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Las heridas y cicatrices en los cuerpos hablan por sí mismas

Dos médicos de MSF a bordo del Ocean Viking explican las duras historias y los maltratos de las personas rescatadas a bordo del barco a su paso por Libia. En lo que llevamos de 2019, casi 700 personas han fallecido en la ruta del Mediterráneo central mientras trataban de llegar a Europa.


MSF/Hannah Wallace Bowman

Las profundas huellas de la violencia en Libia: testimonio de un médico a bordo del Ocean Viking


En las consultas que llevamos a cabo a bordo del Ocean Viking, nuestro barco de búsqueda y rescate en el Mediterráneo central, podemos reconocer claramente, sin tener que hacer un examen en profundidad, los rastros de la violencia física en los cuerpos de las personas que rescatamos.

Nos muestran cicatrices, numerosas huellas de heridas penetrantes por arma de fuego o causadas por puñaladas. También lesiones causadas por golpes y quemaduras en el pecho como una forma de “marcarlos” a la hora de venderlos. Mucha gente nos dice lo mismo: han sido tratados como un don nadie, sin derechos humanos.

Juan Pablo Sánchez, nuestro médico a bordo, ha escuchado algunas historias terribles. Como la de una persona rescatada que le relató un momento aterrador, cuando en el lugar en el que estaba encerrado “mataron a su amigo que estaba literalmente a su lado”.

“Un segundo paciente, que había perdido dos dientes me explicó que se los habían arrancado los traficantes en Libia para mandárselos a su familia y pedir un rescate”, recuerda. Y no se trata de un caso aislado.

O la historia de un hombre a quien le dispararon en el pecho “pero que, como era un inmigrante, no se le permitió ir al hospital”. “Uno de sus amigos tuvo que extraerle la bala con un cuchillo”, cuenta.

Libia no es un país seguro

Y es que la vida no es tal para miles de refugiados, migrantes y solicitantes de asilo que llegan a Libia procedentes de países como Costa de Marfil, Mali, Guinea, Sudán, etc. Así, ante la falta de soluciones oportunas que ofrezcan alguna esperanza real, el único escape es el mar.

Pero desde que comenzaron los combates en Trípoli (Libia) en abril de 2019, la Guardia Costera de Libia, apoyada por la Unión Europea, ha retornado a cuatro veces más la cantidad de personas que han sido evacuadas o reasentadas en países seguros, según cifras de la ONU.

Pablo recuerda a un hombre que había ido a Libia a buscar trabajo. Como estaba en el país de forma irregular, no tenía literalmente derecho alguno. Trabajaba en la construcción. “Su jefe no estaba satisfecho con su trabajo, y un día de repente comenzó a golpearlo con un machete. El hombre trató de protegerse con los brazos. Vi que tenía marcas de heridas en manos, brazos, hombros y cabeza. Podías ver las cicatrices por toda la parte superior del cuerpo”, explica.

El dolor y la angustia de reconocer los cuerpos

Nuestro psicólogo Darío Terenzi se refiere al mismo dolor y traumas experimentados por decenas de rescatados.

"La fase de reconocimiento de los cuerpos, que duró unas tres horas, fue un momento de dolor y angustia. Todos estaban tensos y algunos temblaban ante el pavor de ver los cuerpos de quienes fueron compañeros de viaje. Podía sentir sus temores momentos antes de que vieran las fotos que mostraban lo que quedaba de su familia o amigos. Los cuerpos de los náufragos están muy deteriorados. Una niña nos preguntó por qué algunos se habían vuelto blancos. El agua del mar ha afectado los cuerpos hasta transformar el color de la piel. Les ha transfigurado hasta el punto de distorsionar los rasgos de los rostros. Por eso, el reconocimiento ha tenido lugar a partir de una prenda de vestir o de un signo en particular”.

Ha sido el caso de una niña marfileña que reconoció a una compañera fallecida en el naufragio por la sudadera que llevaba ese día. Estaba aterrorizada, pero quería volver a ver a su compañera. Momentos después de reconocer el cuerpo, se derrumbó. La asistimos y la acompañamos a su habitación donde, poco a poco y también gracias a la ayuda insustituible de sus compañeras, se recuperó. Antes de partir, nos saludó tímidamente y, esbozando una sonrisa, rezó para que Dios nos bendijera.

Todos nuestros pacientes han alcanzado un nivel suficiente de tranquilidad, aunque ciertamente no de serenidad. Cuando los vimos el primer día, tenían la mirada fija, estaban rígidos, algunos no hablaban nada. Incluso hoy muchos tienen pesadillas, dificultad para conciliar el sueño, miedo a quedarse a solas. Algunos no han dormido durante días, no tienen apetito. Cuentan que se sienten abrumados por imágenes y pensamientos intrusivos y que constantemente revisan y reviven las imágenes del naufragio. Prevalece y resulta palpable una fuerte sensación de inquietud, sufrimiento extremo y frustración. De hecho, muchos continúan preguntándose por qué todavía están vivos.


Testimonios de personas rescatadas por el Ocean Viking

“En febrero de 2019, intenté cruzar el mar por primera vez. Salimos de la costa unas 150 personas en un bote de goma. Estuvimos dos días en el mar. Tras un tiempo, nuestra balsa comenzó a perder aire. Pedimos auxilio a los libios. Enviaron un guardacostas y nos trajo de regreso a Libia. Una vez en tierra, nos llevaron a un centro de detención en Trípoli. Había varios cientos de personas allí: de Costa de Marfil, Malí, Guinea, Sudán y otros países. Las condiciones eran malas. Luego nos dividieron en grupos y nos transfirieron a otros centros de detención. En abril pude huir de donde estaba encerrado. Logré escapar solo, sin ayuda. Incluso llegué a escuchar los disparos al aire detrás de mí. Todavía tengo una cicatriz en la mano derecha causa de las heridas por el alambre de espino. Entonces decidí intentar cruzar el Mediterráneo por segunda vez. Salimos en la noche, éramos un centenar de personas a bordo de una balsa neumática. Era aún de noche cuando el motor se detuvo. Estuvimos dos horas a la deriva, en la oscuridad. Estábamos todos desesperados. Luego, afortunadamente, el motor volvió a arrancar y finalmente avisamos el Ocean Viking”. Un hombre de 27 años de Camerún, rescatado el domingo 13 de octubre de 2019.

“Salí de mi casa en Mali junto mi esposo a causa de la guerra. Entramos en pánico y nos fuimos primero a Argelia y luego a Libia. Poco después de entrar en Libia, fuimos capturados y enviados al centro de detención en Tayura. Llevábamos allí varios meses cuando una bomba impactó en el centro. Mi esposo murió. Estaba justo al lado de él. Tras el bombardeo pude escapar de Tayura con mi hermana, pero luego los traficantes nos atraparon de nuevo y nos encerraron en una casa de la que pudimos escapar con la ayuda de un hombre libio y cruzamos el mar”. Una mujer de Mali rescatada el domingo 13 de octubre.

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