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Trazas para (re) pensar el presente y futuro de los territorios de intervención

OPINIÓN de Vanesa Castro.- Asistimos a una renovada profundización del modelo de desarrollo capitalista, cuyos efectos se van imprimiendo crecientemente sobre las políticas de intervención regional que se vienen gestando en América Latina. En correlación a ello, a partir de los años ochenta la planificación y el desarrollo de infraestructuras de escala regional toman un importante impulso, constituyéndose en los pilares discursivos de organismos nacionales y supranacionales. Entre ellos se encuentran la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) a través del Consejo Sudamericano de Infraestructura y Planeamiento (COSIPLAN) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). En este marco, comienza a aparecer la dimensión territorial como concepto innovador en las consideraciones socioeconómicas en que se basan estas políticas.

Con la reforma de los organismos del MERCOSUR se abrió paso a un cambio no sólo de nombres sino también de organización interna (es oportuno mencionar que desde Brasil se comenzaba a configurar una nueva estructura de poder regional). Aquí se determinó la necesidad de desarrollar la infraestructura capaz de ser sustento de un modelo de producción centrado en la exportación de productos primarios: la conexión entre los océanos Atlántico y Pacífico y la unión de las redes de energía eléctrica para satisfacer las demandas industriales (Rascovan, 2016: p. 4).

Ante ello surge la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA) cuyo rol principal es comandar megaproyectos de planificación de conectividad física regional por medio del desarrollo de la infraestructura necesaria para la incorporación de los territorios sudamericanos al modelo extractivo-exportador de materias primas (Svampa, 2007).

Con más 500 proyectos de infraestructura distribuidos a lo largo de diez Ejes de Integración y Desarrollo1, la IIRSA propone “re-territorializaciones”; es decir, nuevas representaciones sobre el uso y sentido de los territorios suramericanos como elementos de una red de comercio internacional que pretenden recrear un mundo estable y fluido (Ó’Tuathail, 1996). En esta dirección, los organismos financieros (BID, CAF y FONPLATA), encargados de aportar los capitales necesarios para las obras, proponen una mirada de la región como bloque geoeconómico, postulando una planificación del subcontinente basada en la competitividad e integración al comercio global. Concomitantemente, los Estados sudamericanos reivindican los proyectos de IIRSA y del COSIPLAN, como métodos de mejorar sus rentas comerciales y de facilitar el tráfico de mercancías.

En líneas generales, se podría sintetizar que la planificación regional de la IIRSA avanza a través de dos actividades diferenciadas. Por un lado, en la construcción de territorialidad (como las prácticas de definición, caracterización y delimitación de los territorios); por otro, en la construcción de consenso (como las prácticas de selección y retención diferencial de discursos, identidades y prácticas) (Lobos y Frey, 2015). Parafraseando lo propuesto por Bob Jessop (2007), estas prácticas son implementadas para procurar apoderarse de la idea de un supuesto consenso por medio de sus herramientas científico-técnicas y haciendo uso de las mismas como dispositivos de despolitización y naturalización de los imperativos económicos (Ciuffolini y De la Vega, 2011). Al respecto, nos parece oportuno abordar la postura de Mabel Manzanal (2017), quien problematiza esta cuestión y sostiene que la presencia recurrente del desarrollo y del territorio en la política pública tiene que ver, precisamente, con la construcción de hegemonía a través de la producción de un discurso, explicitado por medio de propuestas, opciones, acciones e instrumentos dirigidos a enfrentar el problema social del desarrollo desigual (sea en relación a lo espacial, económico, social e incluso institucional).

Este escenario nos conduce a reflexionar y, necesariamente, renovar nuestra mirada sobre la cuestión de la territorialidad contemporánea, desde una perspectiva crítica del territorio a partir de la implementación de estos procesos de integración regional. Y, en consecuencia, a preguntarnos sobre el rol que cumple el Estado y, por otra parte, los territorios receptores de estas políticas.

La experiencia hasta aquí registrada indica que la institucionalización de esta iniciativa ha despertado focos de resistencias y conflictos en localidades donde se ha procurado emplazar. Algunos de los casos son: el conflicto por la variante San Francisco-Mocoa en el Putumayo, Colombia; el conflicto Cachuel-Esperanza, Brasil; conflicto por el tramo II de la carretera Villa Tunari- San Ignacio de Moxos, Bolivia; conflicto por la carretera Interoceánica Sur, Perú; las sistemáticas persecuciones, asesinatos y expulsiones de campesinos en la región oriental del Paraguay; las muertes y persecuciones de mineros en el Cajamarca peruano; las puebladas de resistencia contra las mineras en la cordillera argentina(Lobos y Frey, 2015: p. 248).

Esta situación pone en el centro del debate los juegos de poder que se dan entre diversos actores sociales protagonistas de estas políticas, con capitales, intereses y acciones disímiles y ubicados en diferentes niveles y escalas territoriales (desde la global hasta la local). Por otro lado, el lugar ocupado por los organismos multilaterales de crédito como el BID en IIRSA, y posteriormente en la UNASUR (esta última embanderada en el relato proteccionista de la soberanía latinoamericana), permiten cuestionar el modelo de desarrollo económico para la región que la IIRSA planificó.

En términos foucaultianos, podríamos conjeturar que el dispositivo que subyace al relato de la integración territorial (transmutado con el tiempo, los debates conceptuales, los ciclos políticos y económicos) se inscribe en la naturalización de discurso hegemónico del desarrollo que siempre es funcional al poder económico. En este sentido, sería válido cuestionar si ha desaparecido el poder disciplinador del neoliberalismo como plantea Darío Clemente (2017) o si solo ha cambiado de estrategias discursivas, las cuales, al parecer, se encuentran en continua mutación al calor del capitalismo contemporáneo.


REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

Ciuffolini, M.A. y De la Vega, C. (2011). Conflictos ambientales en América Latina: un desafío teórico y práctico [En línea]. Documento presentado en XXVIII Congresso Internacional da Alas, 6 a 11 de septiembre de 2011. Disponible en http://goo.gl/feiKJ

Clemente, D. (2017). El regionalismo post-hegemónico en perspectiva crítica: una mirada neogramsciana. Brasil, Venezuela y la opción contra- hegemónica. Observatorio Latinoamericano y Caribeño, 1(1), pág. 10–130. Recuperado de: https://publicaciones.sociales.uba.ar/index.php/observatoriolatinoameric...

Jessop, B. (2007). Análisis semiótico crítico y economía político-cultural. En B. Jessop, Capitalismo(s): Discurso y materialidad en las formaciones sociales capitalistas contemporáneas. pág. 77-107. Córdoba: Ediciones de la Universidad Católica de Córdoba.

Lobos, D., & Frey, K. (2015). Aproximaciones al rol de los planificadores regionales de la iniciativa para la integración de la infraestructura regional de Suramérica (IIRSA). Eure, 41(124), pág. 247–265. Recuperado de: https://scielo.conicyt.cl/pdf/eure/v41n124/art12.pdf

Manzanal, M. (2017). Desarrollo y territorio. Una visión desde los procesos de sojización del Cono Sur. Geograficando, 13(1), pág. 1–12.

Rascovan, A. (2016). La infraestructura y la integración regional en América del Sur. Una visión geopolítica de los proyectos ferroviarios IIRSA-COSIPLAN. En “Relaciones Internacionales”, vol. 51, pág. 1–22, Buenos Aires.

Svampa, M. (2007). Movimientos sociales y escenario político: las nuevas inflexiones del paradigma neoliberal en América Latina, Buenos Aires: CLACSO.

*Vanesa Castro, Universidad Nacional de San Juan. Este trabajo es parte del Boletín Integración regional. Una mirada crítica, N°4/5, mayo de 2019, editado por el Grupo de Trabajo Integración y Unidad Latinoamericana del Consejo Latinoamericano en Ciencias Sociales (CLACSO).
https://www.clacso.org/wpcontent/uploads/2019/06/boletin_clacso_mayo_2019.pdf


1 Cada eje de Integración y Desarrollo es una franja multinacional de territorio que incluye una cierta dotación de recursos naturales, asentamientos humanos, áreas productivas y servicios logísticos. Cada franja es articulada por la infraestructura de transporte, energía y comunicaciones que facilita el flujo de bienes y servicios, de personas y de información tanto dentro de su propio territorio como hacia y desde el resto del mundo. Disponible en www.iirsa.org

https://www.alainet.org/es/articulo/200559




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