Ángeles Sanmiguel
“La invisibilización de las siglas “Q” y “plus (+)”, que el cuadragésimo primer Congreso del PSOE no ha aceptado para sus documentos de trabajo interno” patentiza que la vida de miles y miles de personas no son consideradas. “Al final, esos documentos son la base sobre las que se apoyan las políticas que se llevan a cabo”. Tras “cuarenta y pico de años de democracia, estamos asistiendo a una reacción ultra conservadora religiosa que mantiene su ideario en la dicotomía hombre mujer, reproducción tradicional, sexo solo entre los dos géneros y nada más”, dictamina el galardonado escritor donostiarra Óscar Hernández-Campano autor de novelas como El guardián de los secretos o La reina de Ichnusa.
¿Importando el exacerbado contexto de conservadurismo de la ultraderecha que aflora? “Obviamente si después de cerca de dos mil años de represión, de persecución y de propaganda constante en contra de cualquier diferencia sexual seguimos aquí es porque la diversidad forma parte de la naturaleza humana, las diferentes orientaciones sexuales e identidades de género”.
A título informativo apuntar que cada una de las siglas LGTBIQ+ han sido otorgadas por el colectivo, “¡no nos las ha dado nadie, ninguna autoridad suprema! el propio colectivo es el que ha exigido, el que ha reclamado que tenía que estar primero la L de las lesbianas, la T del colectivo trans, la B del colectivo bisexual, la I de intersexual”. Respecto a la G “era lo gay, lo que había en un principio, de hecho, en el ámbito anglosajón la palabra gay hizo las veces de lo que hoy en día reivindica la palabra queer, abarcar o abrazar todas las diversidades”.
¿Sexualidad y cultura siempre las más hostigadas en cualquier régimen? ¿Diversidad como anatema en rancias órbitas de poder y fanfarrona progresía? ¿Adalides socialistas quitándose de encima el estorbo que supone la aceptación de otras sexualidades y géneros en sus proyectos pseudoreivindicativos?
“El colectivo LGTBIQ+ compartimos decepción, tristeza, enfado y debería ser algo también que indignara a la sociedad por completo porque en cualquier sociedad si un grupo, por pequeño que sea, ve sus derechos cercenados, sus derechos civiles, humanos, los derechos constitucionales, si los ve puestos en cuestión, toda la sociedad se resiente y deja de ser una sociedad plenamente democrática”. ¿Han calibrado en la cúpula socialista los maléficos efectos de tal despotismo? ¿Impuesto doméstico para poder renombrarse líder? Sea cual fuere la presión, el hecho es que “ahora hay un colectivo que está ahí un poco en el limbo en un aspecto tan importante como es la autoconcepción de la personalidad, del ser propio, pues el (PSOE) partido del Gobierno les ha dejado a pesar de que digan que los van a seguir defendiendo”.
Es descaradamente ostensible que “seguimos viviendo en una sociedad que tiene unas raíces homofóbicas, lesbofóbicas, transfóbicas, lgtbiqfóbicas”, revelando que cualquier “disidencia en temas sexuales, de identidad de género, van en contra del establishment”, quedando bien claro en el congreso socialista de Sevilla. Durante la Segunda República, con el laicismo en las escuelas y la implantación de la coeducación (igualdad de género, no discriminación por sexo), llegaría la derogación del decreto que penalizaba la homosexualidad –dictaminado por la feroz dictadura de Miguel Primo de Rivera, fundador de la brutal Falange-, estableciéndose asimismo el matrimonio civil y el divorcio. Hasta hace bien poco el matrimonio se concebía entre hombre y mujer, con “los dos géneros únicos, masculino y femenino” binomio rentable para “intereses económicos, religiosos, políticos y de control social”, siempre -¡claro está!- con el invaluable sustento de la Iglesia católica a la hora de dirimir “si es, o no es natural las diferencias o diversidades sexuales”.
¿Cabildeo interno socialista gestando una felonía? ¿Votos del ala dura y sus voceras como ariete? “La decisión de no incorporar el “Q plus (+)” y de invisibilizarlo significa apostar por esa dicotomía binarista hombre mujer”, reparto de papeles donde se “puede ser hombre gay, ser mujer lesbiana, ser hombre trans, ser mujer trans pero ya no aceptamos que pueda haber algo en medio, que pueda haber alguien no binario que a veces se sienta mujer y a veces se sienta hombre”.
“Las mujeres lesbianas quisieron tener su propia sigla” evitando la masculinización de la palabra gay. “El colectivo trans dijo con toda la lógica y toda la razón que era importante la T de trans”, -hay casos donde se habla de dos T de transgénero y travesti-, reclamándola al igual que bisexuales e intersexuales. Respecto a la Q, “digamos que la palabra queer comprendía un poco este resto de personas que podían ser no binarias, género fluido”. Existen documentos incluyendo la letra A de asexualidad y la P de pansexualidad. “El “plus (+)” se añadió para incluir al resto de grupos o subgrupos que reclamaban también cierta individualidad”.
“Para que el acrónimo no tuviera letras infinitas se decidió que ese Q+ abarcaba a todas las demás expresiones de género, identidad sexual y orientación”. ¡Y el PSOE lo ha borrado de un plumazo!
“Creo que es un paso atrás, una oportunidad perdida que espero puedan corregir, que sepan corregir y ¡que todo el colectivo LGTBIQ+ estemos protegidos, seamos un grupo unido y que nadie quede atrás! y sea igual ante la ley!”.
Y. ¿Qué pasa ahora? Pues que “la brecha que se abre entre la ley o entre lo que está aprobado y publicado en el BOE, en cuanto a derechos y libertades y la realidad, esa brecha se va ensanchando”. ¿Y? Pues que atrás queda el día en el que “gais, lesbianas, trasexuales, hipersexuales, personas queer podíamos vivir en la sociedad como iguales y expresarnos como quisiéramos, ir de la mano de nuestras parejas o mostrar nuestro afecto en público”. ¿Alimentando el culto a la violencia subrepticiamente? “Hay cada vez más agresiones al grito de maricón, o al grito de boyera, o al grito de travelo, agresiones verbales y agresiones físicas”, en el asesinato de Samuel Luiz, recientemente sentenciado, fue reconocida la homofobia al menos en uno de sus asesinos, -creo es una sentencia que podía haber sido más contundente-”. ¡Basta ya de terror! “Los fines de semana se convierten en un momento de cierto peligro, eso nos lleva de nuevo a los setenta, a los ochenta, o más atrás, hay un retroceso y hay una distancia cada vez mayor entre lo que dice la ley y lo que pasa, la única forma de revertirlo es mantenerse firmes”.
En espacios educativos la literatura con personajes LGTBIQ+ inspira distintas tolerancias. “Me he encontrado en los últimos tiempos con críticas respecto a la lectura de alguna novela mía en la que los protagonistas son homosexuales como puede ser El viaje de Marcos”. No se reprochan “sus bondades o méritos si no el hecho de mandar leer esa novela y después dedicar una hora a una charla” tildándolo de adoctrinamiento, “palabra que probablemente un chaval de catorce años o quince no sabe definir pero que sin embargo la ha usado porque la ha escuchado, porque la propaganda ultra, de ultraderecha, está machaconamente repitiendo”. ¡Y encima el PSOE se pone de perfil! “A nadie se le obliga a que modifique su orientación sexual o de género, igual que si leen Drácula a nadie se le obliga a que se convierta en un vampiro o le chupe la sangre a nadie”.
Como exprofesor de Secundaria Hernández-Campano sabe de protocolos internos. “En las aulas queda mucho por hacer, el profesorado realmente no tiene tiempo para poder gestionar, ¡ojo! lo cual no quita, -yo lo he hecho-, que ante un insulto, una burla, un comentario homófobo o tránsfobo tiene que parar la clase, tiene que gestionar”. ¿Realmente sucede? “Un profesor puede hacerse un poco el longuis y continuar su trabajo, o puede tomar partido y aprovechar esa circunstancia para educar en la diversidad, en uno de los principios rectores del currículum el profesorado está obligado a hacerlo” al igual que cuando surgen riñas entre el alumnado donde el profesorado intervendría cumpliendo con el reglamento del régimen interno. “En el caso de pintadas e insultos me temo que muchas veces se deja pasar” y el alumnado del colectivo “se siente muy solo y muy abandonado”. “Son los menos” aquellos institutos que tienen la figura del coordinador en igualdad y diversidad a pesar del aumento de “actitudes de odio, -no digo delitos-, gestos, hechos, falta de respeto, agresión verbal que quizá pueda pasar a física, tendencia que coincide con los discursos de odio desde las instituciones, los medios de comunicación, medios de influencia social, redes sociales” que haces de correa de trasmisión para “chavales inocentes que caen en esa manipulación”.
¿Qué pasa con cierta juventud? “Muy bravucones, muy ignorantes y muy gregarios, son víctimas de una situación de precariedad económica, de falta de oportunidades, de un futuro que no está nada claro” todo ello hace que se traguen “este tipo de ideologías, de discursos, porque les hace sentir que forman parte de algo, obviamente la sociedad ha cometido errores para que estos chavales se tiren a los brazos de la ultraderecha y eso es lo que hay también que analizar”. En tierra de sueños, último libro de Hernández-Campano, el autor fomenta el respeto a la diversidad y a los derechos civiles y humanos de todas las personas. ¿Habrá alguna explicación oficial al respecto del borrado de las siglas? “Como dice mi madre, lo que está escrito se lee, y el Q+, ahora mismo, el Partido Socialista no lo escribe en sus documentos oficiales”, sentencia el novelista.
Caricatura de Ángeles Sanmiguel, por Jesús Padilla
