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Mis siete hijos. 1956. Alcide Cervi.


P. Recife

Este libro fue escrito por el partisano antifascista Alcide Cervi d贸nde relata como fuero detenidos, encarcelados y fusilados sus siete hijos. La periodista y escritora Nekane Iturregi Aio da esta semblanza de la familia Cervi:


La de los hermanos Cervi es una historia hermosa y desgarradora a la vez. Una historia con un final terrible que comienza como un bonito cuento sobre los progresos de una familia de campesinos laboriosos, emprendedores y con conciencia de clase. Un padre, Alcide Cervi, una madre, Genoeffa Cocconi, dos hijas –Rina y Diomina- y siete hijos –Gelindo, Antenore, Aldo, Ferdinando, Agostino, Ovidio y Ettore- que, desde el catolicismo practicante llegan a militar en el antifascismo combatiente. Es el relato de una ambici贸n personal y colectiva por mejorar las condiciones de vida propias y del resto de los labriegos mediante la lectura, el aprendizaje, la modernizaci贸n de los modos de producci贸n agr铆cola –suyo fue, en 1939, el primer tractor de la comarca- y el trabajo cooperativo. (Eran campesinos que no se contentaban con sobrevivir, quer铆an mejorar sus condiciones de vida). Pero, sobre todo, es la historia de una ejecuci贸n (de esto trata el libro, N.R.). Del fusilamiento, por venganza, de los siete hermanos varones y del compa帽ero Quarto Camurri, en la madrugada del 28 de diciembre de 1943.


Los Cervi viv铆an en la provincia de Reggio Emilia, en la regi贸n de la Emilia Romagna. Durante la II Guerra Mundial se unieron a la resistencia partigiana, realizaban acciones de sabotaje y daban cobijo en su granja de Campirossi a soldados huidos. Cuando los fascistas rodearon su casa, en la madrugada del 25 de noviembre, con la intenci贸n de arrasarla, adem谩s de los Cervi se encontraban all铆 escondidos combatientes de varias nacionalidades (el ruso Anatolij Tarassov, los sudafricanos John David Bastiranse y John Peter De Freitas, el irland茅s Samuel Boone Conley…). Diez ni帽os y cinco mujeres, una de ellas embarazada, completaban el grupo de personas que estaban en casa Cervi en el momento del asalto.
Los fascistas se llevaron presos a todos los hombres. A los soldados aliados los repartieron por diferentes destinos; los Cervi –padre e hijos- fueron enviados a la c谩rcel de San Tommaso, de donde solo el padre saldr铆a vivo. Un atentado contra un cargo fascista ocurrido unas semanas despu茅s fue el detonante para que la represalia mostrara su rostro m谩s vengativo. Sin juicio de ning煤n tipo, sin aviso ni publicidad, los siete hermanos fueron ejecutados el mismo d铆a. Con edades comprendidas entre los 42 y los 22 a帽os, cada uno ten铆a un nivel de compromiso y unos anhelos diferentes pero quedaron unidos para la historia por tan injusto final.


Lo que qued贸 de la familia Cervi tras la matanza de los fascistas:


El bando en el que luchaban gan贸 la guerra. Gracias a eso, -y a sus viudas y descendientes – hoy en d铆a existe un legado Cervi. Hay calles en memoria de los hermanos en diferentes ciudades italianas. Centros escolares llevan su nombre. Un museo ocupa la que fue la granja familiar. Se organizan visitas guiadas para estudiantes y cada a帽o, el 25 de abril, d铆a de la Liberaci贸n, personalidades y gente corriente se dan cita en Gattatico para conmemorar, en su nombre, la historia del movimiento antifascista. Incluso, hay una pel铆cula y una canci贸n en su recuerdo.


Supe de los Cervi en un viaje a Emilia Romagna. La historia me impresion贸 por lo n铆tidamente que muestra la crueldad de la guerra: la decisi贸n fr铆a y calculada sobre la vida y la muerte de personas que han sido tus vecinos, la ejecuci贸n premeditada de todos los miembros varones de una familia… Un horror. Pero, curiosamente, lo que m谩s me impact贸, una vez asimil茅 el suceso, fue el despu茅s. La fotograf铆a de los supervivientes. Hay una imagen, en blanco y negro, en la que aparecen cuatro mujeres enlutadas, un viejo y once criaturas. Es posterior a otra en la que se ve a la familia Cervi de los inicios –hermanos, padre, madre- La madre muri贸 a los pocos meses de que le asesinaran a los hijos. Las hermanas supongo que siguieron su propio camino con sus respectivos maridos. Lo que qued贸 del n煤cleo familiar que gestionaba la explotaci贸n agraria Cervi, los que sobrevivieron al desigual combate y tuvieron que pelear contra el hambre y la penuria hasta el final de la guerra, en 1945, los que mantuvieron el recuerdo de la injusticia fueron ese viejo, esos ni帽os, esas mujeres… Echo de menos una pel铆cula con sus vidas, una canci贸n que las encumbre. Me gustar铆a saber m谩s de sus vivencias, de sus soledades, de su desesperaci贸n.


Todas las guerras son diferentes pero todas se parecen. La foto de las viudas la he visto antes, mucho m谩s cerca, mucho m谩s escondida. Es el retrato de las ausencias. ¿Cu谩ntas familias Cervi hay entre nosotros? ¿Cu谩ntos apellidos repetidos entre los hijos muertos, represaliados, exiliados? ¿Cu谩nto sufrimiento silenciado a煤n hoy? Porque los museos, no lo olvidemos, solo se permiten a los vencedores. En eso, los Cervi tuvieron suerte.





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