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'Vuelta al cole' en un país en guerra

Vuelta al cole en un país en guerra
Popasna – En muchas partes del mundo esta semana las familias se están preparando para un evento que ocurre una vez al año: la vuelta al colegio a principios de septiembre. Se preguntan a sí mismas: ¿hemos comprado todos los libros, cuadernos y uniformes escolares? ¿Tenemos los horarios de cada clase? ¿Está todo listo?.
 Dima practica caligrafía en su rincón de estudio Foto: OIM


Esta situación se da también en la ciudad de Popasna, en la que todos estos preparativos tienen lugar a pesar de la proximidad de sus pobladores con la línea de contacto en la zona este de Ucrania, afectada por conflictos.

Las familias en esta parte del mundo deben enfrentar los mismos desafíos que todos los padres enfrentan – nuevos libros, nueva ropa, algunas lágrimas de parte de los estudiantes – pero también deben prepararse para otras preocupaciones diferentes y mucho más letales: evitar las minas terrestres en los caminos que los niños y niñas deben atravesar hacia la escuela: ser cuidadosos con los bombardeos de artillería durante las horas de clase.

El conflicto en esta zona se encuentra ya en su sexto año.

Desde que el mismo comenzó en 2014, más de 750 instalaciones educativas han sufrido daños y muchas otras han experimentado interrupciones en el dictado de clases. El Grupo de Educación en Ucrania estima que más de 700.000 niños, niñas y docentes en más de 3.500 instituciones educativas en el este de Ucrania se han visto afectados por las hostilidades y necesitan recibir asistencia humanitaria.

Más de 400.000 niños y niñas experimentan el impacto directo del conflicto en sus vidas cotidianas, mientras juegan o van a la escuela en un radio de 20 km a ambos lados de la “línea de contacto”, en tanto que los bombardeos y niveles extremos de contaminación por minas terrestres implican una severa amenaza a su bienestar y sus vidas.

Desde que comenzó el año 2019, el Grupo de Educación de Naciones Unidas en Ucrania recibió informes en relación a 23 incidentes vinculados a conflictos que derivaron en daños físicos a la infraestructura escolar, incluyendo en esto a dos instituciones educativas que debieron cerrarse temporalmente. Se recibieron otros cinco informes que daban cuenta de  presencia militar en las cercanías de otra institución educativa y de al menos nueve incidentes que implicaron una amenaza de muerte o heridas para los estudiantes, profesores y sus familiares.

El mes de julio de 2019 fue testigo de la cifra más alta de incidentes relacionados con la educación desde mayo de 2018, cuando seis instalaciones educativas sufrieron daños en un solo mes durante un incremento de las hostilidades.

Sin embargo, es un momento muy especial y emocionante para el pequeño Dima. Terminó el jardín de infantes y va a comenzar la escuela. Su papa pudo reacondicionar una vieja mesa convirtiéndola en un escritorio para hacer las tareas, y ahora es perfecto para el tamaño del niño. Día tras día Dima practica con su manual de caligrafía y lee libros en su nuevo escritorio.

El invierno pasado a Dima le compraron una mochila nueva. Con frecuencia el niño la saca del ropero y camina con ella por toda la casa como el estudiante real en el cual se convertirá en tan sólo un par de días.

Su madre Yana acaba de recibir una transferencia de dinero de la OIM, como parte de un programa financiado por la Oficina de Población, Refugiados y Migración del Departamento de Estado de EE.UU. Inmediatamente la madre fue a comprar un buzo, una camiseta, un par de jeans y una camisa para Dima.

La familia tiene tres hijos: Dima y dos hermanas mayores. “Las cosas que los niños y niñas necesitan son bastante caras en este momento”, dice Yana. “Los jeans costaron 200 hryvnias (7.50 dólares). Tal vez la ropa para adultos es aún más cara. Ya me he olvidado un poco de los precios”.

Por otra parte la familia casi ha terminado el reacondicionamiento de su vivienda, la cual había sido afectada por los bombardeos. Yana señala con orgullo el nuevo empapelado en la habitación de su hija. “Quedaron algunos agujeros en la sala tras los bombardeos”, dice. “Vamos a rellenarlos con yeso y e intentar olvidarnos de todo este horror”.

Yana perdió su trabajo hace un año. Cuando no está buscando uno nuevo, o cuidando a la familia, trabaja en el jardín. Los vecinos que se han ido de Popasna le permitieron cultivar en sus solares, y ahora la familia puede vivir gracias a lo que la tierra les da.

El marido de Yana va a trabajar todos los días, pero la fábrica en la cual está empleado ha estado ociosa durante varios meses (el conflicto provocó el cierre de muchas empresas en el este de Ucrania), de modo que debe esforzarse para poder ganar algo de dinero en efectivo cuando puede.

Reuniendo sus pocos ahorros y la asistencia en efectivo brindada por la OIM, la familia pudo comprar maquinaria agrícola con la esperanza de hacer algo de dinero arando los terrenos de los vecinos en el otoño. De ese modo pudieron reunir suficiente dinero como para poder sobrevivir al duro invierno.

Por medio de sus programas humanitarios, la OIM ha asistido a más de 100.000 niños y niñas afectados por el conflicto y desplazados desde que estalló el mismo en Ucrania en 2014.

Las personas que viven en un radio de cinco kilómetros de la línea de contacto son con frecuencia las que más necesitan recibir asistencia humanitaria. De acuerdo con la Oficina de las Naciones Unidas para Asuntos Humanitarios (OCHA por su sigla en inglés) los bombardeos y las minas terrestres han aislado a unas 70.000 personas que viven en cerca de 60 comunidades en zonas cercanas a la línea de contacto en áreas bajo el control gubernamental. Casi la mitad de ellas son personas mayores, y cerca del 35% son discapacitadas o padecen enfermedades crónicas. Los residentes enfrentan desafíos en cuanto al acceso a servicios sociales, mercados y cuidados de la salud. Muchas de estas comunidades padecen la interrupción de servicios que eran habituales, y la presencia de autoridades locales y actores humanitarios está amenazada por la falta de seguridad.

Más de 2.158 familias y 3.687 personas vulnerables que residen en las zonas controladas por el gobierno en las cercanías de la línea de contacto en las regiones de Donetsk y Luhansk se han beneficiado con el programa financiado por la Oficina de PRM.  La asistencia multi propósito en dinero efectivo fue brindada en tres rondas durante julio de 2018 a septiembre de 2019, siendo el total pagado los beneficiarios de 976.621 dólares.

Para el período de tres meses, cada beneficiario recibió la suma de UAH 2.580 (en promedio unos 100 dólares, el porcentaje fue variable).

Esta asistencia no sujeta a condición alguna permitió que las personas vulnerables- ancianos, discapacitados, padres único sostén de familia o padre con tres o más hijos- pudieran elegir qué mercaderías o servicios deseaban comprar sobre la base de sus necesidades específicas en relación al tiempo y a las prioridades familiares.

Como fuera informado por los beneficiarios durante el monitoreo realizado tras la distribución, la asistencia en efectivo brindada fue utilizada mayormente para abordar las necesidades en el área de los cuidados de la salud (60%), alimentos (56%), para cubrir el costo de las necesidades para poder paliar el invierno (32%), y también para abonar costos de alquileres y de servicios (32%). También muchos beneficiarios decidieron ahorrar una parte del dinero para las mencionadas necesidades generadas por el crudo invierno, especialmente para comprar carbón o leña para calefacción y también para tratamientos médicos.

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