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Sudán del Sur: Las fuerzas gubernamentales siguen cometiendo crímenes de guerra a pesar del acuerdo de paz



Estos crímenes de guerra y otros abusos cometidos en todo el país son el resultado de una impunidad continua que sigue avivando el conflicto en Sudán del Sur, como se ha visto con la reanudación de los combates en las últimas semanas. Lama Fakih, asesora general de Amnistía Internacional sobre situaciones de las crisis

En medio de los enfrentamientos armados que han vuelto a estallar en Sudán del Sur, Amnistía Internacional revela en un nuevo informe el verdadero alcance del horror que vive la población civil a manos de las fuerzas gubernamentales tras la firma del acuerdo de paz en agosto de 2015.

En “We are still running”: War crimes in Leer, South Sudan, la organización describe con detalle cómo las fuerzas gubernamentales de Sudán del Sur y milicias aliadas han perseguido y matado a civiles, han violado y secuestrado a mujeres, y han robado ganado e incendiado pueblos en bastiones de la oposición en el condado de Leer, estado de Unity, entre agosto y diciembre de 2015.

“Estos crímenes de guerra y otros abusos cometidos en todo el país son el resultado de una impunidad continua que sigue avivando el conflicto en Sudán del Sur, como se ha visto con la reanudación de los combates en las últimas semanas”, ha dicho Lama Fakih, asesora general de Amnistía Internacional sobre situaciones de crisis.

“Deben investigarse con prontitud, imparcialidad y eficacia todos los casos de asesinato, violación y secuestro de civiles, y los presuntos responsables penales deben ser llevados ante un tribunal para ser juzgados con las debidas garantías y sin que se recurra a la pena de muerte.”

El informe contiene impactantes relatos sobre la violencia ejercida contra personas y pueblos enteros por las fuerzas gubernamentales y las milicias aliadas, en flagrante incumplimiento del acuerdo de paz firmado en agosto de 2015 por el presidente Salva Kiir y su vicepresidente Riek Machar. Leer es el condado natal de Machar.

Muchas de las 71 personas entrevistadas identificaron a hombres y mujeres que habían muerto por disparos cuando huían de sus agresores, y a otras personas que habían sido ejecutadas mediante disparos a quemarropa. También describieron cómo se había quemado vivos a niños y ancianos en sus casas, y cómo múltiples soldados habían secuestrado y violado una y otra vez a niñas y mujeres, y a otras las habían matado por resistirse. Nyamile, una mujer que había presenciado el asalto a Adok Payam perpetrado el 28 de octubre, había visto cómo ataban, violaban y luego secuestraban a seis niñas. Dijo lo siguiente: “Nosotros elegimos al presidente y ahora nos está matando [...] después de esto, ahora pedimos a la comunidad internacional que le diga a Kiir que deje de matarnos. Las mujeres están sufriendo mucho. Una mujer fue usada [violada] por seis hombres”.

Entre las personas entrevistadas había 26 mujeres y niñas a las que habían liberado o que habían conseguido escapar, muchas de las cuales habían sufrido reiterados actos de violencia física y sexual durante su cautividad.

En particular, mujeres y niñas fueron secuestradas para servir de porteadoras, transportando las provisiones saqueadas por los soldados en los pueblos atacados, y para cocinar y realizar otras tareas domésticas en los campamentos de los combatientes. Algunas de las que intentaron escapar fueron asesinadas por sus captores, otras lo consiguieron, y varias continúan en cautividad.

Todas las personas entrevistadas que habían sobrevivido y presenciado los hechos afirmaron que los soldados que las habían atacado llevaban ropa militar de camuflaje. Una mujer dijo: “El uniforme era de los leales a Salva Kiir”.

Nyangun, una de las mujeres que había sufrido el asalto a Adok Payam en noviembre de 2015, contó lo siguiente a Amnistía Internacional: “Vinieron de noche [...] Corrí hacia el pantano con los niños y mis parientes [...] Un hombre [comerciante] murió detrás de nosotros [...] le dispararon por la espalda”.

Maluth, padre de tres hijos que sobrevivió al asalto a Gondor Payam en noviembre de 2015, dijo: “Vinieron los enemigos. Echamos a correr hacia el río. Dispararon [y mataron] a mi hermano en el río. Y dispararon [y mataron] a mi madrastra en su casa. Luego agarraron a mi hermana y a mi esposa y se las llevaron al río, donde las violaron. Después quemaron las casas”.

Nyewutda, mujer de 31 años que había perdido a cinco de sus amigas en el asalto a la isla de Toch Reah en septiembre, contó lo siguiente: “Cuando vinieron las fuerzas del gobierno, salimos huyendo con nuestro ganado hacia Bul. El gobierno se quedó con mis reses. Pasamos cuatro días de pie en el agua; por eso se me cayeron las uñas de los pies”.

Nyamot, una mujer de avanzada edad que había sobrevivido al asalto de Gondor Payam, dijo: “Los soldados encontraron a mi esposo oculto en la maleza. Le dispararon en la cabeza, el pecho y la espalda [...] Vi cómo mataban a mi marido pero seguí escondida”.

Hasta la fecha no se ha dedicado ningún esfuerzo a identificar a los responsables de estos ataques abominables contra civiles y obligarlos a rendir cuentas.

“El gobierno de Sudán del Sur debe garantizar la liberación inmediata de las mujeres y niñas secuestradas y que regresan sanas y salvas a sus comunidades, y asimismo apoyar que se establezca cuanto antes el tribunal híbrido para Sudán del Sur, destinado a enjuiciar a las personas que tienen la mayor responsabilidad en los delitos”, ha dicho Lama Fakih.

“Si no lo hace, todos los Estados deberían considerar la posibilidad de invocar el principio de la jurisdicción universal para garantizar la rendición de cuentas por estos y otros crímenes de derecho internacional.”

Los nombres se han modificado para proteger la identidad de las personas entrevistadas.

El informe se basa en la investigación realizada por Amnistía Internacional en enero y febrero de 2016 en el estado de Unity, Sudán del Sur.

En marzo de 2016, Amnistía Internacional publicó un documento en el que exponía con detalle la muerte deliberada por asfixia de más de 60 hombres y muchachos en contenedores de carga en Leer, estado de Unity, en octubre de 2015, y pidió el fin de los homicidios ilegítimos a manos de las fuerzas armadas.

Sudán del Sur se convirtió en país independiente el 9 de julio de 2011 tras varios decenios de guerra, negociaciones prolongadas y un referéndum sobre la secesión respecto a Sudán. Dos años más tarde se sumió en una guerra civil, cuando el presidente Salva Kiir acusó a su influyente vicepresidente Riek Machar de tramar un golpe de Estado.

Desde que estalló la guerra civil, miles de personas han resultado muertas y ciudades y pueblos enteros han quedado reducidos a escombros. Más de 2,3 millones de sursudaneses han huido de sus hogares, de los que alrededor de 1,7 millones son desplazados internos y otros 600.000 viven como refugiados en países vecinos.

Después de dos años de conversaciones de paz intermitentes, ambos dirigentes aceptaron firmar un acuerdo de paz en agosto de 2015 y formaron posteriormente un gobierno provisional de unidad con el presidente Kiir a la cabeza y Machar como uno de sus dos vicepresidentes.

En julio de 2016 se reanudaron los enfrentamientos, con intensos combates en la capital, Yuba, y en otras partes del país, incluido el condado de Leer, donde las fuerzas gubernamentales asaltaron pueblos una vez más.

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