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The Lookers: El espíritu es lo que cuenta

Presentación disco “The Lookers”-en disko aurkezpena. Urtarrilak 7 Enero. Le Bukowski


Son The Lookers un joven trío de Ziburu, en el País Vasco francés, pero como si fuesen vecinos de Donosti, a un paso de la frontera. Retenidos en una vigorosa adolescencia, desprenden el espíritu juvenil y vertiginoso que imprime el mejor rock’n’roll, ese que se fundamenta en el coraje y la energía, que no necesita de adornos para decir la suya, para ensuciarte guapamente el alma. Siendo un trío, se entiende que Nicolas Caumont (voz y bajo), Mikel Toyos (guitarra) y Charlie Hollocou (batería) suenen reconcentrados y al tiempo expansivos, como recién escupidos del subterráneo de la historia de esta música feroz e intoxicante. Les vi hace un año sobre el escenario del Bukowski donostiarra —lo recuerdo cada vez que suena su «Lost in San Sebastián»— y ya exudaban promesa de futuro.

Escucho su primer elepé, envuelto en abigarrado diseño de Berta García, y rememoro las hazañas de otros jóvenes indómitos de mi quinta, sean los irlandeses Undertones o sus compatriotas Les Dogs. Es cosa mía, achaques de la edad, pues ellos no se atienen a épocas ni a chorradas, aman por igual a Flamin’ Groovies que a Ty Segall, y hacen bien. Antes editaron el diez pulgadas Never Had Control, cuyo tema titular aparecía en la película sobre un coleccionista obsesivo Vinyland, de Marcos García y Mikel Insausti, en la que aparecen tocando (Nico y Mikel son los protagonistas del nuevo filme de Marcos García, El XVI sueño de un artista).

Y ahora —¡bang, bang, bang…!— estos trece nuevos temas les señalan como uno de los fenómenos rocanroleros más frescos a ambas orillas del Bidasoa. El ímpetu de la inicial «On Your Side (I Do)» salta hasta el encono punki de la guitarra en «Four Walls», y de ahí a la retumbante entrada de bajo en la rebelde «Uniform». «Cousin Christine» tiene la impronta de los clásicos garajeros; rozan el himno que exige la respuesta del público con «Can’t Deny»; y entregan balada agridulce para equilibrar, la sugerente «Spiders on your Belly». Se despiden ufanos con «Waiting (In My Car)» y no queda otra que volver a deslizar la aguja sobre el primer surco.

Hasta la fecha, Ziburu era conocida como lugar de nacimiento del insigne músico Maurice Ravel. Dejémonos de insidiosos boleros, ¿vale?. Es hora de arquear las piernas, meter barriga y tensar musculatura. Hora de ponerse a brincar como si no hubiese mañana. Salut, mes enfants du rock!
Ignacio Julià

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