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Es tozuda la realidad de la Cataluña mestiza

OPINIÓN de Joan del Alcàzar.- Pasadas las elecciones del 21D, tan singulares por las razones conocidas, es la hora de hacer balance de lo que los ciudadanos han dicho en las urnas. Con una participación histórica, prueba de cuánto se jugaba a la cita democrática, los electores han dibujado una Cataluña política que es claramente binaria, tozuda y empeñada en el problema identitario hasta el punto de que este minimiza cualquier otro como los de raíz social y económica.

1) Programas. ¿Qué programas? ¿Quién ha hablado de programas políticos más allá del binomio "independencia y república catalana" por un lado, y "Cataluña es España", por otro? Lo han intentado los Comunes de Xavier Domènech, con poco éxito y, mucho más tímidamente, los socialistas encabezados por Miquel Iceta, quienes -se mire como se mire- han fracasado en misión que se habían adjudicado [Nota: es la hora que el PSOE revise su posición respecto del tema Cataluña].

Dijo Íñigo Errejón, con una metáfora muy celebrada que en un partido Barça-Real Madrid nadie apuesta por el árbitro, en referencia al espacio defendido por los Comunes. No sé si la metáfora es tan feliz, francamente, porque sus correligionarios catalanes no podían unirse ni a los hooligans del Madrid ni a los del Barça. ¿Qué podían haber hecho? Una cosa es que el electorado no estuviera para sutilezas, que es indudable, pero otra era dejarse arrastrar por el clima de polarización asfixiante de la campaña electoral. Tiempo al tiempo, que los Comunes tienen, muy probablemente, un papel de futuro a jugar en Cataluña.

2) Resultados. Quién lo iba a decir, que Ciudadanos iba a ser la opción más votada, la primera fuerza en Cataluña y en las veinte ciudades más pobladas del país. Demasiada celebración y demasiado abrazo nos mostró la televisión la noche electoral. Comprensible en el caso de Ciudadanos y de Junts per Catalunya, pero incomprensible en el de ERC, PSC, Comunes y CUP. Del PP no hay que hablar, que estos han decidido suicidarse hace tiempo de la mano de García Albiol para no ver la realidad. ¿Rajoy entenderá que el problema no puede resolverse a base de jueces y policía? [Nota: quizás se ha acabado aquello de que la mano dura en Cataluña les daba votos en el resto de España, que Ciudadanos is coming].

Ciudadanos gana, pero no se entiende tanta felicidad porque no gobernará en ningún caso. Es un partido tan aislado en Cataluña que nadie quiere pactar con él [como le ocurre al PP en el resto de España], así que para ganar aún más peso tendrá que esperar a las municipales de 2019 y, mientras tanto, dedicarse a gestionar en España el bocado que le han pegado a M. Rajoy y su partido. Los de JXCat, encabezados por un Puigdemont que cada día que pasa parece sufrir el agravamiento de algún síndrome extraño, aparecieron ajenos a la realidad: Ciudadanos, un partido tan españolista como el PP, si no más, les había ganado y, además, continúan dependiendo de un socio tan incómodo como la CUP para renovar la presidencia de la Generalitat; y esto a la espera de lo que digan los jueces, que aún queda cuerda judicial y mucha. Aun así, todo eran besos y abrazos de los directivos de la candidatura. ¿Por qué tanta fiesta, si el partido más votado, por primera vez en la historia, había sido el partido anti catalanista canónico?

Desde la orilla contraria tampoco había demasiado que celebrar. El independentismo ha ganado si hacemos la suma, que habrá que validar realmente en el Parlament, de la lista de Puigdemont, ERC y las CUP. Esto significa que, con una participación de récord, no existe la mayoría silenciosa [españolista] de la que se hablaba a menudo desde Madrid. Todo el mundo ha votado y los resultados son los que son: en votos y en escaños. En democracia la legalidad para la constitución de un gobierno la da el número de escaños que apoyan a un candidato; sin embargo, la legitimidad de los votos es muy importante. Es por ello que podemos concluir que el país está partido casi por la mitad, guste o no. Fracturado casi al cincuenta por ciento, lo cual no es sino una consecuencia de que Cataluña es una tierra plural, moderna, compleja, heterogénea, es decir mestiza. Y como tal debe ser gobernada. Nadie, absolutamente nadie puede decir más que habla en nombre del pueblo de Cataluña, como si este sujeto político fuera único y homogéneo.

En cuanto a la izquierda política catalana, muy especialmente ERC, un último apunte: deberían revisar su estrategia a partir de ahora. Tanto girar en torno al eje identitario, dejando de lado cualquier otro, que en Cataluña han vencido la derecha dura y la derecha pura. Todo un éxito, si se nos permite el sarcasmo.

3) Reacciones de los actores políticos. Todos han reaccionado como españoles de caricatura, practicando con furor aquello del "sostenella y no enmendalla". Las voces de los dirigentes han sido perseverantes con sus discursos previos a la cita electoral. Puigdemont, ajeno a la realidad más evidente, le ha pedido a Rajoy sentarse en cualquier país de Europa [sic] para negociar, y el presidente español le ha respondido que él hablará cuando convenga con quien sea presidente de Cataluña, para decirle que se puede hablar de todo, excepto de lo que no cabe dentro del marco legal vigente [sic]. Realmente resultan decepcionantes ambas respuestas. También peligrosas. ¿No han tenido suficiente con el choque de trenes y con todas las secuelas de éste que vienen produciéndose, al menos, desde inicios de septiembre pasado?

4) ¿Qué hacer a partir de ahora? Pues no queda otra: primero que nada hay que aceptar la realidad de que existe media Cataluña independentista y otra media que no lo es, y a continuación hay hacer política. Los responsables de las diversas organizaciones partidarias deben ver qué hacen, que para eso están y cobran todos los meses. Tantos errores, tantos déficits de comprensión, tanto empeñarse en las posiciones propias ignorando las de los demás, nos han conducido donde estamos. Ellos deberán saber qué hacer para salir del callejón en el que hace demasiado tiempo se encuentra la situación política en Cataluña. Habrá aceptar, de entrada, que la realidad es muy tozuda y que, además, Cataluña es mestiza, como todas las sociedades modernas y avanzadas. Habrá que aceptar simplemente esto y, a continuación, negociar y pactar cómo salir del agujero.

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