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El feminismo es el nuevo enemigo a batir de las derechas españolas. Lo que va de 1977 a 2019

OPINIÓN de Joan del Alcàzar.- Escribo en la víspera de una jornada electoral que puede ser de aquellas que se recordarán durante muchos años. La derecha española, desde la neo franquista a la neoliberal, se presenta dividida pero convencida de que si los resultados lo permiten pactarán la formación de un gobierno a la andaluza; es decir, un gobierno a tres: PP y Ciudadanos, con el apoyo externo [o interno, ha anunciado Pablo Casado] de Vox. En un gobierno así, el nuevo partido de la extrema derecha sería absolutamente condicionante desde su programa clasista, homófobo y racista; un programa que, además, le ha puesto la proa a los avances que las mujeres han logrado mediante la lucha feminista.

Después de las dos demostraciones de fuerza del 8 de marzo de 2018 y 2019, los conservadores y los reaccionarios españoles se han asustado de verdad. Es por ello que el PP ha situado en primera línea mediática a una retornada a la política partidaria como Cayetana Álvarez de Toledo; Ciudadanos le ha otorgado papel coprotagonista, junto a Albert Rivera, a Inés Arrimadas; y Vox ha encontrado su mujer de referencia en Rocío Monasterio.

Álvarez de Toledo ha escrito que el feminismo, agresivo y retro, es como el nacionalismo y, como todas las políticas identitarias, que sólo busca anular al individuo. Para la candidata del PP por Barcelona, el feminismo hurta a las mujeres su capacidad de libre pensamiento y decisión. Las obliga a inscribirse en un bloque sentimental y político y, si discrepan, las señala, las lincha e incluso les niega la condición de mujer. Arrimadas, por su parte, ha querido difundir la alternativa de lo que ella y su partido llaman el "feminismo liberal", que consiste, sencillamente, en una defensa de las libertades individuales de las mujeres, como si éste fuera el problema. Monasterio, desde Vox, niega directamente la existencia de problemas que afecten exclusivamente a las mujeres como la violencia de género; para ella ni siquiera hay ningún problema con la igualdad entre los hombres y las mujeres. Sí confiesa, sin embargo, haber sufrido una única discriminación: "Sólo me he sentido discriminada como mujer cuando, como arquitecta, he dado órdenes a obreros musulmanes" [sic].

Durante la campaña electoral las derechas hispánicas han hecho como siempre: han elevado el tono de voz, han descalificado, han deslegitimado, han insultado y han amenazado. El líder de la extrema derecha, Abascal, aseguraba ayer en Valencia que lo que se debe decidir en la cita electoral del domingo es "la continuidad histórica de nuestra patria o el caos de un frente popular que une a comunistas, separatistas y proetarras, a burguesitos de Barcelona, con anarquistas y con los de la hoz y el martillo".

Este discurso del odio y la polarización ha contaminado absolutamente tanto al PP como a Ciudadanos. Pablo Casado ha acusado reiteradamente a Pedro Sánchez de preferir "las manos manchadas de sangre a las manos pintadas de blanco", en referencia al apoyo que considera que ha buscado en Bildu. Eso además de insistir en que el líder del PSOE está en manos de los comunistas, y de denunciar que quiere blanquear a golpistas y pro etarras porque no sólo los necesita, sino que los promueve y los ampara. Según Casado, "los enemigos de España, el golpismo y el terrorismo, son los aliados de Sánchez".

Albert Rivera ha sintetizado, vía Twitter, su particular visión del principal peligro que amenaza a España, su fractura, denunciando que este es el objetivo del actual presidente del gobierno: No se puede gobernar tu país con quien quiere liquidar tu país. Es muy sencillo, lo entiende hasta un niño. Pero Sánchez no. Sánchez quiere poner de nuevo el futuro de España en manos de los que quieren destruir España.

No se trata, pese a que lo pudiera parecer, de discursos nuevos en boca de la derecha española.

Pronto se cumplirán cuarenta y dos años de otra cita electoral que fue decisiva, la del 15 de junio de 1977. Eran las primeras elecciones democráticas tras la dictadura franquista.

El líder de la derecha dura, Manuel Fraga, afirmaba entonces con su clásico tono autoritario: "Hay que optar, en este momento hay que aclararse, hay que dar la cara, no hay más remedio. Y hay que ver quién puede dar al país seguridad, orden y ley, restauración de la confianza, relanzamiento de la economía, reparto eficaz de la nueva riqueza. Plantarles cara, -hay que decirlo-, a los grandes enemigos de España, que son el marxismo y el separatismo".

El candidato al Senado por el partido de Fraga, Alianza Popular, el origen de la actual PP, era el ex presidente del gobierno Carlos Arias Navarro. En su intervención en TVE hizo un planteamiento apocalíptico: "España se encuentra en uno de los trances más peligrosos por los que puede pasar una nación: el alarmante deterioro de nuestra economía, la sombría perspectiva del mundo social, hacen justificado el temor que si no encontramos un rápido y eficaz remedio, pronto nos encontraremos en un clima pre revolucionario de imprevisible salida".

La destrucción de España como misión central de los sempiternos enemigos de la patria. Nunca ha tenido medida la derecha hispánica a la hora de amenazar y deslegitimar a sus adversarios políticos. El marxismo [ahora hablan de comunistas, podemitas, bolivarianos, etc.] y el separatismo [ahora son los golpistas, los separatistas, los proetarras, etc.] han sido siempre el enemigo a batir, incluso literalmente.

La novedad ahora es el feminismo, que este enemigo de la patria y de este modo de patriotismo no era visible en 1977. Este es el nuevo enemigo a batir de las derechas españolas. Hará falta que lo que millones de mujeres demostraron el pasado 8 de marzo lo ratifiquen el domingo en las urnas. Tanto en las que nutrirán de diputados y senadores el parlamento de Madrid, como las que decidirán quienes ocuparán los escaños en las Cortes Valencianas. Las mujeres serán decisivas en el resultado de la cita electoral de este 28 de abril de 2019. Absolutamente decisivas.

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