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Era poeta, me encanta la poesía, pero desde que el ISIS asaltó Mosul en junio de 2014, convirtieron nuestra vida en un temor constante

Omar, poeta de Mosul

Omar huyó de Irak, pasó por Turquía y cruzó el Egeo para llegar a Europa. Lleva casi seis meses atrapado en la isla de Samos, Grecia. Aquí nos cuenta su historia.

Mohammad Ghannam/MSF


Mi nombre es Omar y vengo de Mosul, en el norte de Irak. Tengo 27 años.
Era poeta, me encanta la poesía, pero desde que el ISIS asaltó Mosul en junio de 2014, convirtieron nuestra vida en un temor constante porque o estás de acuerdo con todo lo que hacen o eres su enemigo. Es una situación imposible.
En un principio me quedé en Mosul pensando que las cosas no iban a tardar en mejorar. Tengo allí mi casa, mi escuela, mi trabajo y toda mi vida, pero la situación empeoraba día tras día. Por un lado, el ISIS con su ideología radical y por el otro los aviones de guerra de la coalición matando civiles y destruyendo casas.
En noviembre de 2015 escapé a Turquía donde traté de buscarme la vida. Apenas encontré un trabajo como trabajador diario pero la condición era dura puesto que no tenía papeles y estaba en situación irregular.
Así que no tuve otra opción que salir donde pudiera labrarme un futuro. Crucé el mar con el corazón lleno de alegría en dirección a Samos en octubre de 2016. Ahora creo que se trata de un lugar poco grato.
Resulta realmente difícil estar atrapado en una isla tan pequeña después de vivir como un ser humano libre. Cinco meses de detención es mucho tiempo. Y quien dice que no estamos realmente atrapados debe venir y verlo por sí mismo: no podemos salir de esta isla. Es como estar bajo arresto domiciliario. Estamos cautivos en Samos.
Además, no se nos permite movernos libremente en la isla, especialmente en los días festivos, cuando estamos obligados a permanecer dentro del campamento.
He visto por mí mismo cuán a menudo la policía envía gente de vuelta al campamento para que los lugareños puedan celebrar sus festividades.
Nosotros, los refugiados no somos tratados como seres humanos normales o como invitados. No se nos permite participar en la comunidad.
Venimos de las civilizaciones más antiguas del mundo. Tenemos cultura. Pero somos tratados como si fuéramos de segunda clase, como esclavos de la realeza.
Allí fuera viven los reyes. Aquí, en el campamento, están los esclavos. Y no podemos compartir nuestras vidas con ellos.
Estoy realmente deprimido y decepcionado de cómo estamos siendo tratados, como humanos de segundo grado.
A veces me gustaría ser en realidad un prisionero, porque al menos tendría una fecha de salida que esperar. Pero el hecho es que aquí, no sabemos cuándo nos vamos a abandonar este campo.
Estamos frustrados, rotos y sin esperanza; y nuestro único sueño es subir a ese gran ferry que nos lleve a Atenas y dejar este lugar.

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