias cuestiones.

En primer lugar, la brecha que ha abierto Podemos, que ha demostrado que es posible romper el bipartidismo, imperfecto pero imperante, gracias a la indignación que los dos grandes partidos han creado al aplicar políticas contrarias a los intereses de muchos de los ciudadanos, y con dosis grandes de corrupción.

Esa brecha que hasta hace cuatro meses era sólo de Podemos, ha hecho que los exvotantes del PP, cabreados, que hasta entonces o bien se habían ido a la abstención o se habían acoplado en Podermos, como partido que castigaba a los grandes, hoy hayan decidido dar su confianza a un partido que es de derechas y, por lo tanto, más afín a su forma de pensar.

Ha influido decisivamente el desmantelamiento de UPyD, que, cuando tenía más fuerza que Ciudadanos se negó a una unión que hubiera favorecido a ambas formaciones. Hoy, muchos militantes, cargos y candidatos de C’s son antiguos miembros del partido de Rosa Díez.



Por otro lado, el auge también se ha debido a que su líder Albert Rivera ha hablado siempre de generalidades, de las cuestiones que más rechazan los ciudadanos pero sin mojarse –salvo en el caso de la cartilla sanitaria para inmigrantes, donde su posición ha sobrepasado al PP y ralla la xenofobia—.

Hasta hace bien poco, no teníamos ni idea de los planteamientos económicos de Ciudadanos, hoy el profesor Garicano y Conthe nos ha corroborado lo que ya sabíamos. Ciudadanos es de derecha, no sólo porque no cree en el federalismo y desprecia el catalanismo, porque tiene tintes xenófobos, sino porque además quiere desarrollar una política económica liberal.

Hoy Ciudadanos, sin tener experiencia, sin conocer su programa, salvo apuntes populistas que de vez en cuando suelta el Sr. Rivera, y la parte económica que ha desarrollado Garicano, es una alternativa de poder.

Qué quieren que les diga, pero a mí me parece que con estos mimbres llegar donde parece que va a llegar Ciudadanos, demuestra, además de lo mal que lo han hecho los partidos tradicionales, que este país todavía no ha alcanzado la madurez democrática. Porque votar a Ciudadanos es votar a una incógnita, demasiado grande para fiarse. Claro que si la alternativa es votar al PP, podríamos empezar a explicarnos su fuerte ascenso.

Podemos decir claramente que Ciudadanos es, al menos en lo económico, la marca blanca del PP. Y, por mucho que los peperos disimulen, están contentísimos de poder tener un aliado como Ciudadanos que les puede dar la mayoría para gobernar que le negarán muchos de sus antiguos votantes.

Hace cuatro meses, las encuestas eran muy claras, el PP podía ganar las elecciones, pero salvo un gran pacto con el PSOE –algo posible aunque poco probable— no podría gobernar en casi ningún sitio, puesto que descartado ganar por mayoría absoluta, no tendría ningún partido con el que coaligarse.

Hoy, Ciudadanos puede hacer que el PP pueda gobernar, con su ayuda, en lugares muy estratégicos como son Valencia, Madrid, y varias comunidades autónomas. Hoy Ciudadanos, ojalá que me equivoque, puede ser la bombona de oxígeno que pueda hacer que el Partido Popular respire de nuevo, mientras que nosotros sigamos sumidos en la más absoluta de las miserias. Y si no: ¡Al tiempo!

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