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Rechazad@s y traumatizad@s: la situación de menores no acompañados que llegan a Francia

Han sufrido largos, difíciles y traumáticos viajes. Forzados a huir de sus países de origen y a experimental la brutalidad en Libia, miles de menores migrantes llegan a Francia solos, sin sus familias, para, además, enfrentarse a una administración deliberadamente compleja e incapaz de brindarles la asistencia que tanto necesitan.


Augustin Le Gall

Mnores migrantes que llegan a Francia lo hacen tras padecer viajes de una violencia extrema, rutas que son cada vez más peligrosas debido a las políticas instauradas para disuadir a las personas de emigrar a cualquier precio. La angustia de jóvenes que logran sobrevivir y llegar a Francia se ve agravada por los abusos y el rechazo institucional organizado que soportan a su llegada al país.

La designación administrativa establece que los “menores no acompañados” son menores de 18 años procedentes de otros países y que han llegado a Francia sin la compañía de sus familias. Algunos abandonan sus países de origen voluntariamente, pero la mayoría no tiene otra opción. Aunque las leyes y convenios internacionales exigen que Francia garantice su protección, en realidad se hace muy poco para proporcionar a los menores no acompañados refugio y una atención adecuada.

Peor aún, la administración francesa impone procedimientos administrativos deliberadamente complejos y calculados para rechazarlos sobre la base de un examen de sus casos: un sistema que lleva a los jóvenes a una existencia desarraigada y precaria, a la vez que exonera a las autoridades de toda responsabilidad.

De los 40.000 jóvenes que llegaron a Francia en 2018, solo 17.000 fueron reconocidos oficialmente como menores acompañados por los departamentos del país y situados bajo el cuidado de los Servicios de Protección de Menores.
Fuente: Ministerio de Justicia, Departamento de menores no acompañados.


Un traumatizante viaje al exilio
Los menores no acompañados que llegan a Francia han sufrido largos, difíciles y a menudo traumáticos viajes, en los que la violencia es moneda común. Además de la brutalidad que los obligó a dejar todo atrás en sus países de origen, han tenido que bregar con la violencia, a veces extrema, que hallan en su ruta al exilio, especialmente cuando atraviesan Libia (donde se enfrentan a situaciones de cautiverio, violencia sexual y abuso físico, entre otras).

El 87% de los jóvenes que hemos asistido en el centro de Pantin (París) durante 2018, relataron durante sus exámenes médicos que habían sufrido violencia, torturas o abusos en la ruta.


Y tienen poco respiro cuando llegan a Francia. Dejados a su suerte en un territorio desconocido y sin dinero, son particularmente vulnerables. Si no quieren dormir a la intemperie, tienen que familiarizarse rápidamente con las complejidades de los procedimientos administrativos para poder negociar su camino a través del sistema.

Un sistema complejo
Desde la perspectiva administrativa, la burocracia involucrada en la obtención de asistencia para menores no acompañados es un verdadero dolor de cabeza. El primer paso implica una evaluación por parte de la Administración de su condición como menor no acompañado. Las evaluaciones consisten en una entrevista, que a veces apenas dura unos minutos, al final de la cual se decide si el joven no solo es menor de edad, sino si está o no acompañado y, como tal, tiene derecho a la atención de los Servicios de Protección de la Infancia.

En Francia, los Servicios de Protección de la Infancia deben —independientemente de la nacionalidad— facilitar a todos los jóvenes menores de 18 años que no cuenten con la protección de los progenitores o de un tutor legal, un alojamiento y acceso a la salud y la educación.

Durmiendo a la intemperie
Proporcionar alojamiento inmediato, apropiado e incondicional durante un mínimo de cinco días es una obligación legal para cualquier menor que inicie el proceso de evaluación en un departamento francés. Sin embargo, cientos de adolescentes migrantes dicen que no se les ofrece un albergue temporal durante el proceso y que duermen al raso en las calles francesas mientras esperan que las autoridades reconozcan su condición.

Los jóvenes que asistimos en el centro en Pantin, en París, son aquellos que han sido considerados insuficientemente convincentes durante sus entrevistas de evaluación sobre la minoría de edad. El veredicto, a pesar de sus peticiones, es que la Administración no los reconoce como menores. Esto quiere decir que no reciben asistencia en forma de alojamiento, comida, atención médica ni educación, medios que les permitirían vivir y facilitarían su integración. En 2018, más de la mitad de los jóvenes dormía a la intemperie antes de su primera visita a nuestro centro de MSF.

“Esperaba dormir en la estación de tren de Gare du Nord, pero allí mucha gente bebe alcohol y toma drogas. Me da mucho miedo, así que duermo cerca del canal en République”, explica un menor atendido por MSF.


Su único recurso es presentar una apelación ante los tribunales para tratar de obtener protección, otro proceso lento y engorroso. Muchos menores dependen completamente de asociaciones y organizaciones de la sociedad civil, pues las autoridades eluden su obligación de garantizar su protección, a pesar de que la ley estipula que todos los jóvenes deben ser considerados menores hasta que se agoten todos los recursos legales.

Sin embargo, tras impugnar la decisión inicial en el tribunal, muchos jóvenes logran ser reconocidos como menores lo que constituye un reflejo lamentable de las deficiencias de las evaluaciones, a menudo arbitrarias y superficiales, realizadas por los distintos departamentos del país.

En 2018, el 57,5% de los 431 menores acompañados asistidos en nuestro centro en Pantin que lograron presentar una apelación ante la corte para revisar sus aplicaciones para recibir protección fueron reconocidos como menores y puestos bajo la tutela de los Servicios de Protección de la Infancia.


Una lucha para asegurar el acceso a la atención médica
Para los jóvenes extranjeros no acompañados, conseguir el acceso a la atención médica es una lucha cuesta arriba. Al no ser ni menores ni adultos, la atención que reciben es, a menudo, inadecuada y esporádica. Los procedimientos administrativos que podrían permitirles beneficiarse de la protección social son costosos, a pesar de que Francia debe garantizar el acceso a la atención médica y la protección de todos los menores que residen en su territorio. Pero el Estado no tiene en cuenta la situación especial de estos jóvenes. Dadas las terribles condiciones y, posible torturas, que padecen durante sus viajes y a que viven en la calle, no solo requieren atención médica sino también apoyo psicológico.

El 34% de los jóvenes atendidos por los psicólogos en nuestro centro en Pantin padecen trastornos de estrés psico-traumáticos que requieren tratamiento inmediato para evitar que se tornen irreversibles.


La realidad es que la atención disponible para los menores no acompañados no les permite escapar de la inseguridad de sus condiciones de vida y mucho menos les proporciona acceso a la atención médica. Peor aún, parece estar configurada de tal manera que les disuade de reclamar la asistencia a la que tienen derecho.

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