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Mosul, Irak: “No he visto nunca nada así, todos los casos son severos”

Dos cirujanos que trabajan en el hospital de campaña de Médicos Sin Fronteras relatan el terrible sufrimiento de cientos de heridos de guerra que llegan cada día al centro. Muchos mueren, pero otros sobreviven huérfanos o en familias desmembradas.

Louise Annaud / MSF

El pasado 19 de febrero, abrimos un hospital de campaña con capacidad quirúrgica en una localidad en el sur de Mosul, en Irak. Cuenta con dos quirófanos, una unidad de cuidados intensivos, una sala de emergencias, una sala de hospitalización y otras facilidades de apoyo necesarias.
En el hospital, nuestro equipo está compuesto principalmente por cirujanos, médicos y enfermeras iraquíes, y solo puede operar en aquellos casos que implican una amenaza para la vida y que son clasificados como ‘alerta roja’. Aquellos que pueden esperar son referidos a hospitales más lejanos.
Desde su inauguración, el centro ha recibido más de 915 pacientes. De ellos, 763 sufrieron traumatismos relacionados con la guerra, 190 de los cuales fueron clasificados como ‘alerta roja’ y requirieron de una cirugía de emergencia, y 421 como ‘alertas amarillas’ y estabilizados antes de ser referidos a otros hospitales de la región. En concreto, más de la mitad de los heridos eran mujeres (241 pacientes) y niños menores de 15 años (240 pacientes).
Estos dos testimonios* de dos cirujanos de MSF que trabajan en el centro de traumatología reflejan la realidad del sur de Mosul:
Operar de sol a sol
El doctor Reginald es un cirujano belga de 66 años. Poco después de su último turno, nos confesó que las seis semanas que pasó cerca de Mosul fueron la situación más dura en su larga carrera con nuestra organización.
“He estado en muchas otras guerras: Siria, Liberia, Angola, Camboya… Pero no he visto nunca algo así. En la sala de operaciones todos los casos que recibimos son severosy tenemos que lidiar con afluencia masiva de heridos.
Nuestros pacientes pueden ser de cualquier edad, de cualquier sexo y sufrir cualquier tipo de herida de guerra: ataques de francotiradores, disparos de mortero, bombardeos, minas terrestres y otras explosiones. Todos ellos arriesgan su vida para escapar de una ciudad sitiada.
Ayer el clima era malo, gris y nublado con algo de lluvia, así que ‘solo’ recibimos 20 pacientes con heridas de guerra. Cuando las condiciones climáticas son buenas tenemos una enorme afluencia de hombres, mujeres y niños heridos. Cuando está nublado o lluvioso recibimos menos gente. Ahora consultamos el pronóstico para prepararnos mejor y anticiparnos a las llegadas masivas de heridos.
En una tarde de sol, las ambulancias llegan una detrás de otra. Normalmente, los puestos de estabilización más cercanos a la zona de combate nos alertan cuando refieren pacientes estabilizados a nuestro centro. Pero ese día, debido al caos, no sucedió.
Fue muy duro. Tuvimos que transferir a algunos de ellos porque no teníamos espacio físico para tratar a todos, pero los doctores y enfermeros iraquíes trabajaron a nuestro lado de sol a sol. Fue un día soleado pero nunca vimos el sol, estuvimos operando una persona detrás de otra hasta las cinco de la mañana. Al final, habíamos recibido a unos cien pacientes, estábamos exhaustos. Demostramos que nuestra unidad quirúrgica estaba en la línea de fuego y, desde entonces, abrimos una segunda sala de operaciones para aumentar nuestra capacidad.
Al cumplirse la sexta y última semana de mi misión, estoy conmocionado por la cantidad de familias desmembradas por esta guerra. Por la cantidad de madres y padres que nos rogaron que salváramos a su hijo o hija porque eran los únicos miembros de su familia que quedaban vivos. Estoy impresionado por la fuerza de la población iraquí y por la generosidad y el duro trabajo de nuestros colegas iraquíes. No podríamos hacer nada de esto sin ellos”.
Huérfano con 9 años
El doctor Ahmed** es un cirujano ortopédico iraquí. Trabaja con nosotros desde 2008 y, desde mediados de febrero, presta atención médica en nuestro hospital de campaña, a pocos kilómetros al sur de Mosul.
"Ayer por la mañana recibimos a una familia de cuatro miembros: la madre, el padre y sus dos niños pequeños. Todos habían resultado heridos por una granada de mortero. Los padres no llegaron con vida al hospital, así que trabajamos en todo momento en los dos hermanos. Pero la herida en la cabeza que tenía el niño más pequeño era demasiado grave y falleció. Solo fue posible salvar al niño de 9 años. Me pregunto cómo pudo sobrevivir y cómo va a sobrevivir. De toda su familia, él es el único que sobrevivió.
Luego, por la tarde, recibimos a otro niño, en esta ocasión, de 10 años de edad. Llegó con la pierna izquierda casi amputada por fuego de mortero. Fuimos directamente al quirófano, pero perdió mucha sangre en el camino al hospital. Durante dos horas le practicamos cirugía ortopédica y luego, durante otra hora más, mi colega le hizo una laparotomía, pero murió por la noche.
Tratamos de hacer todo lo posible, pero a veces no es suficiente. Si pudiera, haría una foto a cada uno de los pacientes que he tratado para contar sus historias y para recordarlos. Aquí solo opero en casos de alerta roja, pero me gustaría hacer más, seguir los casos de alerta amarilla, aquellos que transferimos a otras instalaciones. Quisiera cuidar de ellos, hacer todo lo posible para ayudar a estas personas que atraviesan un sufrimiento tan terrible".


*Testimonio recogido el 18 de marzo
**El nombre ha sido modificado.

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