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Las trabajadoras de hogar y cuidados se movilizan en la puerta del Ministerio de Trabajo y Economía Social


Madrid, 31 mar 22. AmecoPress. - Estar a las 12 de la mañana de un miércoles en la puerta del Ministerio de Trabajo no es fácil para mucha gente, mucho más si trabajas en una casa, limpiando, cocinando, cuidando a niños y niñas, a personas ancianas o con algún tipo de dependencia. Aunque ese miércoles sea 30 de marzo, que es la fecha que conmemora el trabajo de hogar y de cuidados, no es fácil. Pues estuvieron, algunas venidas de Barcelona o Valencia, un grupo de mujeres de distintas organizaciones de trabajadoras de hogar y cuidados llegó a la puerta del Ministerio para hacer entrega de una carta en la que reivindican sus derechos y concretamente, exigen que España ratifique el Convenio 189 de la OIT y que se integre al sector de una vez por todas en el Régimen General, para equipararse con el resto de trabajadoras y trabajadores del país. Pero no, ni se las recibió ni se les dejó registrar la misiva porque el protocolo exige hacerlo mediante cita previa que hay que solicitar por internet. Quien las siga y las conozca sabe que, a pesar de los impedimentos, lograrán registrar no solo esa carta, sino las que haga falta.

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Alicia Pacas es una mujer salvadoreña de 69 años que se sostiene con ayuda de una muleta. Ha venido al Ministerio representando al Sindicato de Trabajadoras del Hogar y los Cuidados (SINTRAHOCU), el primero de ámbito estatal, que se fundó en 2020. Insiste: “tienen que reconocer nuestros derechos. El Tribunal Europeo nos ha dado la razón”, dice haciendo referencia a la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) que, entre otras cosas, asegura que negar el acceso a la prestación por desempleo a estas casi 400.000 mujeres es contrario a la directiva europea de igualdad de trato entre hombres y mujeres en materia de Seguridad Social.

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Alicia Pacas lleva trabajando 15 años en España como trabajadora de hogar. “A veces me siento en una esquina de la cama y pienso que no tengo nada”, comparte mirando al futuro y haciendo referencia a una precariedad que se perpetúa más allá de la “jubilación”. Pero al instante su cara se ilumina: “y menos mal que las tengo a ellas”, dice señalando a las mujeres reunidas en la puerta del Ministerio, “sé que ante cualquier dificultad tengo compañeras que me van a ayudar, como yo he ayudado a muchas”. Eso, es tiempos de exaltación del individualismo como estilo de vida, es una profunda conquista. La sindicalista lo sabe: “Si te quedas sola y te aíslas ¿quién eres?”

También Marga, de Territorio Doméstico, reivindica la importancia de estar organizadas. “Muchas veces no conoces tus derechos hasta que no participas en alguna asamblea o hablas con las compañeras, cuando tienes la información de lo que te corresponde es más fácil reclamarlos”, dice esta vecina de Ventilla, que trabaja por horas y se ha escapado para venir a la convocatoria. Aunque al principio se muestra insegura, acaba hablando con soltura para la televisión, que está cubriendo una acción enmarcada en el Día Internacional de las Trabajadoras de Hogar y Cuidados.

Así es como van aprendiendo, sobre la marcha.

El 32,5 por ciento de las trabajadoras de hogar viven bajo el umbral de la pobreza, según Oxfam Intermón, una situación que se agrava para una de cada 6 mujeres que apenas ganan 16 euros al día. “Enfrentamos una incertidumbre muy grande”, insiste Marga, “hay momentos en los que no sabes cómo pagar una habitación, la luz, la comida…”, recordando seguidamente que ellas no solo se mueven por reivindicar sus derechos, sino porque “los cuidados se valoren como es debido”. En los países en los que se invierte más en servicios públicos, disminuye el número de trabajadoras de hogar y sube con fuerza el de empleadas de servicios sociales, que cuentan con mejores condiciones laborales.

El grupo de trabajadoras de hogar y cuidados que se ha congregado en la puerta del departamento que dirige Yolanda Díaz bien puede ser una muestra representativa del sector. Son mujeres que no llegaron a España por placer, sino por necesidad: empujadas por la situación política, social y económica de sus países de origen. Buscando un futuro mejor para sí y para sus familias, a las que la mayoría envían, así pasen los años, dinero para mantenerse o que trajeron junto a ellas en cuanto les fue posible.

Poco imaginaban que pasarían por situaciones tan complicadas, en ocasiones de maltrato, en España. Y les sigue costando entender que nuestro país, donde vive el 28 por ciento de las empleadas de hogar de toda Europa, siga sin considerar su trabajo del mismo modo que el de cualquier trabajador o trabajadora, sino que las mantenga en un régimen especial que les niega el derecho a percibir la prestación por desempleo, entre otros.

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Malika Ouchitachen, de nacionalidad marroquí y 53 años, con estudios de Filología árabe y de secretaría de dirección de empresas, trabajaba en tres casas de Valencia como empleada del hogar en el barrio de Orriols cuando se decretó el estado de alarma y, como tantas trabajadoras de hogar, vio que las familias la enviaron a casa y dejaron de pagarle sus honorarios. Ha venido hasta Madrid representando a l'Associació Intercultural de Professionals de la Llar i les Cures. También han llegado trabajadoras de Barcelona.

Mientras esperamos a que salga del edificio la única trabajadora que han permitido entrar para entregar la carta en la que exigen “igualdad de trato y respeto a los derechos fundamentales que como trabajadoras tenemos reconocidos dentro del Sistema Universal de Derechos Humanos, Sociales y Políticos”, vamos hilando experiencias y encuentros: las primeras reuniones, los acompañamientos, los casos que se ganaron y los que se perdieron, las primeras jornadas estatales, los libros, las canciones y los delantales que han contribuido a crear un tejido fuerte y reivindicativo. “Se están sumando jóvenes al sector”, asegura Alicia Pacas, “pero cuesta que se organicen”, reconoce, precisando que “la exigencia de los derechos depende mucho de que tengas o no papeles”. Ellas, las trabajadoras en situación administrativa irregular siempre forman parte de las movilizaciones.

Por fin sale Edith. No ha sido posible registrar la carta. Hay que pedir cita por internet. El mensaje actúa como revulsivo. Ni un instante de desesperanza ni una pérdida de energía en el lamento. Las trabajadoras sacan carteles, pancartas y delantales. Lanzan reivindicaciones y también se quejan de que la ministra de Trabajo no haya tenido tiempo para reunirse con ellas.

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“El colectivo de trabajadoras del hogar y cuidados es el único sin derecho a paro, podemos ser despedidas sin causa justificada y estamos excluidas de la ley de prevención de riesgos laborales. Seguimos cuidando a miles de personas que lo necesitan en sus domicilios y que no son atendidas desde un sistema público insuficiente” resume Rafaela Pimentel por el teléfono, ya que no ha podido venir hoy porque está trabajando. La activista anima a sus compañeras e insiste: ¡no nos rendiremos!

Fotos: AmecoPress.
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Economía – Trabajo doméstico – Empleo y género – Mujeres migrantes. 31 mar 22. AmecoPress.





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