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Votar por imperativo democrático

OPINIÓN de Joan del Alcàzar.- Mañana domingo* es día electoral. De nuevo hay que abrir los colegios y de nuevo la ciudadanía está convocada a manifestar su apoyo a una u otra de las candidaturas que pugnan por obtener mayor representación en el congreso de los diputados de Madrid.

Todo el mundo habla del cansancio, del hartazgo de los electores, y es un lugar común afirmar que estamos ante unos comicios que no deberían haberse convocado. Es cierto.

En los celebrados en abril, los dos partidos principales del escenario español recibieron un mensaje claro de la ciudadanía: el PSOE debía gobernar, con una mayoría insuficiente que lo obligaba a pactos con otras formaciones políticas; mientras que el PP era castigado con el peor resultado de su historia, como respuesta de los electores conservadores a la radicalización reaccionaria de Pablo Casado.

Pedro Sánchez, candidato socialista a la presidencia del gobierno no supo gestionar su victoria. Ni quiso explorar un camino poco conocido en cuanto a formar el gobierno central de España, que es el de los pactos y las negociaciones entre adversarios. Entre aquellos que, con sus diferencias, comparten valores y propuestas de progreso para la sociedad española.

No toda la responsabilidad en el fracaso de formar gobierno es de Sánchez, pero es a quien hay que adjudicarle la mayor parte. Una mezcla de altivez y miopía; unas pretensiones entre infantiles y maquiavélicas de andar por casa; unos asesores doctorados en ruleta rusa y una dirección que acata muda lo que diga el líder y su grupo de confianza, han desembocado en la cita electoral de mañana.

El resto de formaciones de la izquierda también cargan con una buena dosis de responsabilidad, especialmente Unidas Podemos y su líder Pablo Iglesias. Otros, como Esquerra Republicana de Cataluña deberían explicar igualmente su actuación en estos últimos meses que, sin duda, debería haber sido más valiente.

Pepe Mujica, el ex presidente uruguayo se preguntaba recientemente, con incredulidad, qué pasa en España y, acto seguido, respondía "la izquierda a allí no se une ni por decreto". Son muchos años y mucha sabiduría las que acumula Mujica. En su opinión: "la plaga de la izquierda ha sido la poca capacidad de juntar" (...) "no sabe negociar, cada sello se cree que las sabe todas y lo único que hace es dividir las fuerzas que deberían estar luchando conjuntamente hombro con hombro por la superación de su pueblo".

Contrariamente a la incapacidad de la izquierda, el líder uruguayo sentencia: "las derechas, que son mucho más prácticas, tienden a unirse por intereses”. Demasiado que lo sabemos. Nadie duda de que si el domingo por la noche el PP, Ciudadanos y Vox suman para formar gobierno, Pablo Casado será presidente y Santiago Abascal vice presidente antes de que termine la semana.

El post-fascismo de Vox, por decirlo con Enzo Traverso, ha entrado en escena de la mano de "la derechita cobarde", como los neo franquistas califican al PP y a Ciudadanos. Ellos le han abierto la puerta para gobernar de manera indirecta pero efectiva en Andalucía, en Madrid y en otras regiones y ciudades. Ellos han hecho posible que sus dirigentes campen por los platós de televisión en prime time mintiendo, difamando, insultando y amenazando a los demás partidos políticos, a las mujeres, a los homosexuales, a los inmigrantes, a los que no comparten su visión uniforme y castradora de España. Son los "Novios de la muerte", como cantaban ayer en la Plaza de Colón en el mitin de cierre de campaña.

Constituyen, a no dudarlo, un peligro efectivo, tangible, posible para la democracia española, a la que quieren dar marcha atrás hasta volver a la época previa al debate constitucional de los años setenta.

Es necesario, pues, que los demócratas se movilicen masivamente mañana y llenen las urnas de votos progresistas, de votos a favor de la libertad, la convivencia, la negociación y el pacto para conformar, esta vez sí, un acuerdo de legislatura que permita afrontar con un gobierno de garantías tantas borrascas y turbulencias como tenemos por delante.

Es cierto que hay desánimo y rabia entre los electores progresistas; es cierto que la tentación de castigar unos líderes insolventes puede ser fuerte para muchos. Pero hay que pensar en lo que puede pasar el lunes si "Los novios de la muerte" y la "derechita cobarde", cogiditos de la mano, se hacen con el gobierno de España.

Es un imperativo democrático evitarlo, y la única forma de hacerlo es votar por las candidaturas de la izquierda, tan diversa y variada ella.

*Texto recibido el sábado 9 de noviembre (Nota de la editora)

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