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Somos Bacterias y Parásitos

OPINIÓN de Mauricio Castaño H






Las bacterias, los virus y los parásitos a los que tanto tememos son los mismos de los que estamos hechos. Nuestra carne que tanto teme a las bacterias, está constituida por ellas en un 90% y tan sólo el 10% corresponde a factores humanos. Y más paradójico es decir que nosotros, seres humanos, somos sus peones, millones de bacterias en bandadas son los que determinan nuestros compartamientos. Nuestras emociones de amor y odio son comandadas por esos seres minúsculos bajo el sólo designio de la sobrevivencia. La tesis es de Oliver Diens.


Somos seres del lenguaje se lo dice a diario, y el gesto más humano es la herramienta con la cual nos exteriorizamos. La mano que acaricia pero que también amenaza y golpea, nos devela en lo que somos, a la cultura a la cual nos debemos. Ese gesto que nos exterioriza es a la vez una misma tendencia al vacío, a vaciarnos de todo aquello que llevamos por dentro. ¿Quien no ha notado esa tendencia al vacío pero a su vez la angustia por el vértigo de la desolación? ¿Cuál es la razón por la cuál nos levantamos, para mantenernos de pie cada día para persistir por la vida, para mantenernos en pie de lucha? Puede ser cualquier razón menos esa cosa llamada libre albedrío. Bancos de parásitos, manadas de bacterias son las que comandan nuestros sentimientoss de amor, odio, alegría, angustia. Una sóla razón hay para ello: la sobrevivencia de la especie.


Somos múltiples y operamos por bricolaje sin necesidad de proyectos y mucho menos teleologías, el azar es la constante. La vida es frágil y nuestro suelo de barro no es tan firme. Nuestra sobrevivencia es agenciada por grupos bacteriales y lo que llamamos cultura no es más que su rostro. Aquello tan característico llamado cerebro o consciencia es consecuencia y no causa, y sirve a ese propósito de sobrevivir, de persistir en la vida. El cerebro es un dispositivo que en el humano permite tener consciencia de sí mismo, en especial de su propia muerte. Pero sobre todo es un mecanismo al servicio de la sobrevivencia. El relato le es más común, nos encantan nos cuenten historias que halagan o advierten del peligro. Esto es fijar lo que la cultura ha encontrado de valioso para la vida. El rostro es una compleja máscara de cultura que los hombres llevan. La cultura es una capa que cubre la existencia. ¿Que rejilla se precisa para su discernimiento? En la introducción de las palabras y las cosas de Foucault se lee: "el hombre es sólo una invención reciente, una figura que no tiene ni dos siglos, un simple pliegue en nuestro saber y que desaparecerá en cuanto éste encuentre una forma nueva."


Existencia quiera decir estar por fuera, ex sistir. La palabra existir viene del latín exsistere (aparecer, emerger, ser), compuesta del prefijo ex- (hacia fuera) y el verbo sistere (tomar posición, estar fijo). Nos exteriorizamos a la perfección en las máquinas que repiten sin fatiga los gestos de golpear. Los automatismos mecánicos nos superan, nos rebasan como en la película Tiempos Modernos de Chaplin, al punto que el obrero nos es más que un pedazo de carne que se adhiere más mal que bien a la máquina. Todo el tiempo nos exteriorizamos al punto de decir que todo lo de adentro está afuera, lo más profundo es la piel, en la superficie se devela el adentro para el ojo atento que sabe leer los signos como el médico que con sólo echar un vistazo, ya sabe diagnosticar ese adentro que hace sufrir. Todo esta es una mirada en perspectiva. Perspectivistas viene a bien llamar esta pedagogía de aventurar explicaciones a esto llamado vida o existencia, que hoy decimos de la importancia de las bacterias pero que la belleza nos cautiva y los peligros nos repelen. Y los sentimientos estéticos no son otra forma de llamar invención a eso que nos reafirma en la vida.


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