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Cuatro mujeres jóvenes hacen de la educación una realidad para las niñas y mujeres indígenas de Guatemala

Dos centros Malala de la UNESCO establecidos en Totonicapán (Guatemala), tienen como objetivo empoderar a las adolescentes y mujeres indígenas. Gracias al apoyo del Fondo Malala de la UNESCO para el derecho de las niñas a recibir educación, estos centros proponen programas educativos en lenguas indígenas que se inspiran de la cultura autóctona y desarrollan las competencias de las participantes con miras a alcanzar el desarrollo personal y socioeconómico, fundamentalmente en los ámbitos de la salud, el bienestar y la autonomía económica.




Gracias al empeño de Juana, Lucero, Magdalena y Sandra, coordinadoras consagradas a esta tarea, los centros permiten que las comunidades locales conviertan la educación en una realidad para las niñas y mujeres indígenas de Guatemala. Esta entrevista ofrece detalles sobre los esfuerzos que despliegan:

¿Qué aspecto de su trabajo en el Centro Malala de la UNESCO le gusta más?

Sandra – Me gustan todos los aspectos de mi labor en el centro, y sobre todo cuando visito las diferentes comunidades, el hecho de hablar con las mujeres y de informarlas acerca de las oportunidades de aprendizaje que proporcionan los centros, de identificar a aquellas que se muestran interesadas y de poder ayudarlas a matricularse, así como mantener el contacto y apoyarlas en sus logros. Lo que puede parecerme un acto trivial, como puede ser, por ejemplo, escribir su nombre, es algo que significa mucho para estas mujeres.

¿Qué cambios nota por parte de las mujeres que participan en las actividades del centro?

Juana – Creo que el cambio fundamental radica en la manera en que estereotipos negativos como el de que “las mujeres no necesitan estudiar” han evolucionado. Las madres que no pudieron recibir una educación, apoyan a sus hijas para que puedan estudiar. De hecho, ahora las mujeres deciden por sí mismas, se afianzan cada vez más y, poco a poco, se vuelven más autónomas. Los talleres transforman su manera de pensar.

¿Cómo su función de coordinadora pedagógica ha cambiado su propia vida?

Lucero – Me convertí en un ejemplo para mi familia. Mi abuela, quien formó parte de las actividades del centro, estimula a los restantes miembros de la familia para que sigan mi ejemplo, para que continúen sus estudios y ayuden a las niñas y mujeres de nuestra comunidad a que hagan lo mismo. Ahora mi hermana, quien se casó a los 14 años y tiene siete hijos, se siente motivada para aprender. Soy yo quien le enseña a leer y a escribir, y tiene previsto matricularse en los cursos en cuanto el bebé crezca un poco. Siempre quise ayudar a la gente que me rodea y me siento realmente feliz al poder ayudar a las niñas y mujeres de mi comunidad para que continúen sus estudios.

¿Qué proyectos tiene para el futuro?

Magdalena – Quisiera seguir haciendo lo que hago: apoyar a las niñas y mujeres de la comunidad. Aunque estas han manifestado gran interés por los centros, todavía queda mucho por hacer, fundamentalmente llegar a aquellas que viven en regiones remotas. Debemos proporcionar las mismas oportunidades para todo el mundo. Algunos hombres jóvenes han manifestado también su interés por aprender. Es importante incluir a los niños ya que esto puede contribuir a que las normas sociales negativas y los estereotipos de género relativos a la educación de las niñas y las mujeres evolucionen.

Magdalena Cox y Sandra Alvarado trabajan en el Centro de San Andrés Xecul, y Lucero Chivalán y Juana Ajpacajá en el Centro Santa María Chiquimula.

El proyecto, dirigido por la Oficina Regional de la UNESCO en Guatemala, tiene como objetivo fomentar el derecho de las adolescentes y mujeres jóvenes indígenas a recibir educación, especialmente aquellas que han sido marginadas por el sistema educativo por razones vinculadas con el género, la etnia, la ruralidad o la pobreza. La UNESCO colabora conjuntamente con el Comité Nacional de Alfabetización (link is external) (CONALFA), el Ministerio de Educación y organismos tales como, el Instituto Guatemalteco de Educación Radiofónica (IGER) y la fundación educativa Fe y Alegría (link is external), en colaboración con las municipalidades de intervención.

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