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Otros paradigmas familiares

OPINI脫N de Jos茅 Carlos Garc铆a Fajardo.- Cada d铆a es mayor el n煤mero de mujeres y de hombres que adoptan ni帽os y los educan de manera ejemplar proporcion谩ndoles el hogar del que carec铆an. Es sabido que no deja de aumentar el n煤mero de mujeres bien preparadas, independientes econ贸mica y socialmente, que deciden tener un hijo sin una relaci贸n de matrimonio.

Durante siglos se ha reconocido el m茅rito de madres viudas que asumieron los roles de padre y de madre con gran eficacia. O de padres viudos, aspecto que se tiende a pasar por alto. ¿No han desempe帽ado muchas abuelas, t铆as solteras o viudas el papel de madres y de padres?

Si eran admirables las viudas con hijos, las abuelas y t铆as, los adoptantes de ni帽os ajenos ¿por qu茅 se insiste tanto en la necesidad de que tienen que existir las dos figuras que representen los roles de padre y de madre? ¿Acaso la legislaci贸n actual no favorece los permisos laborales a los padres varones por causa de maternidad de su pareja? Excepto la natural procreaci贸n, los roles de padre y de madre son asumidos indistintamente. Y es de sobra reconocido que, en muchos casos, con m谩s acierto que el de parejas heterosexuales que han hecho de su “casa” un infierno. A estos casi no se les exige nada para reproducirse, salvo su capacidad biol贸gica compartida con los animales.

Enormes han sido los obst谩culos que se han puesto durante siglos para deshacer un matrimonio mientras que, para casarse, bastaba el mero consentimiento. Dec铆an que era para salvaguardar los derechos de los hijos, aunque los sufrimientos morales y psicol贸gicos de estos fueran un tormento con secuelas terribles.

La familia tradicional est谩 experimentando un cambio. Recordemos que la Iglesia cat贸lica conden贸 el parto sin dolor cuando se descubri贸 la anestesia en el siglo XIX porque en la Biblia se dec铆a “parir谩s con dolor”. Y que en los casos de conversi贸n al catolicismo no reconoc铆a el valor de una uni贸n matrimonial previa, como sucedi贸 en el caso de la princesa Leticia Ortiz que hab铆a estado previamente casada y divorciada.

Muchos creyentes ya no identifican sexo con reproducci贸n, pues es inadmisible que parejas que no pueden o que no desean tener m谩s hijos no puedan vivir su relaci贸n afectiva con plenitud er贸tica y sexual.

La paternidad y maternidad responsables son un imperativo que no admite ideolog铆as, por respetables que puedan ser para quienes las profesan.

Resulta parad贸jico que se erijan en dispensadores de doctrina y de anatemas quienes poco o nada saben por experiencia de una vida sexual plena y responsable.

Algo se tambalea en las estructuras del poder establecido, que no de otra cosa estamos hablando, cuando se niega la posibilidad de adoptar o de convivir o de construir un hogar en donde se acoge, se ama y se respeta a personas que la sociedad reconoce capaces socialmente en todos los dem谩s 谩mbitos.

¿Por qu茅 se sigue sosteniendo que es imprescindible el papel de los dos g茅neros para una educaci贸n plena que lleve a una maduraci贸n cabal?

¿Qu茅 ha ocurrido en los monasterios desde la Edad Media, en los conventos y en los seminarios, durante siglos, con centenares de miles de ni帽os imp煤beres que arrancaban de sus hogares y no ten铆an referentes femeninos salvo las im谩genes de las santas, casi siempre m谩rtires?

¿No eran hombres quienes los cuidaban, ba帽aban, vest铆an, acostaban y despertaban? Al igual que suced铆a en monasterios y conventos femeninos. ¿Acaso todos estos ni帽os y ni帽as resultaron tarados?

La estructura familiar cl谩sica se conmueve y busca f贸rmulas de expresi贸n acordes con nuestros tiempos. Pero no es menos cierto que se ha venido abajo el monopolio de la vida sexual y sentimental por parte de quienes se pretenden “eunucos por el reino de los cielos” sin experiencia ni autoridad probada para decidir sobre del tema.

Al tiempo que se va descubriendo que, en muchos casos, el celibato no ha sido sino una tapadera para unas tendencias sexuales que estar铆amos m谩s que dispuestos a reconocerles y a respetarles en un ambiente general de respeto a los dem谩s. Sobre todo a los m谩s d茅biles e indefensos. De hecho es casi universal el reconocimiento del derecho de hombres y mujeres que en su d铆a profesaron un celibato impuesto para poder ejercer su vocaci贸n religiosa.

En todos los casos de uniones familiares es preciso un discernimiento y unas ayudas basadas en la 茅tica fundamental sin hipocres铆as de ning煤n g茅nero.

Jos茅 Carlos Garc铆a Fajardo
Profesor Em茅rito de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) Director del Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)




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