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UN - Cambio Climático ¡Mucho ruido y pocas nueces!

OPINIÓN de Josep Xercavins Valls.- De la convocatoria de la Cumbre

"Los últimos análisis demuestran que, si actuamos ahora, podemos reducir las emisiones de carbono en un plazo de doce años y mantener el aumento de la temperatura media global muy por debajo de los 2 ° C e, incluso, tal como piden los últimos conocimientos científicos, hasta 1,5 º C por encima de la de los niveles preindustriales.

Afortunadamente, tenemos el Acuerdo de París: un marco político visionario, viable y de futuro, que establece exactamente qué hay que hacer para detener la alteración climática y revertir sus impactos. Pero el acuerdo en sí no tiene sentido sin una actuación ambiciosa.

El secretario general de las Naciones Unidas, UN, António Guterres, hace un llamamiento a todos los líderes a venir a Nueva York, NY, el 23 de septiembre con planes concretos y realistas para mejorar las contribuciones decididas nacionalmente para 2020, en línea con la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero en un 45 por ciento durante la próxima década, y hasta cero emisiones netas para 2050 ".

Así encabezan textualmente (citas en cursivas – los subrayados y las negritas son mías-) las Naciones Unidas, UN, en su página web https://www.un.org/en/climatechange/un-climate-summit-2019.shtml, la convocatoria de esta cumbre "extraordinaria" y el SG António Guterres enfatiza allí personalmente:

"Quiero saber sobre cómo vamos a detener el aumento de emisiones hacia el 2020 y reducir dramáticamente las emisiones hasta llegar a las emisiones netas cero a mediados de siglo".

Comentarios personales previos

Quien me haya leído alguna vez últimamente sabe de mi pesimismo generalizado y, especialmente, ante tanta proliferación de afirmaciones "grandilocuentes" pero “vacías” de todo tipo. Pero no es un pesimismo destructivo e intenta ser no desesperanzado. Es un pesimismo que intento siempre razonar y que, además, creo necesario hacerlo para poder ser, a la vez, críticos y realistas y, al final, se pudiese devenir realmente transformadores de la realidad; pero de verdad y constructivamente, y ante él que ya tanta gente de todo tipo y lugar reconoce, finalmente, como el mayor reto que debe afrontar la humanidad, tal vez a lo largo de toda su historia como especie.

Es cierto, ahora sí –y hago hincapié en ello-, que todo el mundo habla, que parece que todo el mundo se moviliza, que lo que también tanta gente ha venido intentando poner en la agenda de la humanidad desde hace tantos años parece que finalmente esté hoy en la misma. Y, en este contexto, y en coherencia con mi pensamiento y mis análisis, lo que creo que debo hacer hoy es poner en negro sobre blanco algunas de las grandes contradicciones de esta supuesta “revolución actual” contra el cambio climático que, sinceramente, a pesar de tanto ruido que, de entrada, podría parecer bien positivo, yo no sé ver casi por ninguna parte. Lo intentaré hacer paso a paso con el objetivo ya entreabierto: identificar entre tanto ruido donde puede estar el grano (muy poco todavía) y donde está la paja y la cizaña (tanta, que existe el peligro de que acabe matando todo el grano).

Sobre una Cumbre "extraordinaria" sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas, UN, en NY el 23 de setiembre de 2019 y sobre la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, UNFCCC, y su próxima Conferencia en Chile del 2 al 13 de diciembre de 2019

No debo extenderme demasiado en los aspectos legales que ponen de manifiesto las contradicciones, de casi siempre, de, a pesar de todo, mis queridas y apreciadas Naciones Unidas, UN; pero no ponerlas de manifiesto otra vez en estos momentos sería una irresponsabilidad que, en el fondo y evidentemente en mi opinión, no quiere explicar, contradictoriamente a mí modo de entender las cosas, el "hiperactivo" Secretario General de UN: Antònio Guterres.

En la Cumbre de Río 92 se optó por trabajar y actuar sobre los temas del Cambio Climático a través de un tratado internacional -la citada Convención Marco Climática-, que, al fin y al cabo, no deja de ser en estos casos -tratados internacionales o multilaterales- como unas pequeñas UN: con el texto de la Convención jugando el papel de la Carta, y con la reunión de los estados-parte (los estados que ratificaron la Convención; 197 en la actualidad) jugando el papel de su Asamblea General. En el contexto de los tratados internacionales, este tipo de Asamblea General se denomina Conferencia de las Partes, COP (Conference Of the Parties) y en Chile tendremos su reunión anual número 25: la COP 25. Pero de esta Convención Climática han nacido más tratados; el último el Acuerdo de París que, por lo tanto, también tiene, actualmente, su Conferencia de las Partes de siglas CMA (las distintas siglas pretenden básicamente no confundir las diferentes soberanías que hay respecto a los diferentes tratados: la Convención Climática, el Protocolo de Kioto y, ahora, el Acuerdo de París). En cualquier caso, en Chile tendrá lugar también, y ello es muy importante de ser destacado y explicado, la reunión de la CMA 2; propiamente, la segunda reunión de esta Conferencia de las Partes del Acuerdo de París; lo cual quiere decir que se ha acabado finalmente -en Polonia el año pasado- la primera reunión propiamente dicha de la CMA que jugaba y jugó, tal como estaba previsto, un papel claramente "constituyente" relativo a la puesta en marcha y la implementación del Acuerdo de París.

En la medida en que éste es el marco legal del que la humanidad se ha dotado para luchar contra el Cambio Climático, sería necesario que el SG de UN no dejase de decir, de explicar más explícitamente, que, cuando él convoca una Cumbre "extraordinaria” sobre el Cambio Climático, de hecho, y para ser ilustrativos, está convocando una especie de charla de amigos (o no tan amigos) de un club muy interesante, en la que, y aunque acudan máximos dirigentes (los Jefes de Estado y / o de Gobierno de los estados del mundo en este caso), lo máximo que podrán hacer es esto: charlar. Y si, durante esta charla, estuvieran más o menos de acuerdo y quieren pasar de los posibles acuerdos concretos y / o proclamaciones grandilocuentes y / o, porque no, de líneas de acción dramáticas (como las califica Antònio Guterres), entonces, deberían actuar en consecuencia pero, precisamente, donde normalmente no lo acaban haciendo ni tanto -ni mucho menos-, ni usualmente (sobre todo si se trata realmente de las imprescindibles líneas de acción dramáticas): en este caso en las reuniones realmente legales y procedentes en este caso de Chile de la CMA 2 y de la COP 25 del próximo diciembre.

¿Cómo están las cosas en la UNFCCC?

Pues bastante mal como casi siempre; cuesta tanto siempre llegar a acuerdos realmente significativos y transformadores de la realidad actual y futura del Cambio Climático que sería incluso extraño que pudiéramos escribir lo contrario.

- Sobre la ratificación del Acuerdo de París:

De los 197 estados que han ido ratificando la UNFCCC (la Convención Climática en lo que supone de tratado internacional legal) a lo largo de la historia que comenzó en 1992 en Rio, 185 de ellos han ratificado también ahora el Acuerdo de París aprobado en 2015. ¿Quién no lo ha hecho todavía?: Pues, por ejemplo, y más significativamente, no lo han hecho ni Rusia, ni Irán, ni Turquía.

Una de las grandes desgracias del mundo actual es que el Sr. Trump sea el Presidente de EE.UU. y haya anunciado por activa y por pasiva que saldrá del Acuerdo de París porque, según dice, no cree en él y, además, es lesivo, siempre según él, para los intereses de EE.UU. La salida legal no podía ser inmediata después de que Obama, en su segundo mandato, llevara a EE.UU. a ser, conjuntamente con China, uno de los primeros ratificadores (y de hecho principales impulsores conjuntos de todo el proceso) del Acuerdo de París. Los analistas dicen que Trump no acabará haciendo efectiva su salida real del Acuerdo hasta que no gane (si las gana, claro) las elecciones del año próximo para un segundo mandato. Pero de momento, en la práctica, ha salido ya realmente del mismo y está basando prácticamente toda la política energética de los EE.UU. en, otra vez, más y más combustibles fósiles (estos días se ha hecho público que, por ejemplo, ya es el primer exportador mundial de petróleo).

No es baladí por lo tanto hacer constar aquí y ahora que, en estos momentos de la historia (y después de China), EE.UU, Rusia e Irán están entre los primeros productores y, también claro está, utilizadores de combustibles fósiles del mundo y, por lo tanto, no debería preverse pues -diríamos que bajo ningún concepto- que estén -me atrevería a decir que en absoluto- por la labor de colaborar realmente -ni incluso aparentemente- en lo que haría posible, tal vez e in extremis, cumplir los objetivos en términos de temperatura del Acuerdo de París.

- Sobre la finalización –en Polonia el año pasado- de la CMA 1 del Acuerdo de París y, sobre todo, de uno de los temas pendientes de aprobación, como mínimo en cierta e importantes partes, aún –COMMON TIME FRAMES / PLAZOS COMUNES TEMPORALES- sobre la puesta en marcha e implementación del Acuerdo de París

Es sabido que, en paralelo a la aprobación del Acuerdo de París, se aprobaron, también, las llamadas Decisiones de París. No tenían carácter de tratado internacional; sólo de decisiones legales firmes de la misma COP 21 (la Conferencia de las Partes de la Convención Climática reunida en París en el 2015), concebidas y aprobadas como elementos imprescindibles para preparar la puesta en marcha y la implementación del Acuerdo de París como tal que, como tratado que es, no quiso entrar, por así decirlo, al nivel de auto contener los reglamentos, las normativas, las modalidades, etc. necesarias para su propia aplicación.

Desde comienzos del 2016 hasta finales del 2018 un órgano ad hoc creado por las propias y mencionadas Decisiones de París se encargó, con muchas dificultades para llegar a resultados, de desarrollar todo lo que le pedían estas Decisiones de París, en general, y, en algún caso, de mandatos contenidos en el propio Acuerdo de París. Todo ello tenía que terminar siendo aprobado por la primera reunión de la CMA del Acuerdo que, por este motivo, se convirtió en abierta, como tal sesión 1, desde la COP 22 de Marrakech hasta la pasada COP 24 de Katowice.

Pero a pesar del tiempo utilizado para cerrar este, por así decirlo, segundo capítulo de la historia del Acuerdo de París todavía hay algunos flecos –nada intrascendentes- que han quedado abiertos y que, por tanto, se deberán resolver en futuras sesiones de la CMA; teóricamente, por ejemplo, en la de Chile de este diciembre; sin embargo, la reunión anual de los órganos de trabajos subsidiarios de los tratados internacionales sobre Cambio Climático, celebrada en Bonn el pasado mes de junio (como es habitual que así sea anualmente), tampoco fue capaz de llegar, aún, a acuerdos al respecto.

Y esto es importante -muy importante añadiría yo mismo- y muy contradictorio. Recientemente (finales del año pasado) el Informe del IPCC sobre el Calentamiento Global de 1,5o C (otra de las Decisiones de París es el origen de la existencia de este importantísimo informe científico) establece posibles caminos cuantificados para alcanzar los objetivos en términos de temperatura del Acuerdo de París. Mucha gente los está utilizando ya, se los esté haciendo suyos, como sus metas en la lucha contra el cambio climático. Como así lo hace, por ejemplo y es muy alabable que así lo haga, el SG de las Naciones Unidas, UN, en las líneas con las que empezábamos este escrito. Sin embargo, y por supuesto entre otras razones -alguna de las importantes ya comentadas anteriormente-, precisamente desacuerdos como el citado y que ahora comentaré con más detalle hacen casi (de hecho, en mi opinión, sin el casi) imposible que estos caminos globales se sigan y se cumplan de ninguna manera.

Efectivamente, es sabido también que lo único que tienen que hacer, de hecho, los estados, desde un punto de vista de mitigar sus emisiones, es proponérselo realmente, siendo lo máximo de ambiciosos posible, y dejarlo públicamente definido y programado, y entrado -como entre otras cosas expresión del compromiso de cumplirlas- en un registro público -recién creado para este fin- de la UNFCCC -entendida aquí otra vez como la casa específica de las UN donde se viven y tratan oficial y legalmente todos estos temas-. Por lo tanto este registro público acoge ya e irá acogiendo desde ahora y en un futuro las llamadas, y ya bastante conocidas como tales: Contribuciones Nacionalmente Determinadas, NDCs (National Determined Contributions).

Pero, dónde está el punto, en relación a estas NDCs, donde no hay manera de que haya acuerdo (y, en cambio, el SG de las Naciones Unidas, UN, no les pregunta nada al respecto cuando convoca a los estados a NY el 23 de septiembre): pues bien, el punto en el que no hay acuerdo es cuando -y luego cada cuando- deberán presentarse las próximas NDCs. Y claro, sin nuevas y muy ambiciosas NDCs ya sabemos que, con las presentadas durante los años 2015, fundamentalmente, y 2016 (todo ello en paralelo a la aprobación del Acuerdo de París) vamos disparados hacia los 3,5o C, bastante antes de la mitad de este siglo XXI. ¡Lo que sería -y hay demasiadas probabilidades de que así sea- un gran desastre!

Los motivos del desacuerdo no son, en principio, evidentes, tienen su base en ciertas complejidades de los propios textos aprobados y, bien utilizados por Estados con intereses más bien espurios, se convierten en una roca difícil de taladrar y atravesar. Hay que reconocer que la historia de las NDCs (que nacieron como forma de hacer entrever y pre convencer a los estados que un acuerdo -pero un acuerdo como el que lo acabaría siendo el de París- era posible) tiene sus incongruencias. De las presentadas como primera NDC, hay muchos diferentes tipos. En cuanto a tiempo, por ejemplo, unas llegan hasta el año 2025 y otras hasta el año 2030. Y, en relación a este punto concreto y como decíamos antes, aquí las Decisiones de París no contienen precisamente los textos más diáfanos y esclarecedores. Todo ello hace que, bajo la denominación: COMMON TIME FRAMES – PLAZOS TEMPORALES COMUNES, continúe bien abierto y sin acuerdo un tema tan importante como el de cada cuándo, y a partir de cuándo, se presentarán NDCs.

En el a veces denominado "Libro de Reglas de Katowice" aprobado por la CMA 1 se dice textualmente en relación a este tema (y lo dejo también en la versión original en inglés porque cada frase, cada palabra, está muy llena de matices -los subrayados son míos-):

Common time frames for nationally determined contributions referred to in Article 4, paragraph 10, of the Paris Agreement

The Conference of the Parties serving as the meeting of the Parties to the Paris Agreement, CMA,

Recalling Article 4, paragraphs 9 and 10, of the Paris Agreement,

Also recalling decision 1/CP.21, paragraphs 23–25,

1. Welcomes the progress made in the consideration of common time frames for nationally determined contributions referred to in Article 4, paragraph 10, of the Paris Agreement, and takes note of the rich exchange of views and range of options considered and proposed by Parties on this matter;

2. Decides that Parties shall apply common time frames to their nationally determined contributions to be implemented from 2031 onward;

3. Requests the Subsidiary Body for Implementation, SBI, to continue the consideration of common time frames for nationally determined contributions at its fiftieth session (June 2019) with a view to making a recommendation there on for consideration and adoption by the Conference of the Parties serving as the meeting of the Parties to the Paris Agreement.

(Versión traducida:

Plazos temporales comunes para las contribuciones determinadas a nivel nacional a que se refiere el artículo 4, párrafo 10, del Acuerdo de París

La Conferencia de las Partes que actúa como reunión de las Partes en el Acuerdo de París, CMA,

Recordando los párrafos 9 y 10 del artículo 4 del Acuerdo de París,

Recordando también la decisión 1 / CP.21, párrafos 23-25,

1. Acoge con beneplácito los progresos realizados en la consideración de plazos comunes para las contribuciones determinadas a nivel nacional a que se refiere el artículo 4, párrafo 10, del Acuerdo de París, y toma nota del rico intercambio de opiniones y la gama de opciones consideradas y propuestas por las Partes sobre este asunto;

2. Decide que las Partes apliquen plazos comunes a sus contribuciones determinadas a nivel nacional que se implementarán a partir de 2031 en adelante;

3. Solicita al Órgano Subsidiario de Implementación, SBI, que continúe la consideración de plazos comunes para contribuciones determinadas a nivel nacional en su quincuagésimo período de sesiones (junio de 2019) con el fin de hacer una recomendación para su consideración y aprobación por la Conferencia de las Partes sirviendo como la reunión de las Partes en el Acuerdo de París.)

El texto subrayado del subapartado 2 y la persistencia desde el año 2016 en el desacuerdo sobre cuando deben presentarse -desde hoy hasta este 2031 a todas luces demasiado lejano- es un obús en toda regla a la línea de flotación contra las posibilidades reales de caminar realmente, y valga la redundancia, hacia el posible logro en relación a las temperaturas del Acuerdo de París. La aprobación de este texto y el -insisto- no acuerdo continuado en el SBI acerca de su desarrollo específico, es la puerta abierta a que, al menos por el momento, todo el mundo haga lo que quiera en los próximos años. No hay ninguna garantía, ni de hecho ninguna obligación legal, en estos momentos, de que los estados presenten su segunda NDC durante el 2020. Todo parece indicar que, sobre todo los estados menos interesados en hacerlo (porque entre tanto sus compromisos de mitigación son los ya conocidos -y en todos los casos bien insuficientes- y no actualizarlos significará seguro en la práctica que continuarán con sus nefastas tendencias actuales -Business as Usual-), las irán presentando cuando cada uno de ellos quiera. Incluso el período de 5 años entre la presentación de las NDCs consecutivas está en discusión abierta en estos momentos.

¿Cuáles deberían ser pues las primeras preguntas a las que el SG de las Naciones Unidas, UN, debería exigir una respuesta inmediata de sus estados miembros en la Conferencia "extraordinaria" sobre el Cambio Climático del próximo 23 de septiembre?

La primera pregunta debería ser, para entendernos, sobre qué mes del año 2020 debe terminar el plazo para que los estados parte del acuerdo de Paris presenten su 2ª NDC. Y dentro de la respuesta debería quedar incluido el compromiso de aprobar este plazo en la reunión de Chile de la CMA 2 el próximo diciembre.

La segunda pregunta debería ser, siempre para entendernos, ¿cómo se puede garantizar que estas segundas NDCs sean las realmente más ambiciosas posibles y, sobre todo, den como resultado agregado (sumando los efectos de todas las NDCs de todos los estados) el objetivo con el que se ha convocado la conferencia extraordinaria de este 23 de setiembre, y que fue definido por el IPCC en su informe de hace unos meses?

Es decir, volviendo al principio del artículo y para, casi, terminarlo, cuando el Secretario General de las Naciones Unidas, UN, invita a sus Estados miembros a “venir a Nueva York el 23 de septiembre con planes concretos y realistas para mejorar las contribuciones decididas nacionalmente para 2020, en línea con la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero en un 45 por ciento durante la próxima década, y hasta cero emisiones netas para 2050”, hay que decir que el objetivo de mejorar las NDCs para 2020 (suponiendo que primero hayamos conseguido la respuesta comentada afirmativa a la pregunta anterior y que la misma sea activada efectivamente), en la línea definida por el IPCC, no se alcanza de ninguna manera si no se encarga a la CMA 2 de Chile la elaboración y aprobación de una propuesta concreta de lo que, con justicia climática (y, por lo tanto también, responsabilidad histórica) como criterio político contemplado explícitamente en el propio Acuerdo de París, le toca alcanzar a cada país con su NDC, para que el resultado agregado de todas las NDCs sea el claramente definido, insistimos, por el Informe de finales de 2018 del IPCC.

¿Es quimérico esto? ¡Científicamente es del todo posible hacer el modelo correspondiente y obtener como resultado del mismo cuál debe ser el objetivo de cada país! ¡Los resultados concretos serán realmente dramáticos (sobre todo para los países que tienen una responsabilidad cuantitativa histórica y actual más importante en el número de emisiones que han llegado y siguen llegando a la atmósfera)! Es por ello, en realidad, que todo es tan difícil en el terreno político donde, a nivel internacional, las UN (y, por lo tanto también, la UNFCCC) no son una institución de gobierno y donde, de hecho, todo debe aprobarse básicamente por consenso pero, además, después cada estado puede o no aplicarlo según su soberanía absoluta tan explícitamente recogida en la Carta de las UN.

A modo de conclusión de este artículo

Las propias UN pudieron nacer sólo después de una hecatombe como la que fue la segunda guerra mundial. Y como tantas otras cosas, y desgraciadamente, aunque en estos momentos haya incluso demasiado ruido (digo demasiado porque a veces es ensordecedor y no permite escuchar lo que realmente es esencialmente importante), mucho me temo que, de hecho, la humanidad (tanto como colectivo de millones de individuos por un lado, y como estructuras políticas que, en cierto modo, les representan mínimamente por otro lado) no es suficientemente consciente ni está lo bastante preocupada ante el tsunami que se nos viene encima y, de hecho, sigue especulando con el optimismo tecnológico y no deja de esperar que las cosas acaben solucionándose por sí mismas y, quizás no exentos de ciertos padecimientos, al final todo siga adelante sin las repercusiones más graves que la ciencia predice en estos momentos. No se es capaz de ver (yo tampoco soy, desgraciadamente, capaz de visionarlo) de qué manera se podría parar esta especie de máquina infernal que se puso en marcha con la revolución industrial, pero sobre todo cuando ésta se puso al servicio del modelo de crecimiento económico capitalista.

¡No sé terminar de otra manera que empezando a pensar cuál puede ser la "segunda arca de Noé" que haya que plantearse imaginar y construir!

Barcelona, 18 de setiembre de 2019

- Josep Xercavins Valls, Profesor jubilado de la Universidad Politécnica de Catalunya.

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