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Mucha rosca para las PASO, pero poco Pan, Tierra y Trabajo

La vacunación, una buena carta; la economía, con leve recuperación


Muchos nombres y pocas ideas antiimperialistas

El sábado 24 debían inscribirse las listas de precandidatos a los diversos cargos de los diferentes partidos y coaliciones. Los más altos dirigentes de los mismos y, sobre todo sus apoderados, tuvieron que laburar de lo lindo. Es que aún faltando pocas horas para el cierre de la medianoche, seguían las marchas y contramarchas, cambios de lugares y trenzas para que algunos ganaran algún casillero y otros no retrocedieran tanto hasta caerse debajo de la línea donde el candidato se convierte en mero figuretti sin posibilidad de entrar en  concejos, legislaturas y Congreso Nacional.

Algunos con muchos afiliados y otros muy pocos, los partidos argentinos con reconocimiento nacional son 67; en realidad son más, sin personerías. Y hubo fichas truchas de aportes y afiliados, como se vio en elecciones pasadas en  Juntos por el Cambio, que gambeteó a la justicia. 

¿Acaso esa superabundancia de partidos es sinónimo de democracia participativa?  Los defensores del modelo capitalista sostienen que sí, y que en cambio, sistemas como el cubano, con un sólo partido, serían una “dictadura”. Es un debate apasionante porque los apologistas de la democracia capitalista no quieren atender las razones cubanas. Éstas alegan que su modelo de unidad les viene del Partido Revolucionario Cubano, fundado por José Martí en 1892,  y es sinónimo de la unidad de ese pueblo. Ese partido único no propone ni aprueba candidatos a las elecciones cubanas, sino los vecinos. Por eso no hay disputas internas ni entre agrupaciones como las de Argentina, a veces las primeras son más ásperas y hasta sangrientas que frente a los de afuera.

Para valorar a uno y otro sistema político y electoral lo esencial no es la cantidad de partidos ni de candidatos, ni si tienen PASO o no. Se deben tener en cuenta las propuestas y logros, a la luz de balances objetivos, dejando de lado las mentiras o las exageraciones y medias verdades.

Y con ese criterio, los cubanos, que no son agrandados, aguardarían tranquilos las comparaciones y exámenes. Y explicarán cómo es su sistema martiano y fidelista, aún atravesando grandes dificultades sobre todo económicas, derivadas mayoritariamente del bloqueo pero no sólo de este. 

En el caso argentino los partidos mayoritarios, o sea la coalición Frente de Todos y la oposición nucleada (es una forma de decir porque está bastante dividida) en Juntos por el Cambio (incluso en algunos distritos ya no se llama así), no hicieron congresos ni asambleas para armar sus listas, ni por vía virtual. Las roscas de dirigentes lo decidieron todo. Un dato a tener en cuenta.


CANDIDATOS Y CANDIDATAS

Entre los dirigentes en los primeros tramos de las listas del FDT hay dirigentes valiosos y reconocidos. Por ejemplo, en el segundo lugar de diputados nacionales en provincia de Buenos Aires va el médico Daniel Gollán, de militancia popular y actual ministro de Salud bonaerense, que ha lidiado mucho contra la pandemia. En esa lista va en cuarto lugar el dirigente de los empleados bancarios, Sergio Palazzo, que, si bien está lejos de ser un Agustín Tosco, ha defendido a los trabajadores y puso distancias políticas con los sindicalistas-empresarios de la CGT de Azopardo.

No se puede decir lo mismo de los candidatos que defienden los colores amarillentos de Juntos por el Cambio. En Buenos Aires va el actual vicejefe porteño, Diego Santilli, de origen peronista de derecha mudado al macrismo hace años. Ahora cambia a la provincia para diputados, que sería sólo un escalón hacia el sillón que hoy ocupa Axel Kicillof. Ese es el objetivo del “Colorado”, que promete ir hacia la provincia para trabajar para los que están sufriendo y otras mentiras.

Y a su vez María Eugenia Vidal, que había pasado a la provincia que gobernó entre 2015 y 2019 haciendo un ajuste y desastre tras otro, volvió a la Capital para encabezar la lista de diputados. No es porque quiera a los porteños sino porque su figura de “hada buena” se incendió en aquella gestión neoliberal y vuelve a pisar terreno que considera seguro. Al menos lo es desde 2007. Quizás también lo haga pensando en 2023, aunque en ese caso debería enfrentarse con su actual patrón, Horacio Rodríguez Larreta, el presidenciable de este espectro hoy dividido donde lo único bueno es que la figura de Mauricio Macri tuvo que ser escondida y desterrada, por la mala onda que suscita.

¿Qué pueden aportarle a los porteños y bonaerenses Vidal y Santilli? Nada bueno, como tampoco Mario Negri en Córdoba, Alfredo Cornejo en Mendoza y así en los demás distritos.

En términos comparativos, el Frente de Todos presentó candidatos renovados en CABA y Provincia, pero las cabezas de lista dejan que desear. De Leandro Santoro, un exradical antiK que mudó a kirchnerista como su padrino Leopoldo Moreau, la mayor virtud que le han encomiado es que argumenta bien cuando va a los programas de TV. ¿Eso alcanza para definir un buen político? ¿Es una militancia comprobada? 

Algo parecido pasa con Victoria Tolosa Paz, derrotada varias veces en su aspiración de ser intendenta de La Plata y que en 2020 recaló en el “Consejo contra el Hambre”. Y resulta que la pobreza abarca al 42 por ciento de los argentinos y más de 3 millones padecen hambre y carencias alimentarias. El ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo, admitió en mayo pasado que el 57 por ciento de los pobres son menores de 14 años.

Entonces no se entiende bien qué cosa hizo bien Tolosa Paz para ser ungida como la número 1 de la lista. Y quizás sí se explica por qué a Arroyo lo mandaron al lugar 12.

También pesan las amistades y parentelas para lograr mejores chances. Sin caer en ningún golpe bajo, hay que recordar que Tolosa Paz es la mujer de Pepe Albistur, quien le prestó muchos años a Alberto Fernández su departamento en el concheto Puerto Madero, sin cobrarle alquiler.

La conclusión política es que muchos candidatos están allí no por su militancia y merecimientos. Ya se hizo la aclaración de que en el FDT hay buenos como Gollán, Palazzo, Agustín Rossi, etc, y también en listas del FITU, como Myriam Bregman. Pero en términos generales los mejores puestos son de gente blanquita como bien se quejó Juan Grabois; gente mediocre y con algo más que las necesidades básicas muy satisfechas, agrego yo.

¿Y LAS PROPUESTAS?

En toda elección que se precie de popular deberían elegirse democráticamente los candidatos, según sus merecimientos. Muchos no dan ese pinet, aún poniéndole la vara baja, no al nivel de estadistas ni mucho menos.

El otro requisito es que los que vienen con varios mandatos encima, tendrían que rendir cuentas y hacer un balance. ¿Qué proyectos presentaron y versando sobre qué materias y necesidades populares?¿Y qué pasó con ellos, si fueron aprobados o no, si avanzaron o fueron demorados?

Dos ejemplos de lo que no debe hacerse. Reporteado por Rolando Graña en América, Grabois recordó que el proyecto de ley para urbanización de barrios populares se aprobó por unanimidad de ambas cámaras hace dos años, pero se avanzó muy poco. 

Otro ejemplo. Círculos kirchneristas se quejaron que Sergio Massa tiene cajoneada una treintena de proyectos que llegaron con media sanción del Senado. Uno de ellos es el de la módica “reforma judicial”, a la que el nombre le queda grande y así y todo duerme un siesta santiagueña en la Cámara presidida por el mejor amigo de la embajada de EE UU.

Esto nos lleva al meollo de lo que debería ser una campaña, con propuestas, sin mentiras del “Salariazo y Revolución Productiva” menemista, o la “Pobreza Cero” y “la inflación es lo más fácil de resolver”, Macri dixit.

Las propuestas no pueden venir de las filas macristas o larretistas porque éstos quieren un dólar a 400 pesos, desean que tuviéramos 250.000 muertos por COVID-19 para facturarlos al gobierno actual, etc. Esta gente mira todo al revés. Como el gobierno firmó contratos para la Sputnik, la oposición lo cuestionó y prefirió a Pfizer, aún con sus condiciones leoninas. Y cuando la asesora Cecilia Nicolini le reclamó al directorio ruso por las demoras en el envío de la dosis 2 de la vacuna, presentaron las cosas como que el gobierno argentino estaba admitiendo ser súbdito de Moscú.

Un problema grave es la falta de profundidad de las políticas del gobierno peronista. Puso el aporte a las grandes fortunas por única vez con una alícuota del 2 por ciento, pero Martín Guzmán propone a nivel internacional una tasa del 22 por ciento o más a las transnacionales, permanente. ¿Por qué acá no? El gobierno retomó un plan para terminar 11.000 viviendas, lo que es bueno, aunque insuficiente. El presidente AF dijo que en ese plan hay cemento e hierro argentino. Error. El cemento es de Loma Negra y grupo suizo Holcim; el hierro y acero son de Techint y Acindar, y así de seguido con los monopolios.

El ajuste a los salarios y jubilaciones continúa, en línea con el FMI, y eso no se cura con bonos de 5.000 pesos que no van al básico. Se viene ejecutando un ajuste, buscando el acuerdo con Kristalina Georgieva, al punto que en el primer semestre del año el déficit fiscal primario fue de sólo el 0,5 por ciento. O sea que Guzmán ajustó al máximo el gasto público, en sintonía con el FMI.

CFK ya admitió que los fondos a recibir de aquella entidad, los Derechos Especiales de Giro, no podrán ser utilizados para fines sociales y atención de la economía. El acuerdo de la renegociación de la deuda externa será abonado con nuestro sacrificio, pese a que esa deuda la contrajo en forma ilegal e ilegítima Macri y sus empresarios amigos.

Hay 42 millones de vacunas, eso es lo bueno. Pero hay 42 por ciento de pobres y el gobierno no dirá cómo solucionar los dramas urgentes de trabajo, ingresos, inflación, alimentación, tierra y techo para los argentinos. 

La crisis ha corregido el dicho de Raúl Alfonsín. Con esta democracia no se come, no se educa y no se cura.

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