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Cómo erradicar la cultura del privilegio

Jorge  Zavaleta Alegre.- El intercambio de propuestas entre instituciones internacionales va tomando cuerpo para ayudar  a los gobiernos a que el descontento popular no se agudice más y la praxis del libre mercado no derive en anarquía,  ni en territorio tomado solo por  transnacionales que violan los pocos y frágiles controles  que hoy aún existen.

El Presidente de China, Xi Jinping, en una cita con organismos regionales de América Latina declaró que  “…las aspiraciones compartidas nos unen, aunque estemos lejos, y los medios de comunicación pueden hacer un gran trabajo para dar continuidad e impulso a la amistad entre ambas partes”.




“Es el momento de construir puentes, no muros, de abrir mercados, no cerrarlos, de respetar al diferente, de construir una casa común para las generaciones por venir”, respondió la CEPAL.

En la perspectiva del mandatario chino se percibe que propicia el apoyo  mutuo en ambas regiones, con las nuevas tecnologías e internet para mostrar la realidad de China y América Latina y el Caribe, dejando en claro sus posiciones en temas trascendentales, como la paz y el desarrollo y la defensa de los intereses comunes de los países en desarrollo.

El comercio de bienes entre América Latina y el Caribe y China se multiplicó 22 veces desde 2000 y alcanzó su máximo histórico en 2013, tras lo cual ha experimentado dos años consecutivos de caídas. Entre 2013 y 2015 el valor de las exportaciones de la región cayó -23%, lo que se explica por la desaceleración del crecimiento de China.

Si bien China desplazó en 2014 a la Unión Europea como el segundo socio comercial de la región, la canasta exportadora de América Latina y el Caribe hacia el gigante asiático es mucho menos sofisticada que la que muestra hacia el resto del mundo: solo cinco productos representaron casi el 70% del valor de los envíos regionales a China en 2015.

Actualmente existen oportunidades para mejorar la calidad de la inserción internacional de América Latina y el Caribe y avanzar en el Plan de Cooperación 2015-2019, y que incluye crecimiento de  comercio y un stock de inversión extranjera directa (IED) recíprocos. Sumas  interesantes  pero pequeñas en tanto van directamente a los sectores de altos ingresos.

Durante la conferencia en junio último sobre desigualdad organizada por la Agencia Francesa de Desarrollo en París, instituciones e América Latina incidieron que la igualdad debería ser considerada como uno de los motores del desarrollo regional y como una estrategia para cerrar brechas estructurales en términos de ingreso, capacidades, productividad y acceso a bienes públicos.

En esa cita, compartieron estos puntos de vista James K. Galbraith, economista estadounidense y académico en la Universidad de Texas (Austin); Nizar Baraka, Presidente del Consejo Económico, Social y Ambiental del Reino de Marruecos; y Lucas Chancel, Codirector del World Inequality Lab en la Escuela de Economía de París.

Un punto clave del debate fue erradicar la cultura del privilegio que caracteriza a Latinoamérica. Se requiere abordar la desigualdad en el ingreso y en la distribución de la riqueza, así como la evasión fiscal, que representa 340.000 millones de dólares al año en la región (6,7% de su PIB).

Estos temas se publican en el documento “La ineficiencia de la desigualdad, la más reciente reflexión institucional de la CEPAL”, presentada en La Habana.

Conviene señalar que la primera década del siglo XXI estuvo marcada por avances en materia de desarrollo social en la región, pero en esta segunda década ha surgido mayor resistencia al cambio. Las cifras del coeficiente de Gini, que mide la concentración del ingreso, son reveladoras: La desigualdad promedio de la región se redujo 1,5% por año entre 2002-2008, 0,7% por año entre 2008-2014 y solo 0,4% por año entre 2014-2016.

Pero la desigualdad no solo se manifiesta en la distribución del ingreso, sino también en ámbitos como el trabajo decente, la educación, la salud, el acceso a servicios básicos de calidad y a la protección social, en el uso de nuevas tecnologías, en la participación política y en el derecho a vivir en un medio ambiente limpio, por nombrar algunos.

En la Casa de América en Madrid, con el apoyo del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación de España, y la Fundación Carolina, la CEPAL señaló que en un contexto global cada día es más complejo, donde los efectos de la hiper-globalización y de la revolución tecnológica rediseñan los equilibrios globales, y donde los desafíos ambientales, principalmente el cambio climático, requieren medidas urgentes y coordinadas.

América Latina es la región más desigual del mundo. “En países como Guatemala, la distancia entre el que más tiene y el que menos es de 70 veces. Hay una correlación entre desigualdad y productividad. La región latinoamericana representa tan solo el 20% de la productividad total de Estados Unidos”, dijo.

El Banco Mundial define como clase vulnerable en Perú a los hogares que, en moneda nacional, perciban ingresos US$ 4 – US$ 10 día. La Cámara de Comercio de Lima identificó el año pasado un millón de la población vulnerable con mayor riesgo a ser nuevamente pobres si sus ingresos se redujeran en promedio en un 7%.

A manera de conclusión podemos afirmar que América Latina y el Caribe es la gran fábrica de la heterogeneidad productiva, debido a la convivencia de empresas muy potentes en la frontera tecnológica, que aportan mucho al PIB. Pero generan muy poco empleo, junto a un 90% de empresas pequeñas, medianas y microempresas, que concentran el trabajo precario. “Este drama afecta directamente sobre todo a los jóvenes”. La tecnología se va convirtiendo en nueva arma  de dominio  económico de América Latina y disputa de mercados entre EEUU-China, principalmente.

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