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Si se le enseña a una niña a escribir código, cambiará el mundo

En el campamento para personas refugiadas de Kakuma, en el noroeste de Kenya, las niñas han descubierto una nueva pasión: los códigos informáticos.


De izquierda a derecha: las estudiantes Umohoza Hurlarain, Nyamam Gai Gatluak y Mumina Khalif, a los pies de la escuela de enseñanza primaria Angelina Jolie. Foto: ONU Mujeres/Ryan Brown

En el campamentos para personas refugiadas de Kakuma, situado en el árido desierto de la región noroccidental de Kenya, todos los días hace un calor asfixiante. Bajo el cielo azul se reúnen tres niñas con sus uniformes escolares de guinga. En el campamento se alojan más de 186 000 residentes que proceden, fundamentalmente, de la región de los Grandes Lagos y el Cuerno de África. Las niñas llegaron desde Burundi, Sudán del Sur y Somalia con experiencias muy variadas. Es posible que sus aspiraciones las conduzcan también hacia futuros muy distintos; una de las niñas quiere ser periodista, otra ingeniera de software y la tercera desea convertirse en poetisa. Pero, por ahora, comparten un interés común: les entusiasma escribir códigos informáticos.

Umohoza Hurlarain, Nyamam Gai Gatluak y Mumina Khalif están aprendiendo programación informática en la escuela de enseñanza primaria Angelina Jolie de Kakuma. Se trata del único internado para niñas que hay en el campamento, y la demanda es muy alta. El año pasado cerca de 500 niñas compitieron por 60 plazas.

Mumina Khalif, sentada en el aula con una tableta que utilizan las alumnas en clase de informática y en el club de TIC. Foto: ONU Mujeres/Ryan Brown

Tras haber experimentado el conflicto durante buena parte de su vida, estudiar en el internado es la primera oportunidad que tienen muchas niñas para proseguir con su educación. “En esta escuela fue donde empecé a utilizar Internet. Aquí aprendí lo que es el hardware y el software informático”, recuerda Nyamam.

Nos explica los numerosos desafíos a los que se enfrentan las niñas en el campamento debido a la existencia de unos estereotipos de género profundamente arraigados. “Las que consiguen una plaza en la escuela, cuando llegan a casa tienen que dejar los libros para ocuparse de cocinar y de las tareas del hogar, porque los niños no hacen ese tipo de trabajo. Así que las niñas no tienen tiempo para estudiar. Poder estudiar en un internado es un privilegio”. Un privilegio que Nyamam está decidida a aprovechar al máximo.

Ella y sus compañeras (150 alumnas en total) han aprendido a diseñar sitios web, videojuegos y certificados utilizando HTML y Scratch, un lenguaje de programación en línea gratuito. Todos los viernes tienen clase de informática, y el club de TIC de la escuela cuenta con 30 miembros.

Nyamam Gai Gatluak y Mumina Khalif usan sus tabletas para escribir códigos en lenguaje de programación Scratch, que se utilizan para crear y jugar videojuegos. Foto: ONU Mujeres/Ryan Brown

Con la tecnología y las herramientas digitales en sus manos, las aspiraciones de las niñas son infinitas. Juntas, Umohoza, Nyamam y Mumina han desarrollado un videojuego y planean crear una aplicación para dispositivos móviles.

“Queremos trabajar juntas cuando seamos mayores para hacer que el aprendizaje sea más fácil para las niñas”, afirma Nyamam, que tiene una idea para una aplicación con la que las niñas de las zonas rurales puedan aprender a escribir código.

Umohoza, por su parte, nos cuenta que su sueño es “crear una red social para todas las escuelas del mundo —como Facebook— en la que las y los estudiantes puedan compartir diferentes ideas y experiencias”. Explica que los niveles de aprendizaje pueden variar de forma considerable de unas escuelas a otras, por lo que las y los estudiantes se beneficiarían de disponer de una herramienta que les permita compartir conocimientos y favorezca el aprendizaje mutuo.

Umohoza conoce de primera mano la importancia de que las niñas puedan acceder a una educación estandarizada de alta calidad, incluso en entornos de conflicto y en situaciones de desplazamiento. Nos cuenta que en Kakuma no hay demasiadas escuelas y que muchas de las niñas provienen de la República Democrática del Congo, Burundi y otros países en los que estudiaban en francés. “Cuando llegan a Kakuma no saben inglés, por lo que se les asignan cursos más bajos. Eso hace que se sientan avergonzadas y abandonen la escuela”.

Umohoza Hurlarain, en el aula utilizada para las clases de informática y el club de TIC. Foto: ONU Mujeres/Ryan Brown

Umohoza está ansiosa por poner en práctica sus conocimientos informáticos y resolver los problemas que sufre su comunidad. “Si podemos utilizar la tecnología para enseñar inglés, incluso a las niñas que no van a la escuela, eso las ayudaría mucho”, dice.

Mumina hace un gesto de asentimiento. “Antes iba a la escuela en Somalia, pero allí los métodos de aprendizaje eran completamente diferentes, de modo que tuve que volver a empezar desde primer curso [en Kakuma]”. Debido a los reveses que sufrió en su educación, a Mumina le apasiona el tema del derecho de las niñas a la educación y la igualdad de oportunidades. “Sólo hay un internado para niñas en Kakuma, y no es suficiente”, afirma valientemente.

Nyamam Gai Gatluak posa en el exterior de la escuela de enseñanza primaria Angelina Jolie. Foto: ONU Mujeres/Ryan Brown

En Kakuma y en todo el mundo las jóvenes experimentan desigualdades de acceso a la educación y el desarrollo de sus aptitudes, sobre todo en el campo de las TIC. Estas tres estudiantes de informática se han convertido en firmes defensoras de sus propios derechos y los de sus compañeras, luchando contra los sesgos y estereotipos de género que obstaculizan a las niñas el acceso a un conocimiento y unas aptitudes tan valiosos para ellas.

“Pocas niñas y mujeres entran en este campo. Predominan los hombres, pero me gustaría que las niñas sepan que pueden hacer grandes cosas”, dice Nyamam.



Umuhoza añade que “si tienes un talento o un sueño, díselo a la gente. Muéstraselo. Debemos enseñarles nuestras capacidades y que podemos cambiar el mundo”. En el marco de un programa regional denominado “Liderazgo, empoderamiento, acceso y protección de las mujeres en la respuesta a las crisis”, financiado por el Gobierno de Japón, ONU Mujeres apoyó un proyecto en el campamento de Kakuma y el asentamiento de Kalobeyei que consiguió llegar a 2 850 personas en tan sólo un año (2018-2019). El proyecto dotó a las mujeres de estos campamentos y de la comunidad de acogida de aptitudes de subsistencia y de liderazgo. Además, respaldó los esfuerzos de promoción dirigidos a prevenir la violencia contra las mujeres, mejorar el acceso de las niñas a la tecnología e involucrar a un mayor número de mujeres en la acción humanitaria.

ONU Mujeres

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