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Estado ecuatoriano y pueblos indígenas no contactados

Por Martha Cecilia Santillán Sinchico.- Introducción

Desde la concepción eurocéntrica, los indígenas, negros, oliváceos y amarillos serían las razas “inferiores” y, por tanto, atrasadas, mientras que los blancos serían la raza desarrollada y superior, y, por tanto, dominante (Quijano, 2000). Esta idea de superioridad / inferioridad continúa vigente en las sociedades latinoamericanas como el Ecuador, donde, por ejemplo, los pueblos “en aislamiento voluntario” como los Tagaeri y los taromenane, existen nominalmente, sin embargo, su propia existencia está en amenaza constante ante un Estado extractivo que depende de los recursos naturales.

Para la visión occidental, las sociedades primitivas o mal llamadas “salvajes” –sin Estado, sin fe, sin ley, sin rey-, eran calificadas como carentes de estructura y praxis política, por lo que eran y, son aún, concebidas como inferiores al Estado. Sin embargo, como bien lo aclara Clastres, en Campagno (1998), “la ausencia del poder coercitivo del Estado [en esas sociedades], no implica carencia de un poder sociopolítico divergente a lo político estatal”.

Clastres escribió su obra “La sociedad contra el Estado”, publicado en 1974, en una época en que el discurso estructuralista cobró auge en Latinoamérica, abanderado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y su principal representante Raúl Prebisch. En esa época Prebisch advirtió que los países centrales conforman visiones del orden mundial funcionales a sus propios intereses, por lo que planteó la necesidad de fortalecer la cohesión social, de rebelarse en contra del pensamiento céntrico y de lograr una relación simétrica no subordinada con los círculos de poder mundial (Ornelas, 2012).

Ante el discurso desarrollista, Clastres se identifica con ideas libertarias y anticolonialistas. En sus argumentos se puede evidenciar que su convivencia con los pueblos indígenas de Venezuela y Paraguay, yanomami y guaraní, respectivamente, profundizaron su espíritu anticolonialista.

En este sentido, cobra importancia descubrir si, los pueblos indígenas rotulados “en aislamiento voluntario”, ¿Se han aislado, ciertamente, por su propia voluntad o son acaso víctimas de un “acorralamiento” de los colonizadores, del Estado y de las grandes transnacionales que a su momento han invadido su territorio, su hábitat?

El objetivo de este ensayo es, a la luz de los argumentos de Clastres, presentar las condiciones de surgimiento del Estado ecuatoriano y el contraste de esta estructura estatal con las formas de vida que caracterizan a los pueblos no contactados (Tagaeri, Taromenane).

Para este propósito se presentarán, en un primer momento, los enfoques sobre la visión de Estado, tomando en consideración el argumento central de Clastres, para quien las sociedades sin Estado están contra el Estado, por cuanto las relaciones de dominación y monopolio, propias del Estado, son incompatibles con las prácticas del parentesco que, en las sociedades sin Estado, previenen las desigualdades sociales (Campagno, 1998). Como hecho posterior se abordará el tratamiento que le merece la población indígena ecuatoriana “en aislamiento voluntario”, a los instrumentos internacionales.

Visión de Estado desde diversas concepciones:

A diferencia de Clastres, Maiguashca y Oszlack (2011), presentan al Estado como una institución integradora – cohesionadora y, como una instancia de articulación de las relaciones sociales, respectivamente. Para Clastres, el Estado es un órgano de poder centralizado, coercitivo, monopolizador de la violencia, opuesto a las prácticas sociopolíticas de las sociedades primitivas que se basan en el parentesco, donde predominan los lazos de confianza y se previenen las desigualdades sociales.

Clastres refuta el pensamiento eurocéntrico de que la “sociedad primitiva”, es improductiva y la defiende como un núcleo social en donde el hombre es el fin y la producción es el medio, entretanto que, en una sociedad capitalista, el centro es el capital y el ser humano es el medio.

Justamente los pueblos indígenas que viven “en aislamiento voluntario”, practican el ejercicio de la autoridad compartida porque “el poder es ejercido por todo el cuerpo social hacia todo el cuerpo social” (Clastres), donde la figura del jefe se sostiene sobre el prestigio, los lazos de confianza y no sobre la monopolización del poder.

En las sociedades primitivas, la guerra es una estructura que permite que éstas sociedades se mantengan sin Estados, es decir, en la dispersión, evitando la unificación en unidades mayores y previniendo la emergencia del Estado (Clastres). Es oportuno citar el simbolismo que guardan los pueblos indígenas de Otavalo, durante las fiestas del Inti Raymi en Cotacachi, cuando se confrontan las comunidades. Desde mi experiencia vivida, me atrevo a asegurar que, justamente se trata de la simbolización de la guerra como estructura de esa sociedad que define y refuerza la identidad del Nosotros (parientes).

Cabe realizar, además, un paralelismo de la guerra - la seguridad - (si se quiere), pues tanto en la sociedad primitiva, como en los Estados actuales, la guerra es usada como un mecanismo de reafirmación de ese núcleo. Oszlack (2011), se refiere a la “externalización del poder del Estado”, como uno de los atributos para alimentar su “estatidad”, que le permite ser más Estado, por ello se entiende el surgimiento de las guerras estatales. Entonces la guerra se presenta como un factor de defensa de lo “nuestro” en ambos casos. En los dos casos se detecta una conexión causal y es el hecho de reafirmarse, de ganar solidez en su institucionalidad.

Otro de los atributos del Estado, mencionado por Oszlack y que tiene relación con el dominio del Estado es la internación de una identidad colectiva, a la que también hace referencia Maiguashca cuando señala que el Estado ecuatoriano creó “símbolos con el propósito de hacer de la población, del país una entidad colectiva” (Maiguashca, 2014: 357). Bordieu (1989), califica al Estado como un ente y agente que añade la violencia en su dimensión simbólica porque produce clasificaciones sociales y categorías patriarcales.

Dentro de esta clasificación, los pueblos en aislamiento voluntario cuentan para el Estado en tanto en cuanto viven en áreas de gran riqueza natural y, siempre que se piense en exploración y explotación de recursos, inevitablemente deben también pensar en la población en aislamiento voluntario. Es decir que el poder infraestructural del Estado del que habla Mann (2011), debe medir estrategias de penetración en aquel territorio.

Cuando el Estado “coopta” a las sociedades primitivas, ocurre la dominación y la aculturización. Maiguashca (2014: 356) señala que el naciente Estado ecuatoriano tuvo una característica dual: como expresión política de un sistema nacional de dominación social y, como aparato burocrático con un conjunto de instituciones interdependientes en las que se concentra el poder y los recursos. Un Estado que penetra en la sociedad desde los ámbitos político y administrativo y trasciende a los ámbitos social y cultural, mediante la homogeneización de la normativa e incorporación social de los grupos excluidos o vulnerados.

Pese al dominio del Estado, prevalece en la actualidad, en los pueblos indígenas, prácticas, tradiciones, lenguaje, símbolos, códigos, muchos de ellos, a manera de destellos.

Situación de la población indígena ecuatoriana “en aislamiento voluntario”

Para Isabela Ponce (2014), los pueblos en aislamiento son familias que viven en la Amazonía ecuatoriana que tuvieron que alejarse de lo que en Occidente denomina progreso, es decir, fue una elección forzosa, no elegida, ante el dominio y la coerción que pretendió ejercer la colonialidad y luego el Estado. Para Ponce es errado tratar de rotularlos como pueblos “en aislamiento voluntario”.

De acuerdo con Dinah Shelton (2012), en su informe “Pueblos Indígenas en Aislamiento Voluntario y contacto inicial”, en el continente americano existen alrededor de 200 pueblos indígenas en aislamiento voluntario. Según algunos cálculos, señala Shelton, existen alrededor de 10.000 personas que viven en aislamiento voluntario, y se tiene conocimiento de su existencia en Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú y Venezuela, sobre todo en zonas amazónicas y bosques tropicales de difícil acceso.

En Ecuador son parte de los pueblos indígenas no contactados los Tagaeri, pertenecientes a la familia huaorani y los Taromenane. El primer contacto, señala Ponce (2014), fue en la década de 1960. Casi cuarenta años después, en 1999, se declaró una zona intangible para protegerlos. Después de ocho años se definieron los límites: 758.051 hectáreas en el corazón del Parque Nacional Yasuní. Sin embargo, en la actualidad, de acuerdo con Ponce (Idem, 2012), la zona intangible es un lugar rodeado de 10 bloques petroleros en la frontera norte, sur y oeste. Alrededor de esos bloques hay otros diez.

El gobierno ecuatoriano, por mandato constitucional reconoce su existencia nominal y de sus derechos, pero los defensores de los derechos humanos como Shelton (2012) y Ponce (2014), denuncian que el cumplimiento de sus derechos no se da en la práctica. La situación de estos pueblos se vio alterada desde los siglos XVII, XVIII y XIX con el auge de la explotación del caucho; el inicio de la exploración y explotación petrolera; el ingreso del Instituto Lingüístico de Verano con las campañas de evangelización; la presencia militar; el ingreso de las empresas madereras y petroleras, así como por la ampliación de la frontera agrícola con la llegada de colonos provenientes de la Costa y Sierra ecuatoriana (Andrade, 2015).

La explotación minera, maderera, petrolera impulsada por intereses desarrollistas y capitalistas son muestra de la indiferencia de los gobiernos de turno ante estos pueblos, lo que han ocasionado daños importantes al ecosistema del que dependen los pueblos en aislamiento (Shelton, 2012).

De acuerdo a las normas constitucionales del Ecuador, todo proceso de desarrollo debe girar en torno a la garantía y restitución de los derechos de las personas, comunidades, pueblos y nacionalidades y de la naturaleza. Tales disposiciones están recogidas en el Plan Nacional para el Buen Vivir, al señalar que “el nuevo pacto de convivencia es un esfuerzo por hacer realidad un verdadero y efectivo régimen constitucional de derechos y justicia” (SENPLADES, 2009, p. 91), pues cuando hablamos de respetar las diferencias, deben también incluirse el respecto a la diferencia histórico socio cultural. Un Estado Plurinacional debe llevarse a la práctica y no quedarse en letra muerta, en indiferencia y abandono.

Si bien se han dado algunas medidas importantes para su protección, como las áreas intangibles en Ecuador estas medidas no han impedido masacres como el de los Taromenane en 2006, el cual, según los medios de comunicación habría sido incentivada por madereros, como producto también de la ocupación territorial de madereros (Universo, 2006).

La política estatal, ha subordinado, en múltiples ocasiones la protección de los derechos de los pueblos indígenas y del medio ambiente, a la explotación de los recursos naturales, en beneficio, muchas veces, de la inversión privada antes que del pueblo ecuatoriano (Llanes, 2008). Los pueblos indígenas de la Amazonía ecuatoriana que viven en aislamiento voluntario siguen amenazados por la expansión de la frontera petrolera. Por ello Ponce (2014) denuncia que las áreas intangibles se mantienen como tal, en tanto y en cuanto no afecten los intereses del Estado.

En definitiva, esta situación da cuenta de que el Estado ecuatoriano es básicamente jerarquizado, coercitivo, que ejerce la violencia y dominación física (Weber), y también simbólica (Bordieu, 1989); con propiedades, además, que incluyen la capacidad ideal y material para controlar, extraer y asignar recursos (Oszlack, 2011), con poder infraestructural (Mann, 2011), usada para ejercer el control de los recursos antes que para unir al Estado.

El tema desde los organismos internacionales

En el ámbito jurídico internacional, los derechos de los pueblos indígenas en aislamiento son reconocidos: La Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas del 13 de septiembre de 2007 garantiza el derecho de los pueblos indígenas “a vivir en libertad . . . como pueblos distintos” (Artículo 7), y obliga a los Estados a establecer mecanismos eficaces para prevenir y resarcir “todo acto que tenga por objeto o consecuencia privarlos de su integridad como pueblos distintos o de sus valores culturales o su identidad étnica”, y “toda forma de asimilación o integración forzada” de los pueblos indígenas (Artículo 8.2).

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), órgano autónomo e independiente de la Organización de los Estados Americanos, ha abordado el tema de los derechos de los pueblos indígenas en aislamiento a través de sus diferentes mecanismos. La CIDH ha otorgado dos medidas cautelares para la protección de los pueblos indígenas en aislamiento: La medida cautelar 91-06 sobre los Pueblos Indígenas Tagaeri y Taromenani de Ecuador, con la cual la CIDH otorgó medidas cautelares a favor de los referidos pueblos.

Para garantizar el cumplimiento de estos instrumentos, la Secretaría del Foro Permanente de las Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas, anualmente, solicita a los gobiernos completar un cuestionario con información sobre las medidas adoptadas o previstas para preservar el bienestar y la integridad de los pueblos indígenas.

Ecuador al ser suscriptor de convenios internacionales, entre ellas de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, en 2007, durante el gobierno de Rafael Correa, emitió una Política Nacional de los Pueblos en Situación de Aislamiento Voluntario que contiene lineamientos en la tarea de respetar y proteger la vida, integridad, cultura y territorios de los pueblos Tagaeri y Taromenane.1

Conclusiones

La histórica práctica extractivista de los recursos naturales y en especial, del petróleo en el Ecuador, da cuenta de que nuestra sociedad basa su economía en los ingresos petroleros, lo cual, sin duda, es importante en el ámbito económico de un Estado, sin embargo, existen aspectos sociales ignorados dentro de esta práctica extractivista y, es que, en el pensamiento eurocéntrico de Estado, las “sociedades primitivas” son consideradas como inferiores al Estado, un pensamiento que lleva implícito el poder centralizado y la práctica coercitiva de ese Estado que busca su modernización y civilización.

En las sociedades sin Estado priman los lazos de confianza, entre tanto que entre el Estado y las sociedades primitivas como los Tagaeri y los Taromenane reina la desconfianza, por cuanto las prácticas de ese Estado que prioriza los recursos naturales y el capital por sobre las personas, ha hecho caso omiso a los mecanismos establecidos en la Constitución del Ecuador y en los instrumentos internacionales, como la Declaración de las Naciones Unidas sobre Derechos de los Pueblos Indígenas, en los cuales se establecen mecanismos eficaces para prevenir y resarcir “todo acto que tenga por objeto o consecuencia privarlos de su integridad como pueblos distintos o de sus valores culturales o su identidad étnica”, y “toda forma de asimilación o integración forzada” de los pueblos indígenas.

De esta manera, la inserción coercitiva del Estado o de las empresas privadas con la autorización del Estado en las zonas intangibles, resultan en violencia no solo física (Weber), sino también simbólica (Bordieu), al punto de poner en peligro la existencia y subsistencia de estos pueblos no contactados. Además de ello es, jerarquizado, con capacidad material e ideal para controlar, con poder infraestructural.

Entonces, parafraseando a Clastres, se trataría de un Estado en contra de la sociedad. En ese sentido, se infiere que los pueblos Tagaeri y Taromenane no se han aislado, ciertamente, por su propia voluntad, sino que se convirtieron en víctimas de un “acorralamiento” de los colonizadores, de los colonos, del Estado y de las grandes transnacionales, quienes, a su turno, invadieron su territorio.



BIBLIOGRAFÍA

Abrahams, Philip. (2000). Notas sobre la dificultad de estudiar el Estado. Revista Viraje

Andrade, Gicela. (2015). “Destino de las comunidades indígenas ecuatorianas no contactadas, ante la decisión presidencial de explotar parte de la Reserva Petrolera del Parque Nacional Yasuní”.. Quito, Ecuador. 152 pags.

Bordieu, Pierre. Sobre el Estado. Cursos en el College France (1989 – 1992).

Campagno, M. (1998). “Pierre Clastres y el nacimiento del Estado: 20 años después”. Boletín de

Antropología Americana. Nro. 33: 101 – 113

Maiguashca, Juan. El proceso de integración en el Ecuador.

Mann, M. (2011). “El poder Autónomo del Estado: sus orígenes, mecanismos y resultados” En lecturas sobre el Estado y las políticas públicas. Pp. 55-78

Llanes, H. (2008). La reforma petrolera del gobierno de Correa y la desnacionalización de los hidrocarburos. s/e.

Ornelas, J. (2012). Volver al desarrollo. Revista Problemas del Desarrollo, 168.

Oszlack, O. (2011). “Formación histórica del Estado en América Latina. Elementos teórico – metodológicos para su estudio. En lecturas sobre el Estado y las Políticas Públicas. Buenos Aires: Proyecto de Modernización del Estado. Pp. 115 – 142.

Quijano, A. (2000). Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina. s/c.

Senplades 2009, Plan del Buen Vivir 2009 – 2013. Quito, Ecuador, Pp. 1 – 520.

Shelton, Dina (2012). Pueblos Indígenas en Aislamiento Voluntario y contacto inicial. Tomado de http://www.ipesderechoshumanos.org/pdf/proyecto-aislados-contacto-inicial.pdf

Universo, E. (29 de abril de 2006). Conflicto en selva deja dos muertos de los Taromenane. Conflicto en selva deja dos muertos de los Taromenane, pág. 1.

1 Política Nacional de los Pueblos en Situación de Aislamiento Voluntario, documento de consulta emitido en abril de 2007, durante el gobierno de Rafael Correa (http://www.sosyasuni.org/en/files/politica_nacional_pav_versinfinal.pdf)

https://www.alainet.org/es/articulo/201703

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