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Trump insiste en su proyecto de un muro con México

OPINIÓN de Emilio Marín.- Trump mantiene cerrados varios ministerios de su gobierno, por falta de presupuesto, chantajeando con que no firmará el presupuesto si no le dan plata para el muro xenófobo.

Donald Trump hizo campaña en 2016 con su proyecto de muro con México. Sería una panacea para que Estados Unidos se libraran de oleadas de delincuentes centroamericanos. Y también una barrera eficaz para impedir el ingreso de droga al mercado estadounidense.

Lamentablemente una buena parte del electorado apoyó esa proposición, incluso quienes en su árbol genealógico tienen raíces migrantes, marca que el magnate oculta. Descender de extranjeros, si son blancos o europeos, no es problema; sí lo es venir de México, Guatemala, Honduras o El Salvador (misma situación en Argentina, si sos Franco Macri y venís de Italia, o sos Joe Lewis, nacido en el Reino Unido, todo bien; si procedés de Bolivia, Perú o Paraguay, sos un posible delincuente hasta que demuestres lo contrario).

A Trump no le fue fácil llevar a la práctica su proyecto. Muchos emparentaron su muro con el levantado por el racista Israel en Cisjordania, discriminador de los palestinos y apropiador de sus tierras. Sólo logró que el Congreso le habilitara 20 millones de dólares para fabricar prototipos. Pero la plata grande, nunca la votaron por disconformidad de la oposición demócrata y por la crítica de entidades humanitarias de EE UU y de otros gobiernos. El de México, a cargo de Enrique Peña Nieto y su canciller Luis Videgaray, lo rechazaron, pese a su conocido vasallaje.

Para colmo de la provocación, el magnate aseguraba que haría construir el muro y la factura de miles de millones de dólares la haría pagar a México. No logró el aval de Peña Nieto y menos lo tendrá de Andrés Manuel López Obrador, que por ahora se mantiene en la senda de la centroizquierda y ya desafió el plan intervencionista de Trump para Venezuela.

La plata

Además del contenido explícito discriminatorio del “muro del apartheid”, también hay una cuestión de dinero. ¿Cuánto cuesta esa obra? Mucha plata. La administración republicana ha dado cantidades diferentes, lo que sugiere improvisación y posibles negociados.

La frontera con México en total tiene 2000 millas, unos 3.200 kilómetros. Al principio la propuesta trumpista, ultra como en tantos rubros, planteaba sellar todo ese recorrido. Ante las críticas fue recortando, pero los presupuestos siguieron siendo multimillonarios.

Allí se fueron construyendo muros, en particular desde 1990 y hay un 30 por ciento amurallado, 1.050 kilómetros. Como además hay zonas muy poco franqueables, por donde corre el río Bravo, el magnate achicó su propuesta a un muro de “sólo” entre 700 y 900 millas (1200-1400 kilómetros).

Los costos fueron variando. En 2016 el candidato en campaña aseguró que costaría 8.000 millones de dólares. El Departamento de Seguridad Nacional dijo al año siguiente que la obra demandaría 21.600 millones. Los líderes republicanos Paul Ryan y Mitch McConnell estimaron en 2018 unos 15.000 millones. La empresa Bernstein Research fijó entre 15.000 y 25.000 millones.

Las dificultades del presidente se agravaron en noviembre pasado, con las elecciones legislativas de medio término, porque allí los demócratas le arrebataron la mayoría de la Cámara de Representantes, clave a la hora de elaborar el presupuesto anual.

Debe ser por eso que el demandante de fondos rebajó sus solicitudes y su último pedido al Congreso fue de 5.700 millones de dólares. Tampoco se los dieron los demócratas, quizás no por humanitarios sino para desgastar al presidente y cortarle las alas de su reelección en 2020.

Pagan otros

El diferendo entre el presidente y la mayoría de la Cámara de Representantes ha provocado que diversos ministerios y secretarías del gobierno se quedaran sin presupuesto desde la medianoche del 21 de diciembre. Ha pasado más de un mes y eso afecta la labor de esas carteras y a muchos ciudadanos, comenzando por 600.000 empleados estatales que tienen problemas para trabajar y cobrar sus haberes.

Trump se mantiene en la suya: no firmará la ley de presupuesto si no le incluyen 5.700 millones de dólares para el muro. Y acusa a los demócratas de causar el problema, de que así favorecen la delincuencia y el narcotráfico, y afectan la seguridad de EE UU.

Como suele ocurrir, las consecuencias del diferendo las pagan los ciudadanos.

No es que Trump y los demócratas sean dos demonios. Demonio hay uno solo, platinado, multimillonario y neonazi. Es el mismo que, junto a su fiscal general Jeff Sessions, entre abril y junio del año pasado criminalizó a los inmigrantes ilegales ingresados. Los hizo detener y separó a sus niños. Según estadísticas del gobierno, 2.300 menores fueron separados de sus padres y puestos en establecimientos penales. El escándalo internacional hizo que en junio se retrocediera en aquella barbaridad, pero el remedio no fue muy distinto de la enfermedad: ahora los niños quedan detenidos junto con sus padres…

Demonizar a los inmigrantes es característica de los gobiernos fascistoides de EE UU, Italia, Hungría y otros, que como epidemia se ha contagiado a los gobiernos de Mauricio Macri, Jair Bolsonaro, Iván Duque, etc.

El muro de Trump es xenófobo y supone un gasto excesivo, encubridor de negocios de sus amigos empresarios. Pero también es inútil para uno de los fines alegados, de combatir el narcotráfico. La droga que entra a EE UU no pasa a través de inmigrantes pobres a lo largo de la extensa frontera, sino en muchos casos por los puntos legales de dicha frontera, en autos, camiones y hasta trenes. Así se documentó en el juicio que se realiza al Chapo Guzmán, capo del Cartel de Sinaloa, ante el Tribunal Federal de Distrito de Brooklyn.

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