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Lucía G. Romero, 'Cura sana'

Cura Sana, trabajo final de carrera de Lucía G. Romero, ganó el Oso de Cristal a mejor cortometraje en la sección de público joven de la Berlinale. El film es un retrato personal inspirado en una historia familiar, muy ligada a sus raíces cubanas y llena de reivindicaciones políticas y sociales




Lucía G. Romero, cineasta
“En una comunidad marcada por la precariedad, la calle se convierte en tu espacio seguro”


Por Raquel Ashby (Imágenes de Victor Serri)
directa.cat

Lucía G. Romero (Barcelona, ​​1999), directora de cine catalana con raíces cubanas que se formó con una beca en la ESCAC, ha recorrido diferentes festivales internacionales de cine gracias a su ópera prima, el cortometraje Cura Sana .

Y con un eco notable: la 74 edición de la Berlinale premió el cortometraje con el Os de Vidre en la sección Generation 14plus, una selección que valora la narrativa y el lenguaje cinematográficos cuando ponen el foco en la juventud. Pero la que nos muestra la cineasta no es una juventud dormida y pasiva, sino un colectivo que, en medio del tráfico hacia la adultez, vive entre los vuelos de la fantasía y la amargura.




La ficción, que se rodó en junio del 2022 en el barrio de la Florida (Hospitalet del Llobregat), versa sobre dos hermanas, Jessica (Roser Rendon) y Alma (Rasvely Lissette Restituyo), cuya relación entre ellas está siendo impregnada de miedo y hostilidad por la violencia doméstica que sufren. Jessica encarna todas las intersecciones como mujer racializada, lesbiana y de clase humilde. En un corto que transcurre durante la noche de San Juan y en el que las antítesis son inequívocas, el amor y la violencia, así como la euforia y la dureza, se moverán en una balanza que se decantará por la catarsis.

La mirada feminista de la joven realizada contribuye a la recuperación y expansión de las múltiples historias de cine creadas por mujeres, a la vez que acoge las voces de cuerpos e identidades disidentes que el relato oficial ha borrado sistemáticamente. Cura Sana se estrenó públicamente en Barcelona, ​​en una proyección gratuita en la plaza Salvador Seguí, el 25 de mayo, dentro del programa “Cine fuera de lugar” de la Muestra Internacional de Films de Mujeres de Barcelona .


¿Cómo se gestó la idea de Cura Sana y cómo se sacó adelante el rodaje?

La parte de levantar el rodaje fue orgánica, porque ESCAC funciona de forma que tú cursas los tres años de carrera y después, si quieres, presentas a concurso tu proyecto de fin de grado. La escuela financia y produce veinticinco que les llaman la atención, entre los que, en este caso, estaba el mío. La forma en que se gestó el corto fue curiosa, porque yo tenía muy en mente al personaje de Jessica, la protagonista. Desde primero de carrera, en un ejercicio de guión, ya pensé en ello. Me imaginaba una chica dura de puertas afuera, pero, en el fondo, tierna. En un principio, la coprotagonista debía ser la prima de Jessica, aunque acabó siendo la hermana, Alma.

Luego tenía clara la premisa: me di cuenta del poder terapéutico latente en la creación. Estaba contando la historia de mi tía y mi madre, que yo había vivido de cerca. En cualquier caso, tampoco fue planeado, sino que fui forjando la idea durante el camino. Primero encontré la historia y, más adelante, topé con la conexión biográfica.




‘Cura sana’, el corto dirigido por la cineasta, ha sido premiado con el Os de Vidre en la sección Generation 14plus de la última Berlinale y presentado en varios certámenes internacionales  VICTOR SERRI


¿El cortometraje nació con la voluntad transformadora de dotar de complejidad a los personajes y evitar su estereotipación
Yo quería retratar una realidad cruda y difícil, pero a mí era importante mostrar sus salidas. Pensando en las espectadoras que pueden sentirse identificadas con la vida de las niñas, me parecía irresponsable exponer sus circunstancias y lavarme las manos. De ahí que el cortometraje finalice dando un aliento de esperanza. En este sentido, como directora, creo en el carácter didáctico del cine sin pecar de aleccionador. Además, teniendo en cuenta que la ficción genera referentes y los personajes racializados o marginados – especialmente en el Estado español – se representan de forma unidimensional y simplista, pretendía romper con el imaginario colectivo para dignificar a las minorías étnicas y las clases sociales desfavorecidas.


¿Qué referentes culturales te inspiraron a la hora de idear el corto? 

Pues yo admiro con especial devoción a los trabajos de los cineastas Andrea Arnold y Sean Baker, porque se especializan en el cine social y en retratos de personajes que viven al margen de la sociedad. Esta parcela temática es la que más me atrae y suscita interés. Por ejemplo, American Honey (2016), una película de Andrea Arnold que trata sobre una chica mulata y rebelde con problemas familiares que decide irse de casa e ir de ruta en una caravana por Estados Unidos con un grupo de jóvenes perdidos y desamparados, resultó ser una referencia a la hora de retratar la marginalidad, puesto que no la presenta sólo como un problema: la mirada creativa de Arnold se enfoca más allá de que los personajes sean pobres o adictos a las drogas.


Cura Sana
 está dedicado a Lupe, Lucía y Asun, ya todas las madres, hermanas e hijas del mundo. ¿Qué papel juega la mujer en tu vida y, en concreto, qué significan para ti estas tres mujeres? 

“Los personajes racializados o marginados, especialmente en el Estado español, se representan de forma unidimensional y simplista, y yo pretendía romper con este imaginario colectivo para dignificar a las minorías étnicas y las clases sociales desfavorecidas”

Las mujeres lo han sido todo por mí. Al no tener mucha relación con mi padre, ellas me han criado. Mi madre, Lupe, y mi abuela, Asun. Mi tía murió antes de que la pudiera conocer y por eso, en honor a ella, me pusieron Lucía. Aunque no llegara a compartir tiempo, desde muy pequeña que estuvo presente en mi vida. Las mujeres de la familia me han transmitido su visión del mundo y yo he crecido teniendo a mi madre como referente, que en la película le encarna Jessica con su irreverencia. Ella me ha enseñado a no responsabilizarme de las mierdas de los demás, considerando que, como mujeres, se nos educa para sostener las emociones y temperamentos de los hombres.

Cura Sana ha ganado el Oso de Cristal por mejor cortometraje en la sección Generation 14plus de la Berlinale. Las actrices, Roser Rendon y Rasvely Lissette, se llevaron la Biznaga de Plata al Festival de Málaga a la mejor interpretación femenina. Además, la ficción ha obtenido el máximo premio dentro de la categoría “nacional” en la 24ª Edición del Festival Internacional de Cine de Lanzarote y ha sido seleccionado en el Tampere Film Festival de Finlandia, en el Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay, en el alemán PinkApple Queer Film Festival y en el Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria. ¿Cómo te ha enriquecido ese reconocimiento de la crítica en el plano emocional?

Si miro hacia atrás, veo que todavía no me ha dado tiempo de aterrizar las emociones. Tengo la sensación de que todo ha pasado volando. Al tratarse de mi trabajo de fin de grado, no había hecho volar palomas en cuanto a su alcance. Simplemente creaba por la alegría de crear. De repente, cuando he visto que el corto ha llegado tan lejos y que audiencias tan heterogéneas con experiencias vitales tan dispares entre sí han vibrado con la historia, aunque quizá no les haya apelado directamente, ha sido muy gratificante. Es todo lo que he soñado siempre. A la proyección de Berlinale se me acercó una chica noruega de 16 años, rubia y con los ojos azules, por decirme que, a través del corto, le había ayudado, porque había vivido un calvario parecido al de la Jessica y Alma. Esto me conmovió, puesto que, aparte de aplaudir que la industria del cine acoja estas ficciones independientes, es bonito que el público esté predispuesto a llevarlas a su terreno personal.


Jessica y Alma tienen una relación fraternal en la que dependen emocionalmente la una de la otra, dada la violencia doméstica que sufren. ¿Cómo definirías el vínculo entre las hermanas?

“Quería que las espectadoras adoptaran una mirada compasiva hacia los niños y adultos que no disponen de las herramientas emocionales que les permitirían abrir los ojos e identificar que, detrás de una agresión o una violencia, el dolor lo siente tanto quien lo sufre como quien le inflige”

Cuando empecé a escribir el guión tuve interminables conversaciones con mi madre. Ella me hizo ver que la violencia lo impregna todo, y aún en mayor medida cuando se es pequeña y en un contexto de exclusión social. Por tanto, a pesar de que Jessica y Alma sean hermanas, no disfrutan de espacios seguros para ser niñas en la esencia de la palabra. No pueden jugar sin el miedo a recibir un castigo por gritar demasiado o por romper un cuadro de la casa. Se respira una fuerte tensión en la relación, porque deben ir con pies de plomo dentro de lo que supuestamente es su hogar. Mientras que en casa reproducen los esquemas de violencia, la calle representa un espacio de reparación donde detienen este ciclo vicioso que la mayor traslada a la pequeña, y la pequeña quizá replicará con sus hijos.

Para mí era fundamental inspeccionar de dónde venimos y revisar qué hemos heredado como método de prevención para no repetir los patrones de violencia. También quería que las espectadoras adoptaran una mirada compasiva hacia los niños y adultos que no disponen de las herramientas emocionales que les permitirían abrir los ojos e identificar que, detrás de una agresión o una violencia, el dolor lo siente tanto quien lo sufre como quien le inflige. Evidentemente, el hecho de que no cuenten con recursos no justifica el abuso, pero cuando eres el autor suele ser porque has sido agredido antes o porque, desde la carencia de no haber curado ciertos traumas, sientes que te has que defender de algo.


“No contar con recursos no justifica el abuso, pero cuando eres el autor suele ser porque has sido agredido antes o porque, desde la carencia de no haber curado ciertos traumas, sientes que debes defenderte de algo”  VICTOR SERRI

A lo largo de la ficción, no salen varones. De hecho, el padre de las niñas, quien ejerce principalmente la violencia doméstica, tan sólo aparece en una llamada fugaz. ¿A qué responde la ausencia masculina en pantalla y cómo has conseguido que la toxicidad del padre se convierta en omnipresente?

Cuando estaba dando vueltas a la historia sabía que no me interesaba ni la violencia explícita o gratuita ni la figura del padre, sino las causas y consecuencias que la violencia paterna tiene en el universo emocional de las hermanas. Yo creo que el poder de las imágenes debe prevalecer y por eso deseaba que fuera un corto en el que mi madre –y otras muchas mujeres que han sufrido violencia– no se sintieran revictimizadas por lo que se proyecta. Y en cuanto al rol del padre, a pesar de su ausencia en la pantalla, la audiencia le percibe igualmente, porque sus hijas piensan y lo tienen siempre presente en sus vidas.

Jessica y Alma están alerta todo el rato, procurando seguir un camino que les ahorre el dolor, la bronca y el abuso. La pulsión adolescente de Jessica la impulsa a querer salir de fiesta y quedar con la chica que le gusta, Nathy, pero esta apuesta por ser libre. Que la canalice desde la lucha, no quita que tenga miedo.

A medida que avanza la trama, las espectadoras se suman al proceso de autoconocimiento por el que transita Jessica. ¿Cuándo Alma le equipara con el padre se pone de manifiesto que las hermanas no dejan de ser víctimas?  

Claro, ambas son víctimas de violencia doméstica. Jessica, al ser la mayor, soporta una mayor carga emocional, porque, debido a la situación económica de la familia, debe responsabilizarse de tareas que no le tocarían por una cuestión de edad y debe cuidar de su hermana pequeña cuando nadie le ha enseñado a hacerlo desde la ternura. Cuando hablas el idioma de la violencia la única crianza y educación que conoces y pones en práctica es el autoritarismo, la tiranía, la intimidación. Y ella actúa así, porque en el momento que Alma pierde el carro en el mar con la comida de Cáritas, el miedo que le invade ante la posibilidad de recibir un castigo le hace desencadenar una reacción violenta hacia su hermana. Pero Jessica no es consciente de ello hasta que Alma le hace darse cuenta de que se está acercando a la conducta violenta del padre.

Precisamente, la tensión dramática alcanza su punto máximo cuando el Alma batalla por recuperar el carro del mar. ¿Qué simbolizan las olas salvajes que le agobian?

“ A pesar de crecer en un ambiente bastante hostil, he encontrado en la ternura y el amor un refugio que me ha facilitado colocar los cuidados en el epicentro y nutrirme, empezando por amarme a mí misma y, a partir de ahí, poder amar a los demás “

Aposté por la playa, guiada por mi experiencia personal de la noche de San Juan como un evento en el que reina la celebración y la festividad. Buscaba generar un contraste entre las niñas que sí pueden vivir una infancia feliz y Alma intentándolo, pero al final el mar se convierte en una losa que le quita la libertad de poder tener una verbena de San Juan divertida y tranquila la como cualquier otra niña. También perseguía destacar la imagen de un cuerpo pequeño debiendo sacar un objeto tan pesado del mar, el carro, que representa la carga con la que conviven las hermanas y la adultez prematura a la que deben hacer frente ellas y las mujeres que crecen en estos contextos vulnerables.


Has elegido el escenario vecinal de Florida para ambientar el drama familiar. ¿Cómo interactúa la marginalidad del barrio con sus protagonistas? 

Yo tenía ganas de retratar a Florida no sólo por reflejar un entorno de precariedad económica, sino también por poner de manifiesto que cuando te crías en estos escenarios comunitarios la calle es tu espacio seguro. Se giran las tornas: en lugar de ser tu casa el espacio donde celebrar, la calle ocupa la posición del hogar. La calle se convierte en el punto de encuentro de unos adolescentes que tienen en común esta lógica a la inversa para huir de las disfunciones familiares. A lo largo de los años he observado que los barrios marginales, sobre todo desde la prensa, se presentan como hostiles, y yo que los he frecuentado, tanto en la adolescencia como ahora, nunca los he percibido así. No estoy negando que haya delincuencia y violencia, pero opino que ambos fenómenos obedecen a un abandono institucional. Es decir, cuando juntas a colectivos marginales en un espacio de escasez, estos no tienen otra salida y optan por delinquir. Con este mensaje no justifico la criminalidad en absoluto, pero sí reivindico la empatía. Para mí era una línea roja caer en la caricatura y en los tópicos. Quería evitar el típico discurso de “qué duro está todo en la calle”, porque la realidad de la periferia es mucho más compleja que eso y debe vincularse con la desigualdad de clase y las grietas estructurales.

“En el corto, las víctimas se alejan del marco simbólico que les exige el sistema judicial: ser víctimas perpetuas. Es una falacia que se las desacredite, invalidando y minimizando sus experiencias traumáticas, por el hecho de querer esparcirse” VICTOR SERRI


La violencia doméstica es el eje vertebrador del cortometraje a partir del cual se ramifica la interseccionalidad – el género, la raza, la clase y la orientación sexual -, el despertar y el deseo sexuales, la infancia, el amor fraternal, la doble identidad cultural, el sistema familiar patriarcal. ¿Qué otros temas se ponen sobre la mesa? 

Cura Sana es una ficción coming-of-age [género literario y cinematográfico que traza el viaje de la infancia a la edad adulta, con peripecias que giran en torno a una turbulencia emocional del personaje principal, dados los cambios dolorosos que afrontará, levantando la resiliencia por bandera] en la que se mezcla la emoción implícita y explosiva propia de la adolescencia –además del ansia de hacerse mayor– con la violencia. Por otra parte, se tratan las relaciones interpersonales entre las adolescentes y la solidaridad femenina, desde la perspectiva de que las víctimas se alejan del marco simbólico que les exige el sistema judicial: ser víctimas perpetuas. Es una falacia que se las desacredite, invalidando y minimizando sus experiencias traumáticas, por el hecho de querer esparcirse.

La frase hecha “Cuidado sano, culito de rana. Si no se cura hoy, se curará mañana” deshace el nudo y la tensión dramática, a la vez que abre la puerta al desenlace. ¿En medio de tanta hostilidad, el vínculo fraternal entre Jessica y Alma podrá ser constructivo? O, dicho en otras palabras, ¿revertirán el patrón de violencia que se va perpetuando de generación en generación?

Yo quiero pensar en positivo y, al mismo tiempo, ser realista. Quizá no se produzca un cambio radical de la noche a la mañana. Sin embargo, sí veo un primer paso y una toma de conciencia que se mueve en la dirección de plantearse ser diferente al padre, para que el vínculo entre las hermanas resista. Aunque existe la posibilidad de que la ternura con la que se acaba el corto no se mantenga durante toda la vida, ya es un anclaje sano lo que las conecta para seguir alimentando su relación desde aquí. Pero, por supuesto, no todo es blanco o negro. Subirán a casa de papá y no serán todo flores y violas.

Cura Sana   es una producción en buena parte autobiográfica. ¿La escritura te ha ayudado a reconciliarte con tu historia familiar y tus heridas? 

A mí me ha ayudado enormemente a abrirme. Cuidado Sana , cuyo contexto específico se acerca más a las vivencias de mi madre y mi tía, también habla de mí. Yo, al igual que ellas, he crecido en un ambiente bastante hostil. Sin embargo, he encontrado en la ternura y el amor un refugio que me ha facilitado colocar los cuidados en el epicentro y nutrirme, empezando por amarme a mí misma y, a partir de ahí, poder amar a los demás. De adolescente las defensas las levantaba hasta el cielo. Construí un muro impenetrable e infranqueable para protegerme del dolor que pudieran ocasionarme terceras personas. Como consecuencia, me costaba horrores mostrar mi vulnerabilidad, conectar con las emociones y llorar. Cuando sufres desde pequeña y no tienes los medios para procesar lo que te está pasando uno de los mecanismos que aprendes a aplicar es bloquear los sentimientos y endurecerte, activando el piloto automático. Por eso, cuando llega gente a tu vida que desarma y da la vuelta a los esquemas que te has montado es precioso, porque, de repente, puedes disfrutar de un espacio seguro donde, de pequeña, no has tenido el privilegio de habitarte.

fuente:  https://directa.cat/en-una-comunitat-marcada-per-la-precarietat-el-carrer-esdeve-el-teu-espai-segur/

 

 

imágenes: Victor Serri
texto: Raquel Ashby
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