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Miguel López Azuara+

Por Teodoro Rentería Arróyave


Referirnos a un colega fallecido es muy triste, doblemente apesadumbrados pergeño estas líneas para referirme al viaje al eterno éter del fraterno amigo y colega, Miguel López Azuara, ninguna voz en contrario podría escucharse para referirse a este grande entre los grandes reporteros de México y el mundo.

 

Sin discusión, los periodistas de nuestro entorno, los integrantes del periodismo nacional y de muchas partes del mundo estamos de luto con el fallecimiento de Miguel quien a sus 88 años abandonó este planeta donde transitó con estela propia de éxito.

 

Fue su hija Constanza López, quien en las redes sociales dio a conocer el deceso: “Mi papá Migue Melchor López Azuara murió hoy” en su tierra natal Tuxpan, al norte del estado de Veracruz.

 

Con el fraterno amigo Miguel López Azuara nos unieron lazos indisolubles que superan el tránsito de esta vida. Coincidimos en no pocas coberturas de las noticias y aceptó pertenecer al Club Primera Plana para ensanchar las luchas por las libertades de prensa y expresión.

 

Sus biógrafos nos indican que su amplio trabajo como reportero y editor lo llevó a convertirse en subdirector editorial de Excélsior, Proceso, La Jornada y El Universal.

 

Como columnista, se ubicó en la línea crítica de funcionarios, de gobiernos y en general de la vida política de su estado, del país y del mundo.

 

También incursionó en el sector público como director de Comunicación Social durante el gobierno estatal de Veracruz de 1992 a 1998, director de Información y Difusión de la Secretaría de Relaciones Exteriores y coordinador de Comunicación Social de la Cámara de Diputados y en el mismo puesto en el Gobierno Federal de 1988 a 1994.

 

El conocido “Grupo de los Diez”, integrado por columnistas y reporteros de la “vieja escuela” en Veracruz, lamentaron, al igual que el gremio, el fallecimiento de su “compañero, colega y ejemplo de periodista honesto”.

 

Los recuerdos se funden, entre el trabajo cotidiano y responsable y la mayoría de las veces agotador de los reporteros, con las tertulias y en el dominó que nos aligeraban las fatigas.

 

Con su hija Constanza, sus demás familiares, sus amigos y colegas veracruzanos, nacionales e internacionales nos une el dolor de su partida y a la vez su recuerdo imperecedero por su labor periodística de compromiso social.  





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