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Niñ@s forzad@s a ir a la guerra

Nadie sabe con precisión cuántos niños y niñas participan actualmente en enfrentamientos o se ven envueltos en conflictos armados de todo el mundo. Sin embargo, una cosa es cierta: les han quitado su infancia y negado su derecho a una educación.



El reclutamiento de niñas y niños es contrario a la ley. Aun así, las fuerzas armadas estatales y los grupos armados no estatales siguen reclutando a niños. Se trata de un grave problema humanitario, particularmente en África.

En numerosos lugares de todo el mundo, los niños portan armas y tienen una participación activa en los enfrentamientos. Pero también se los emplea para que desempeñen otras tareas, como vigías, espías o esclavos sexuales. Independientemente de que sean o no reclutados por la fuerza, y más allá de sus funciones, estos niños son separados de sus familiares, privados de educación y vulnerables a ser encarcelados, heridos o asesinados.

¿Por qué los militares y los grupos armados reclutan a niños?
Son más influenciables y obedientes.
Son menos propensos a huir.
Son discretos como espías y mensajeros.
Son menos costosos.




Dos niños –que esperan reunirse con sus familiares en Kivu Norte, República Democrática del Congo– participan en una sesión de reintegración destinada a niños que estuvieron asociados con fuerzas armadas o con grupos armados. CC BY-NC-ND / CICR / Christian Katsuva Kamate

Los niños y niñas que participan en la guerra son, además, víctimas de una intensa violencia psicológica. Atormentados por los eventos traumáticos que sufrieron, muchos reviven sin cesar los horrores que presenciaron o las atrocidades que les forzaron a cometer, a veces incluso contra sus propios familiares o amigos.

Cuando regresan a casa, estos niños pueden sufrir el rechazo de sus familias o comunidades de origen, que a veces temen ante el cambio que tuvieron. Sin embargo, pese a lo que hayan hecho, estos niños son víctimas y deben ser tratados como tales.


El mensaje es simple: los niños deben ir a la escuela, no a la guerra.

Los Protocolos de 1977 adicionales a los Convenios de Ginebra son los primeros tratados internacionales que intentaron abordar este problema. Prohíben tanto el reclutamiento de niñas y niños menores de 15 años como su participación directa en las hostilidades. En los conflictos armados internacionales, el Protocolo adicional I exige que, cuando los Estados reclutan a jóvenes entre 15 y 18 años de edad, se debe dar prioridad a los mayores.

La Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño de 1989, que ha sido ratificada casi universalmente, también establece la edad mínima de 15 años para los niños que participan en conflictos armados. El primer Protocolo Facultativo de la Convención, aprobado en mayo de 2000, elevó la edad mínima para el servicio militar obligatorio de 15 a 18 años, y estableció que la edad mínima para el reclutamiento voluntario por parte de las fuerzas armadas estatales es de 15 años. Además, determinó que los grupos armados no deberían, bajo ninguna circunstancia, reclutar a niños menores de 18 años de edad y que los Estados deberían tipificar como delito cualquier reclutamiento de esa naturaleza.


En el marco de su labor en zonas de conflicto en todo el mundo, el CICR ayuda a los niños que han vivido tales experiencias a reunirse con sus familiares, a reintegrarse en sus comunidades y a recuperar su vida como niños.

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