Del aniversario del golpe de estado al de la guerra de Malvinas
-Memoria incompleta por complicidad
Emilio Cafassi (Profesor Titular e Investigador de la Universidad de Buenos Aires). cafassi@uba.ar
Las marchas por el d铆a de la memoria (24M) han ostentado desde siempre una enorme convocatoria en el territorio argentino, con especial 茅nfasis en Buenos Aires, aunque su magnetismo no se circunscribe exclusivamente a esta urbe sino a vastas localidades del interior. Sin embargo la 煤ltima super贸 todo antecedente. La magnitud y densidad de la demostraci贸n porte帽a fue tal que obstaculiz贸 encuentros en puntos previstos, satur贸 hasta el colapso la conectividad de las redes de celulares y sin embargo se erigi贸 en un desborde de entusiasmo y optimismo. Ganar las calles, sin cartel ni pertenencia militante alguna espec铆fica, aunque todas ellas en general, solo para superar simplemente las restricciones circulatorias y amenazas, reconocerse a煤n con rostros desconocidos, acompa帽ar y abrazar, saltar y cantar, sigue siendo una de las m谩s placenteras actividades de lo que en un sentido muy amplio e incluyente podemos llamar pol铆tica. Un modo de asegurar un moment谩neo destello de rebeld铆a feliz en un contexto hist贸rico in茅dito por la oscura crueldad y la proporci贸n de retrocesos en las conquistas c铆vicas y sociales a los que nos vemos sometidos.
Javier Milei estrecha la mano de la comandante del Comando Sur de Estados Unidos, general Laura Richardson, luego de firmar un acuerdo para incorporar un avi贸n H茅rcules C-130 a la Fuerza A茅rea Argentina. Presidencia Argentina
Los organizadores estimaron que 400.000 personas desbordamos la hist贸rica Plaza de Mayo, aunque resulta algo muy dif铆cil de estimar, en primer t茅rmino, por la propia geograf铆a del lugar, con calles y avenidas aleda帽as superadas. Pero mucho m谩s a煤n, en segundo lugar, por la absurda e irracional divisi贸n de una parte del movimiento de derechos humanos y partidos de la izquierda m谩s radical que realiz贸 una convocatoria separada, aunque al mismo lugar de desembocadura en distinto horario, iniciando su marcha cuando la mayor铆a a la vez se retiraba por calles paralelas, generando una suerte de circulaci贸n con desagote incluido. Pod铆a percibirse in situ la dimensi贸n por la densidad y continuidad circulatoria, pero nunca como las im谩genes medi谩ticas cenitales nos lo entregaron a la vuelta a casa. Precisamente una de las razones del 茅xito cuantitativo fue la participaci贸n que por primera vez tuvo org谩nicamente la CGT, junto a otras fracciones sindicales de dirigentes cuasi vitalicios, con indiscutibles rasgos de burocratizaci贸n y corrupci贸n que parad贸jicamente esta vez actu贸 como excusa del divisionismo, es decir mediatiz贸 el resultado, aunque en convocatorias anteriores tambi茅n las hubo por otras adhesiones que el sectarismo juzga extra帽as a sus tradiciones, consignas y delimitaciones program谩ticas. Si de quien suscribe dependiera, no solo sugerir铆a interponer los mejores oficios en aras de la unidad plena para la m谩xima agregaci贸n de fuerzas, sino adem谩s la sustituci贸n de la hist贸rica Plaza de Mayo por la Avenida 9 de Julio cuyo ancho (que tur铆sticamente se publicita como el mayor del mundo) permitir铆a una exhibici贸n y c谩lculo del alcance movilizador, adem谩s de un sonido de pleno alcance, ya que solo en proximidades del palco, pudieron escucharse los discursos.
La l贸gica del castigo socioecon贸mico actual sumado a la represi贸n y la amenaza, una suerte de reedici贸n contempor谩nea de las amplias pr谩cticas destinadas a mantener el orden social y reforzar las normas establecidas por las instituciones de poder que se帽alaba el fil贸sofo Michel Foucault en su trabajo m谩s difundido, seguramente contribuyeron a la ampliaci贸n de la convocatoria, particularmente de los sectores sindicales. Pero en muchos otros, incluyendo a ciudadanos sin encuadramientos, la voluntad de participar de lo que el propio presidente Milei llama la “batalla cultural”, una revisi贸n radical de los imaginarios, lenguajes, consensos y reivindicaciones, incluyendo el propio estado de derecho. En otros t茅rminos, al repudio del terrorismo de Estado, se a帽aden crecientes actores m谩s indiferentes al pasado, que expresan y expresar谩n el repudio al presente gobierno de extrema derecha, que se ratifica adem谩s por el culto al Estado terrorista, aunque haya accedido al poder por medios constitucionalmente previstos.
En v铆speras del 24M, reapareci贸 la discusi贸n respecto a la cifra de 30.000 desaparecidos reforzando el negacionismo y la degradaci贸n de la historia. No es novedoso porque ya en el gobierno del tambi茅n derechista -aunque algo m谩s inhibido- Macri, en cuyos discursos refer铆a al “curro de los derechos humanos”, el secretario de cultura de la ciudad, la hab铆a puesto en duda con el mismo inveterado condimento que tal cifra fue manipulada para “conseguir subsidios”. No surge de una simpat铆a caprichosa por los redondeos de cifras sino de una expl铆cita conclusi贸n aproximativa y abierta, que en su propio car谩cter simb贸lico denuncia la sustracci贸n de informaci贸n y pruebas mediante la que los genocidas han pretendido consagrar su impunidad como la mafiosa “omert脿” institucionalmente corporativa. No debe soslayarse que la dictadura acorralada por la derrota en Malvinas, llama a elecciones previo decreto de autoamnist铆a, felizmente derogado por el ex presidente Alfons铆n.
Continuando la ofensiva negacionista, el mismo 24M se distribuyeron dos videos, con la pretensi贸n de subrayar una “memoria completa”. Uno oficial de la presidencia y otro, curioso, de la propia vicepresidenta. Una rid铆cula completud que en ambos casos omite repudiar la pr谩ctica del secuestro, tortura en centros clandestinos, la sustracci贸n de beb茅s, los cr铆menes con desaparici贸n, entre tantas formas inimaginables del horror como la violencia sexual, adem谩s de los delitos econ贸micos y de complicidad civil. Propaganda que llama simplemente terroristas a organizaciones armadas surgidas en dictaduras (que en algunos casos realizaron tambi茅n repudiables acciones de terrorismo, con consecuente condena por ellos) omitiendo a la vez, la ejecuci贸n de las criminales pr谩cticas sistem谩ticas organizadas por el Estado.
La 煤nica posibilidad de ejercer la memoria hist贸rica es avanzar con todas las investigaciones judiciales a la espera de conclusiones penales o absolutorias, multiplicando la peque帽a parte lograda hasta el momento, algo precisamente inverso a lo que se propone la estrategia gubernamental. Recordemos que el primer juicio contra los m谩ximos responsables del genocidio comenz贸 en 1984, pocos meses despu茅s de la asunci贸n de Alfons铆n y se conoce hoy como “Juicio a las juntas” que result贸 el inicio un proceso sinuoso con las leyes de obediencia debida y punto final de ese mismo gobierno, los posteriores indultos de Menem (incluyendo a los condenados por acciones guerrilleras, liber谩ndolos) hasta la derogaci贸n por parte del ex presidente Kirchner y el comienzo de una nueva etapa, a煤n inconclusa y parcial de investigaci贸n, procesamiento y condena.
La resultante hasta aqu铆 ha sido muy reveladora aunque en una peque帽a proporci贸n de la totalidad. Varias decenas de miles de criminales, como m铆nimo, participaron de manera directa en las pr谩cticas del terrorismo de Estado. Se han logrado identificar hasta el momento 800 centros clandestinos de detenci贸n, entre dependencias de las fuerzas armadas, de seguridad y policiales, pero tambi茅n en hospitales, escuelas y f谩bricas, revelando la complicidad civil y particularmente empresarial. Varias decenas y en los casos de los grandes centros como la Esma millares de participantes activos fueron necesarios para el funcionamiento de estos campos de concentraci贸n, tortura y exterminio, lo que lleva la cifra total a mucho m谩s que los 1207 condenados por delitos de lesa humanidad que es lo que la Secretar铆a de Derechos Humanos de la Naci贸n, hoy pr谩cticamente desactivada, informa en su p谩gina web (juiciosdelesahumanidad.ar). De esa totalidad con 717 detenidos, solo 168 cumplen condena en unidades penitenciarias. Peque帽a proporci贸n, la m谩s visible de una maquinaria de enormes magnitudes de perveros y s谩dicos recursos humanos. Para ello la justicia se nutr铆a de los insumos probatorios provistos por los Equipos de Relevamiento y An谩lisis (ERyA) de archivos de las Fuerzas Armadas integrado por 13 trabajadores, 10 de los cuales recibieron el telegrama de despido en esta semana, del total de los 3.000 que el gobierno cesante贸 para confirmar la desactivaci贸n de este peque帽o pulm贸n judicial.
El discurso presidencial conmemorativo del inicio de la guerra de Malvinas, anunci贸 una “nueva era de reconciliaci贸n de los argentinos con las Fuerzas Armadas (…) d谩ndoles el lugar de reconocimiento y apoyo que se merecen”. La t谩ctica no es despreciable porque intenta aglutinar a grupos de veteranos, particularmente a conscriptos y suboficiales muchos de ellos maltratados y desamparados por las jerarqu铆as durante la guerra, con la instituci贸n que los llev贸 al desastre aprovechando la sensibilidad emotiva de los participantes.
Milei cerr贸 el acto con una confesi贸n de la musa ideol贸gica del d铆a: “La principal inspiraci贸n para nuestro reclamo de soberan铆a es el gran general Julio Argentino Roca, el padre de la Argentina moderna, 茅l comprendi贸 como nadie el mandato de una econom铆a pr贸spera y de unas fuerzas armadas respetadas como base de una Naci贸n grande”. El admirado general no es otro que el jefe de la “campa帽a del desierto” que entre 1878 y 1885 arras贸 con los pueblos originarios tehuelches, mapuches, ranqueles y pampas que habitaban la Patagonia y parte de la regi贸n pampeana, extendiendo el territorio argentino de entonces. Los sobrevivientes de las ocupaciones fueron utilizados como mano de obra forzada, encerrados en reservas indias o exhibidos en museos: no casualmente, el presidente eligi贸 como padre un genocida.
La memoria completa que reclama Milei no la encontrar谩 en otra fuente institucional que la omert脿 que homenajea y protege.
