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Hojas de ruda

OPINI脫N de Ilka Oliva-Corado


Jesusa camina por la orilla de la banqueta mientras disfruta los amarillos de los mirasoles que adornan los cercos de las casas. En agosto, cuando el calor del verano estadounidense hace reventar los p茅talos silvestres y empieza a sazonar el zacate sembrado en los arriates, el aroma de las flores de lavanda hace que los 煤ltimos d铆as del verano sean inolvidables en su hermosura. Es entonces cuando florecen los girasoles y Jesusa olvida moment谩neamente todos sus dolores.

Come sand铆a, tambi茅n ar谩ndanos y melocotones. Hace ensalada de aguacate con albahaca y lim贸n, prepara limonada con hierbabuena y pone a secar las hojas de ruda para el t茅 que tomar谩 en el invierno. Logr贸 que se le pegara una mata despu茅s de muchos intentos, ya ha sobrevivido a tres inviernos y renace galante en primavera para cuando florecen los cerezos y los 煤ltimos tulipanes despiden la nieve y el hielo negro de la estaci贸n.

S贸lo en agosto, cuando cantan las 煤ltimas chicharras y las hojas de los arces comienzan a cambiar de color Jesusa olvida moment谩neamente que es indocumentada y que no pudo enterrar a sus tres hijas que murieron de sequ铆a intentando cruzar el desierto de Sonora para reunirse con ella, en el pa铆s que les dijeron que todos los sue帽os se hacen realidad.

Ilka Oliva-Corado.
Cr贸nicas de una Inquilina


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