Ir al contenido principal

Ucrania: ¿Se están mostrando las cartas?

Enrico Tomaselli

Según el canal ucraniano Strana, el plan de la administración Trump para poner fin al conflicto tendría un calendario y un programa precisos. El plan de paz, publicado por Strana (y sobre el que, por supuesto, no hay confirmación oficial de momento) habría sido elaborado en Washington, presentado a algunos diplomáticos europeos y luego transmitido por ellos a Kiev.
Por el momento, por tanto, podría ser simplemente una filtración para tantear el terreno o, viceversa, para cortarlo de raíz. El hecho de que lo hayan publicado los ucranianos, a quienes les resultaría difícil digerir sus términos, podría hacer pensar en esta segunda hipótesis.




La implementación del plan debería comenzar con una conversación telefónica entre Putin y Trump a finales de enero o principios de febrero y concluir (hipotéticamente) en agosto, con las elecciones presidenciales en Ucrania. Pero, más allá de las previsiones en cuanto a los plazos –demasiado rígidas para responder a la realidad, en cualquier caso–, es más interesante observar los términos que Washington esboza como base para la negociación.

En primer lugar, la no adhesión de Ucrania a la OTAN se certificaría, también mediante una declaración de neutralidad por parte de Kiev, que se sancionaría además mediante una decisión de la propia Alianza Atlántica. Este primer punto parecería ser una concesión significativa a las peticiones rusas, si no fuera porque siempre ha quedado claro que la adhesión formal de Ucrania a la OTAN nunca ha estado realmente en la agenda.

Como compensación (para Kiev), habría un compromiso de acoger al país (lo que queda de él) en la Unión Europea en 2030 (un horizonte bastante cercano), y un compromiso por parte de esta última de apoyar los costos de la reconstrucción. Y aquí, por supuesto, volvemos al leitmotiv de que Estados Unidos causa el daño y Europa debe pagar el precio...

Tercer punto, Ucrania renunciará a sus esfuerzos militares y diplomáticos para recuperar los territorios ocupados, pero sin reconocer formalmente la soberanía rusa sobre ellos. Se trata de un punto bastante vago y ambiguo, porque cualquier compromiso de Kiev en este sentido –a falta de una aceptación formal– podría ser negado mañana, y conducir a la reapertura del conflicto. Por otra parte, Moscú es sin duda consciente de que se trata de un tema delicado, no sólo para Kiev sino para todos los países europeos, que ven la posibilidad de cuestionar las fronteras como una amenaza potencial. Obviamente, quitando el pequeño detalle de que es lo que hicieron en Yugoslavia primero, y sobre todo con la secesión de Kosovo después.

Se prevé un levantamiento progresivo de las sanciones, en un plazo de tres años, empezando por las que afectan a las importaciones de energía a Europa (un consuelo para la UE), pero con un impuesto para financiar la reconstrucción.
El mecanismo contemplaría finalmente el pleno respeto de la minoría lingüística rusa en Ucrania, con total libertad política y religiosa.
La cuestión, a menudo planteada como hipótesis, del despliegue de un contingente europeo de mantenimiento de la paz se deja de lado y posiblemente se posponga a una negociación separada.

Como se puede ver, hasta aquí nos encontramos en un terreno bastante aceptable para Moscú, al menos como punto de partida, sobre el que luego se trabajará para una definición más satisfactoria. Pero, al mismo tiempo, no hay ninguna concesión real por parte de Occidente; una vez eliminadas las cuestiones marginales y/o implícitas, por lo demás se trata esencialmente de un reconocimiento de lo que ya está en marcha. No hay que olvidar que es Occidente el que pide un cierre del conflicto y, por tanto, es de él de quien debe venir la mayor disponibilidad (además, obviamente, del hecho de que la situación en el campo de batalla está claramente girando a favor de Moscú).

Ya en esta primera parte (y dejando de lado por el momento el punto más difícil) hay un nudo que el plan no menciona -quizás con razón- pero que no es de importancia secundaria. De hecho, está claro que la idea de la OTAN es congelar el conflicto, desde una perspectiva territorial. Es decir, la línea de demarcación entre la nueva Ucrania y la nueva Rusia debería coincidir con la línea del frente en el momento de la tregua. Aunque la cuestión territorial no es primordial para Rusia, lo cierto es que hay cuatro óblasts que han decidido unirse a la Federación Rusa, y que por tanto para Moscú son territorio totalmente ruso; congelar la frontera en la línea de combate significaría que una parte del territorio ruso quedaría ocupada por fuerzas ucranianas. Podría parecer una cuestión trivial, y en todo caso en un marco de reciprocidad, pero no es seguro que sea aceptable para Rusia.

El verdadero punto crucial, sin embargo, en el que se centrará cualquier negociación, es el que excluye cualquier reducción del tamaño de las fuerzas armadas ucranianas y establece en cambio que Estados Unidos seguirá apoyando su modernización. Se trata de una cuestión que, en mi opinión, resulta completamente inaceptable para Moscú, no sólo porque siempre ha reiterado que la desmilitarización de Ucrania es uno de sus objetivos centrales, sino porque haría que la declaración de neutralidad fuera pletórica. Además, el compromiso reiterado por Estados Unidos de armar y modernizar el ejército de Kiev equivale claramente a una integración de facto en la OTAN, respecto de la cual la no adhesión formal pasa a ser completamente secundaria.

Nos encontramos ante una roca del tamaño de una montaña. Y es evidente que se trata del núcleo del plan estadounidense, en el que, sin embargo, la hipótesis de una negociación corre el riesgo de naufragar prematuramente. Dado que esta condición es claramente inaceptable para Rusia, queda por ver si es negociable para Estados Unidos y en qué medida. Lo que se traduce entonces en la cuestión de hasta qué punto Washington está realmente interesado en poner fin al conflicto (o al menos en salir de él).

Se observará, al margen, que Ucrania es considerada objeto y no sujeto de la negociación, lo que probablemente sea cierto para Zelenski, pero no necesariamente para los nacionalistas ucranianos.


Enrico Tomaselli
@enricotomaselli

ARCHIVOS

Mostrar más


OTRA INFORMACIÓN ES POSIBLE

Información internacional, derechos humanos, cultura, minorías, mujer, infancia, ecología, ciencia y comunicación

ElMercurioDigital.es, editado por mercurioPress/El Mercurio de España bajo licencia de Creative Commons. Medio independiente propiedad de Ángel Rojas Penalva
©Desde 2002 en internet
Otra información es posible