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Más Errejón

OPINIÓN de Joan del Alcàzar.- La esperada irrupción de Íñigo Errejón en la arena electoral de cara al 10N ha sacudido el tablero político todavía más de lo que era previsible. El joven político, de apariencia aniñada pero de mucha solidez intelectual, de trato empático y seductor, ha polarizado la atención de los medios de comunicación y de amplios sectores de la opinión pública durante la última semana.

El impacto que su partido Más País tendrá en la cita electoral de noviembre está por ver, pero los estudios demoscópicos de urgencia y el sentir generalizado de los analistas son coincidentes: las encuestas con las que las diversas formaciones partidarias creían que iban a enfrentarse las elecciones, especialmente el PSOE, son papel mojado.

Se da por segura la decepción y la irritación del sector progresista del electorado, inmensamente cabreado por la torpe o perversa gestión -hay opiniones diversas- que Pedro Sánchez hizo de los resultados de las elecciones de abril. En menor medida, también está confirmada la factura -y la fractura- que deberá afrontar Pablo Iglesias por no haber jugado mejor sus cartas frente al líder socialista.

La pregunta hasta hace una semana era si este cabreo, esta rabia acumulada entre el electorado de izquierdas se mantendría hasta el 10N y se traduciría en un descenso sensible de la participación, lo que redundaría en una pérdida de apoyos al PSOE y Podemos. Un aumento de la abstención que posibilitaría una victoria de las tres derechas de la Plaza de Colón.

Ahora a esta pregunta se ha añadido otra, parece que de más calado: ¿la aparición en la lucha electoral de Más País será favorecedora o perjudicial para la conformación de un gobierno de progreso en Madrid?

Todo un batallón de analistas y opinadores han puesto el grito en el cielo, augurando que será muy perjudicial, y acusando a Errejón de ser un caballo de Troya del PSOE, además de un traidor a las esencias de Podemos; un vendido a las órdenes de los gestores de los intereses más oscuros de la España actual.

Antes de dictar sentencias tan extremas, muchos de los opinadores podrían empezar por preguntarse cuál es la explicación del tsunami provocado por la irrupción de un hombre como Íñigo Errejón. Tanto más cuando el simple hecho de aparecer en la contienda ya fue percibido como un terremoto, aunque emergiera sin organización [más allá de la modesta fuerza madrileña], aun cuando su partido no tenía ni nombre.

El surgimiento de Más País, con el anuncio de presentarse únicamente en aquellas circunscripciones en las que no se malgasten los votos que pueda recibir, ya ha sido una primera señal de una concepción de la política diferente a la que el electorado progresista está acostumbrado. Errejón afirma que antepone los intereses generales a los partidarios, lo cual es una novedad como el fracaso de la conversación de sordos entre Sánchez y Iglesias han demostrado. Además, Errejón puede explicar que sus palabras están respaldadas por los hechos: él siempre ha hablado de la competencia virtuosa entre los partidos de la izquierda, y ofreció sus votos gratis para impedir que las derechas de Colón revalidaran la hegemonía del PP en la Asamblea y el Ayuntamiento de Madrid. No lo consiguió.

Lo más importante que ofrece Errejón a los electores, claramente, no es tanto un programa político como una credibilidad política. Una parte importante del electorado progresista puede encontrar en su opción electoral la dosis de confianza que ha perdido en líderes como Sánchez e Iglesias.

Después de lo ocurrido entre las cúpulas del PSOE y Podemos entre abril y septiembre, no son pocos los que no están dispuestos a creer ni en la hora que es si la de anuncian Sánchez o Iglesias. Lo relevante no son ahora los programas y las promesas que se puedan hacer, sino la confianza que los diversos candidatos sean capaces de generar. Un terreno este en el que Errejón le saca mucha ventaja a los otros dos dirigentes.

Además, las alianzas que el dirigente de Más País está conformando con partidos de ámbito no estatal, como Compromís pel País Valencià, las Mareas galegas o lo que acaba de surgir en la Región de Murcia, pueden tener un efecto multiplicador del impacto del fenómeno Errejón. Habrá que sumar también lo que pueda aportar la alianza con Equo, el más implantado de los todavía pequeños partidos del ecologismo político.

Veremos en qué queda la cosa. Por el momento, no son pocos los que piensan que Más País y sus alianzas obtendrán apoyo de electores que votaron PSOE y Podemos en abril, y que -además- sacarán de la abstención a electores tan hastiados que habían decidido no votar.

Son los líderes máximos de Podemos y del PSOE, más responsable Sánchez que Iglesias, los que han provocado la parálisis en la que estamos, y son los que han conducido a elecciones. El 10N por la noche sabremos cuál es la factura que tienen que pagar. Pero, que quede claro, sea la que sea, no será honesto culpabilizar a Errejón.
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