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¿Por qué avanzamos hacia el abismo sin cambiar de rumbo?

OPINIÓN de Jorge Riechmann.- ¿Por qué avanzamos ciegamente hacia el abismo sin cambiar de rumbo? La pregunta nos obsesiona, tratamos de contestarla una y otra vez… Yo diría que esencialmente hay que distinguir tres factores causales operando en diferentes planos, y retroalimentándose: el primero son los automatismos de la Megamáquina –especialmente el proceso ciego de la valorización del valor.

El segundo es la impresionante hegemonía cultural que el neoliberalismo ha construido en los últimos decenios. Como se ha dicho, el neoliberalismo ha supuesto sin duda un gran fracaso económico y ecológico… pero todo un éxito político y cultural.

El tercer factor, en el plano de las subjetividades, es la desconexión creciente entre los seres humanos y la naturaleza.[1] Apunta hacia ello el biólogo marino Sergio Rossi: “Are we going to the collapse? Esta frase la oí en un congreso internacional de ecología en 1998. No lo dudes lo más mínimo. El otro día lo hablaba con mi hermano. (…) Me decía que se acaba de leer un libro, La sexta extinción (hay varios de este tipo); me dice que es muy bueno, muy didáctico, ‘es como el tuyo, muy ilustrativo. ¿Pero qué es lo que pasa? ¿Por qué no reaccionamos?’. Y es que es cierto: los que estamos en primera línea de combate, en lo que es la frontera de los cambios del planeta, y entendemos lo que está sucediendo en muchos aspectos, nos estamos dando cuenta de que somos idiotas. Lo pongo muy suave en los libros, pero aquí te lo digo tal cual: he llegado a la conclusión de que somos profundamente estúpidos. A pesar de que se sabe que nos vamos al garete, no ponemos remedio porque hay una desconexión cada vez más grande entre nosotros y la fuente: la propia naturaleza”.[2]

[1] Sobre los fenómenos de desconexión respecto de la base biofísica que sustenta nuestras vidas reflexionaba yo hace unos años, al comienzo de mi libroInterdependientes y ecodependientes: “Logramos vivir en auténticas “burbujas culturales’, relativamente independizadas de las molestas intromisiones de la realidad exterior. A esta clase de burbujas pertenece la ilusión de que nos hemos independizado de la naturaleza (en el sentido de los ecosistemas y la biosfera, en este caso); así como el énfasis en el individualismo competitivo que hallamos en nuestra sociedad. Uno diría que tres entornos donde cada vez más gente vive tramos cada vez más amplios de sus vidas son especialmente importantes en la inducción de ignorancia acerca de nuestra ecodependencia (e interdependencia):
La ciudad, el entorno urbano dependiente de un vasto territorio circundante para el abastecimiento de recursos y la absorción de residuos, pero cuyos sus habitantes tienden a desconocer esos nexos…
El dinero, la economía crematística que se imagina poder reducir todos los valores, cualidades, bienes y males a la cuantificación dineraria… (Decía Lewis Mumford –y nos lo recuerda Emilio Santiago Muiño— que la simplicidad de las abstracciones económicas no es una forma de alcanzar la realidad objetiva, sino de apartarse de ella.)

3. El ciberespacio y la realidad virtual, donde nos imaginamos desligados de toda existencia física.”

[2] Sergio Rossi entrevistado en JotDown, febrero de 2015 (http://www.jotdown.es/2015/02/sergio-rossi-nos-vamos-al-garete-pero-no-ponemos-remedio-porque-hay-una-desconexion-cada-vez-mas-grande-entre-nosotros-y-la-naturaleza/ ). El científico afirma también: “…estamos más lejos de la realidad que nos sustenta. No somos conscientes porque no hemos entendido que nosotros somos parte del sistema. Todo lo que nos rodea no es artificial. Todo sale de una fuente natural creada por un ser que está en la Tierra y que de alguna manera necesita de la Tierra para poder sobrevivir. Todo lo que creamos son estructuras, biomasas, etc., que nos sirven para vivir. No estamos siendo conscientes de que nosotros necesitamos acoplarnos a la naturaleza. Solo digo una cosa: la economía tampoco va, es absurda; tiene un concepto básico que es el crecimiento continuo. Nada en la naturaleza tiene un crecimiento continuo. No existe esto; llega a un clímax y cae. El planeta es finito, los recursos son finitos y la capacidad de carga es finita. No hay mucho más que entender…”

* tratarde.org

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