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En Jerusalén hay un sólo demonio: elsionismo y Netanyahu

BASTA DE REPETIR LA TEORÍA DE “LOS DOS DEMONIOS”

OPINIÓN de Sergio Ortiz


En Jerusalén o Al Quds para los árabes hubo nuevas muestras de la criminalidad del sionismo, gobernante del Estado de Israel. El 7 de mayo, en el mes del Ramadán, de culto de los musulmanes (la mayoría de los palestinos lo son) y en la Mezquita de Al Aqsa y Explanada de las Mezquitas se iban a congregar miles de fieles. Eso, a pesar de que en los días previos había habido represión israelí, en ascenso. La brutalidad represiva de ese día siguió sábado y domingo, y todo eso desembocó el lunes 10, cuando dos hechos podían agravar la situación.

Por un lado, los sionistas festejarían con una manifestación lo que consideran “Día de Jerusalén”, conmemorando la fecha en que la ciudad fue tomada en la Guerra de los 6 días, en 1967, despojando a los palestinos.

El otro elemento explosivo era una audiencia por el desalojo de familias palestinas de sus hogares en el barrio de Sheikh Jarrah, en Jerusalén Este, para implantar allí a más colonos israelíes y seguir con la “depuración étnica” de la que debería ser capital del futuro y tan demorado estado de Palestina.

Al final esta audiencia judicial fue postergada y la marcha de los neonazis se hizo sólo parcialmente, sin pasar por la Explanada como era la provocación original.

¿Qué había ocurrido? La lucha de los palestinos y la brutalidad de la represión generó una situación explosiva. El gobierno de Benjamin Netanyahu, principal incendiario, no quiso que el cuadro se agravara más. Ya estaba en llamas por sus decisiones de reprimir allí en Jerusalén y bombardear la Franja de Gaza.

Quiero llamar la atención de los lectores. La cronología de los sucesos indica claramente quién fue el agresor y quién el agredido. El viernes 7 hubo represión en la Explanada de las Mezquitas, ordenada por Netanyahu, contra los palestinos, que siguió en días posteriores. Recién el lunes 10 el Movimiento de Resistencia Islámica, Hamas, cuyo jefe político es Ismail Haniyeh, disparó cohetes desde Gaza hacia localidades del sur israelí y algún barrio periférico de Jerusalén. Antes reclamó al primer ministro que dejara de reprimir y retirara sus efectivos de esa zona sagrada para los musulmanes. Como la represión siguió, lanzaron cohetes de poco poder destructivo, la mayor parte de los cuales fue interceptado por el “Escudo de Hierro” de los sionistas. Lamentablemente esos cohetes mataron a tres mujeres israelíes.

Antes Israel reprimió en Jerusalén y bombardeó con tanques y misiles de aviones y helicópteros a Gaza, provocando, según los palestinos, 32 muertos, entre ellos 9 niños y niñas. Los heridos allí y en Jerusalén fueron 550.

Pese a que esa secuencia deja claro que Israel fue el agresor, Netanyahu se puso en víctima y justificó sus bombardeos con que Hamas “pasó una línea roja”.

Que lo diga ese acusado de tantos delitos comunes y de lesa humanidad, se entiende. Las agencias internacionales de noticias y los medios hegemónicos de Argentina, casos de Clarín, La Nación y Desinfobae, mienten descaradamente. Sus despachos acusaron de modo unilateral a los “extremistas palestinos” y, a lo sumo usaron la teoría de “los dos demonios”, igualando la violencia del primer ministro con la de los palestinos.

Va un ejemplo. Clarín el 10/5 tituló: “Israel atacó con tanques objetivos terroristas de Hamas en represalia a cohetes lanzados desde Gaza. El Ejército israelí denunció los lanzamientos de proyectiles hacia su territorio”. Una mentira, porque omitió que Israel reprimió, hirió y detuvo a centenares de palestinos en la Explanada el viernes 7 y subsiguientes. Recién el lunes Hamas lanzó sus cohetes, rudimentarios.


Motivos electorales y personales

Nos estamos refiriendo sólo a los hechos últimos. Si vamos hacia atrás en el tiempo, se reafirmará el rol criminal de Netanyahu en guerras contra los palestinos de Gaza, la última en 2014, con miles de muertos civiles.

El 5 de febrero pasado la Corte Penal Internacional resolvió que tiene competencia para entender en las denuncias contra ese primer ministro por los crímenes de lesa humanidad cometidos en esa enésima agresión a la Franja. La pobrísima línea defensiva del acusado fue que la CPI no puede intervenir porque Palestina no es un estado. No pudo decir que era inocente…

La represión violenta en Gaza, con 32 muertos y la réplica palestina que costó tres vidas israelíes le viene bien a “Bibi” para embanderarse en una “causa nacional” y religiosa, y blindarse frente a las acusaciones del tribunal de La Haya y buena parte del mundo. El criminal extraña a su socio mayor Donald Trump aunque cree que con Joe Biden podrá llevarse bien, sobre todo con la vice pro sionista, Kamala Harris. El resto de sus alianzas internacionales son muy escuálidas: apenas los monarcas sauditas y los de Emiratos Árabes Unidos. Algún asesor del argentino Alberto Fernández, quien en su primera gira internacional tuvo la deferencia de visitarlo y reunirse, almorzando con sus respectivas esposas, le habrá aconsejado quemar esas fotos.

Netanyahu no es bien visto por la mayoría de su país. Hubo cuatro elecciones en dos años, la última el 23 de marzo pasado, y no logró votos ni alianzas para sumar 61 bancas en la Knesset, masa crítica para formar gobierno. El 2 de junio se le vence el mandato que le encargó el presidente, Reuven Rivlin. Por eso esta demostración de fuerzas anti palestina busca atraer más apoyo de derecha y renovar su ruinoso mandato.

El tipo está apremiado con causas judiciales: por primera vez en Israel se enjuicia a un primer ministro en funciones. El 5 de abril comenzaron las audiencias que lo tienen en el banquillo de los acusados, por corrupción, fraude y abuso de confianza. La fiscal general Liat Ben-Ari argumentó que aquél hizo un mal uso del “gran poder gubernamental que se le confió, entre otras cosas, para exigir y obtener beneficios indebidos de los propietarios de los principales medios de comunicación en Israel con el fin de promover sus intereses personales, incluso cuando aspiró a ser reelecto”.

Dos de las tres causas son por su aprovechamiento de los favores de los medios de incomunicación. Así fue cómo el discípulo de Goebbels trataba de mejorar su imagen.

En las agencias internacionales y sus retretes argentinos se ha elogiado hasta el cansancio la performance de Israel en vacunación. Otra verdad a medias, o sea una mentira. Es cierto que la vacunación de ese país alcanzó al 53,5 por ciento de su población, pero sólo 3 por ciento de los palestinos fue vacunado. En Gaza viven 2 millones de personas, pero Tel Aviv dejó pasar 120.000 dosis de vacunas. Y en esa Franja está el mayor número de infecciones diarias desde el comienzo de la pandemia.

Quiere decir que el plan de exterminio combina el bloqueo terrestre, aéreo y marítimo; los bombardeos sistemáticos y las muertes por privación de vacunas.

Está de visita en Buenos Aires una delegación israelí, auspiciada por el embajador en Tel Aviv Sergio Urribarri, que vino a buscar voluntarios para la fase III de una vacuna israelí, la Brilife. Hubo agasajo de la embajada de Israel, del titular de la Cámara de Comercio argentino-israelí Mario Montoto (ex monto y socio del esposo de Patricia Bullrich) y los dirigentes de la DAIA.

Los israelíes hablaron de fabricar esa vacuna en Argentina. Todas las vacunas son bienvenidas acá menos la chantajista Pfizer que usó “Bibi” en su país, pero esa delegación del Instituto Biológico de Israel y el Hospital Haadassah debe saber que muchos argentinos queremos que esas futuras vacunas y las que ya existen en las heladeras de Israel, sean utilizadas también para salvar vidas palestinas. Caso contrario, a la Brilife, cuando esté acá para ser usada, la declinaremos cortésmente, con un corte de mangas y agitando la bandera palestina.

Sergio Ortiz
https://plsergio.wixsite.com/lasemanapolitica/post/en-jerusal%C3%A9n-hay-un-s%C3%B3lo-demonio-el-sionismo-y-netanyahu

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