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Crimen político en México

OPINIÓN de Samuel Schmidt 

En 1988 poco antes de la elección presidencial, fue asesinado Francisco Xavier Ovando Hernández a quién le correspondía recoger los resultados de la elección en todo el país para el Frente Democrático Nacional, el había construido una red para tener información inmediata después de los comicios, el era un personaje clave para inhibir el fraude electoral; junto con el asesinaron a su secretario Román Gil Heráldez. ¿Sería el anuncio del fraude que venía y que terminó a fraguarse cuándo el gobierno tiró el sistema para ajustar los datos electorales. ¡Se cayó! dijo Bartlett, los críticos dijero “se calló”, porque aunque puede haber accidentes tecnológicos que tiren un sistema, normalmente los sistemas no se caen solos o como cuando alguien después de hacerte un estropicio te dice: ¡se rompió! Al secretario de gobernación le faltó decir se murió Ovando, como si el asesinato político fuera simplemente la muerte de alguien. Por cierto, la policía de Tulum dijo que se murió la mujer que asesinaron los policías.  Desde 1988 empezó una persecución despiadada contra el PRD, que resultó que 696 de sus militantes fueran asesinados y 900 perseguidos, desaparecidos y presos hasta 2007. Al parecer el gobierno resultante del fraude electoral, se atemorizó ante la alternativa de izquierda que le ganó la elección contra el neoliberalismo y respondió con toda la fuerza del terror de Estado contra los que consideraba sus enemigos y a los que les arrebataba el derecho y la opción de oponerse al gobierno; ya más adelante se apoderó del PRD una camarilla voraz y corrupta que negoció con sus viejos enemigos. Bien dicen, poderoso caballero es don dinero.  En 1994 asesinaron a Luis Donaldo Colosio, candidato presidencial del PRI de quién se decía que modernizaría el sistema, aunque era una carta de Salinas de Gortari. Unos meses después asesinaron al ex cuñado de Salinas, José Francisco Ruiz Massieu que estaba enfilado para ser el líder del congreso. Su hermano Mario culpó al gobierno de Salinas del asesinato. ¿Será que la familia revolucionaria se desquebrajaba y ajustaba cuentas entre sí a balazos?  Entre los asesinados debemos incluir a los periodistas. De 2000 a la fecha, según ARTICLE 19, han sido asesinados 137 periodistas, de los cuales 126 son hombres y 11 son mujeres. México ha sido denunciado internacionalmente como un país muy peligroso para el ejercicio del periodismo y muchos periodistas son héroes. Los asesinados han caído por varias causas, una de peso es la intención de callarlos para crear una zona de silencio, de tal manera que la sociedad no se entere de las conexiones entre crimen y política.  

La campaña política de 2018 fue sangrienta registrando un saldo de 152 políticos asesinados -48 precandidatos y candidatos- y 774 agresiones contra políticos y 429 contra funcionarios no electos.  

Las elecciones de 2021 pueden resultar peor, todavía no empiezan las campañas y ya llevamos 73 casos de violencia política, incluidos 64 homicidios, principalmente en los estados de Guerrero, Oaxaca, Veracruz, Baja California, Jalisco, Guanajuato y Morelos. No se puede precisar cuántas de esas personas eran candidatas pero podemos temer que la cantidad ascenderá para alcanzar las cifras de 2018.  

El asesinato político en México no es cosa nueva, podemos recordar como por medio del crimen se decantaron las fracciones revolucionarias, el asesinato de un presidente en busca de la reelección, y la práctica ha seguido con el asesinato de líderes políticos, y muy importante la eliminación de líderes sociales. En la última década que vivimos fueron asesinados 108 activistas, de ellos 85 (66%) eran de los pueblos originarios.  

Han sido asesinados personas que luchaban por proteger el medio ambiente, la defensa de la tierra y el territorio, la protesta contra megaproyectos; todos fueron amedrentados o intimidados. Wikipedia reporta que durante el primer año de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, 15 activistas perdieron la vida.  No sería exagerado sostener que el asesinato político representa el fracaso de la política, representa el dominio de los intereses criminales y sus socios políticos por encima del bien común y social.   

El crimen ha impuesto su política ambiental, ya sea talando bosques o asesinando líderes opuestos a una planta hidroeléctrica que afecta el agua de una comunidad. El crimen incide en la política de seguridad al asesinar a los policías que les son incómodos, El crimen está imponiendo reglas electorales al eliminar a las candidatas indeseadas.   

El asesinato político se ha convertido en una práctica generalizada que no discrimina tiempos electorales, género, o edad. Se ha vuelto la comida de cada día, sus números son escalofriantes y su impacto muy preocupante para la salud política y democrática.  

 

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