OPINI脫N
Eduardo Madro帽al Pedraza
Entre el estruendo medi谩tico que oculta los enemigos reales y los principales peligros que enfrentamos, llegan desde los poderosos pa铆ses europeos, casi inaudibles, propuestas de recortes a las pensiones p煤blicas. Y a la vez, estruendosamente, nos repiten de manera machacona, que las pensiones son “insostenibles” y que es necesario aplicar nuevos recortes y retrasar la edad de jubilaci贸n. Frente a tales ataques la Mesa Estatal por el Blindaje de las Pensiones (MERP) defiende el blindaje de las pensiones en la Constituci贸n como un derecho fundamental porque es la mejor defensa del Estado del Bienestar.
Vientos europeos nos hielan las pensiones
Una ola de recortes del Estado de Bienestar, impulsada por las pol铆ticas trumpistas de rearme, recorre Europa con las pensiones en el centro de los ataques. En Alemania, el canciller Friedrich Merz ha prometido un “oto帽o de reformas” con propuestas que van desde elevar la edad de jubilaci贸n a los 70 a帽os hasta un impuesto especial a los pensionistas, y recortar suplementos. En Francia, han tenido que aplazar la reforma para subir dos a帽os la edad de jubilaci贸n y aumentar el periodo de cotizaci贸n hasta despu茅s de las elecciones presidenciales de 2027, y en Dinamarca ya se habla de subir de 67 a 69 a帽os la edad de jubilaci贸n.
La misma Comisi贸n Europea se ha sumado a esta ola con una propuesta para vincular las reformas de las pensiones a los pagos en efectivo de los fondos europeos. Y altos directivos de la Comisi贸n consideran “insostenibles” los sistemas p煤blicos de reparto como el espa帽ol y pretenden recomendar su sustituci贸n, al menos parcialmente, por planes privados de pensiones. Es la llamada “privatizaci贸n silenciosa” de las pensiones p煤blicas.
Se avecina una contrarreforma de las pensiones
Estamos viviendo un momento internacional de recortes y de cuestionamiento del sistema p煤blico de pensiones. Esto ocurre en varios pa铆ses europeos, en Iberoam茅rica y en Estados Unidos. Son tiempos de turbulencias econ贸micas y de disputas entre modelos que ponen en riesgo derechos sociales construidos durante d茅cadas. Frente al valor universal que la ciudadan铆a otorga al sistema p煤blico de pensiones, existen intereses que buscan deteriorarlo, desprestigiarlo o reducirlo para que la privatizaci贸n —total o parcial— parezca inevitable.
Lo m谩s preocupante es el m茅todo: una reforma silenciosa, una serie de cambios peque帽os pero constantes, como un “sirimiri” que cala sin que uno se d茅 cuenta. La forma paulatina en la que pueden producirse estos recortes exige una respuesta clara y contundente: blindar las pensiones en la Constituci贸n, prohibir su privatizaci贸n y garantizar la protecci贸n del poder adquisitivo.
Nuestro sistema p煤blico de pensiones es sostenible
El sistema p煤blico de pensiones espa帽ol es absolutamente sostenible. Lo es tanto como cualquier otra partida del gasto p煤blico del Estado. Su continuidad depende exclusivamente de una decisi贸n pol铆tica, no de una imposibilidad t茅cnica o econ贸mica. Resulta curioso que nadie cuestione si es “sostenible” el Ministerio de Defensa, la Casa Real o cualquier otro ministerio, y sin embargo ese argumento se usa constantemente contra las pensiones, un sistema admirado en nuestro entorno europeo por su solidez y por su capacidad redistributiva.
Espa帽a es un pa铆s con 49 millones de habitantes, la decimocuarta potencia econ贸mica del planeta, con un nivel de productividad creciente y un PIB que se ha multiplicado en las 煤ltimas d茅cadas. Un pa铆s con suficiente capacidad de generar riqueza para sostener el sistema p煤blico de pensiones y, de hecho, para mejorarlo de manera significativa.
Desde una perspectiva econ贸mica, la sostenibilidad reside en el aumento de la productividad que compensa la reducci贸n de la poblaci贸n activa. Pas贸, por ejemplo, con la agricultura en los a帽os 50, cuando la poblaci贸n trabajadora se redujo dr谩sticamente, pero la producci贸n aument贸. Lo mismo ocurre ahora: cada trabajador es m谩s productivo y genera m谩s riqueza. La verdadera discusi贸n es qu茅 se hace con esa riqueza y c贸mo se distribuye.
Dividir a nietos y abuelos es feo y falso
Si hay algo repugnante es la constante campa帽a para generar la divisi贸n entre los jubilados y los j贸venes. Se utiliza deliberadamente. Un enfrentamiento generacional muy eficaz para favorecer pol铆ticas de privatizaci贸n. Se intenta enfrentar a j贸venes contra pensionistas, a quienes cobran la pensi贸n m谩xima contra quienes cobran la m铆nima, e incluso a las no contributivas frente a las pensiones contributivas. Son divisiones artificiales y peligrosas, porque rompen la esencia solidaria e intergeneracional del sistema.
La realidad es que somos 49 millones de pensionistas, presentes y futuros. La 煤nica brecha real no es entre j贸venes y mayores, sino entre una minor铆a que posee grandes fondos privados -directivos que acumulan fondos de pensiones de decenas de millones de euros- y la inmensa mayor铆a de la poblaci贸n, que forma parte del sistema p煤blico, solidario, interterritorial e intergeneracional.
Eduardo Madro帽al Pedraza
Entre el estruendo medi谩tico que oculta los enemigos reales y los principales peligros que enfrentamos, llegan desde los poderosos pa铆ses europeos, casi inaudibles, propuestas de recortes a las pensiones p煤blicas. Y a la vez, estruendosamente, nos repiten de manera machacona, que las pensiones son “insostenibles” y que es necesario aplicar nuevos recortes y retrasar la edad de jubilaci贸n. Frente a tales ataques la Mesa Estatal por el Blindaje de las Pensiones (MERP) defiende el blindaje de las pensiones en la Constituci贸n como un derecho fundamental porque es la mejor defensa del Estado del Bienestar.
Vientos europeos nos hielan las pensiones
Una ola de recortes del Estado de Bienestar, impulsada por las pol铆ticas trumpistas de rearme, recorre Europa con las pensiones en el centro de los ataques. En Alemania, el canciller Friedrich Merz ha prometido un “oto帽o de reformas” con propuestas que van desde elevar la edad de jubilaci贸n a los 70 a帽os hasta un impuesto especial a los pensionistas, y recortar suplementos. En Francia, han tenido que aplazar la reforma para subir dos a帽os la edad de jubilaci贸n y aumentar el periodo de cotizaci贸n hasta despu茅s de las elecciones presidenciales de 2027, y en Dinamarca ya se habla de subir de 67 a 69 a帽os la edad de jubilaci贸n.
La misma Comisi贸n Europea se ha sumado a esta ola con una propuesta para vincular las reformas de las pensiones a los pagos en efectivo de los fondos europeos. Y altos directivos de la Comisi贸n consideran “insostenibles” los sistemas p煤blicos de reparto como el espa帽ol y pretenden recomendar su sustituci贸n, al menos parcialmente, por planes privados de pensiones. Es la llamada “privatizaci贸n silenciosa” de las pensiones p煤blicas.
Se avecina una contrarreforma de las pensiones
Estamos viviendo un momento internacional de recortes y de cuestionamiento del sistema p煤blico de pensiones. Esto ocurre en varios pa铆ses europeos, en Iberoam茅rica y en Estados Unidos. Son tiempos de turbulencias econ贸micas y de disputas entre modelos que ponen en riesgo derechos sociales construidos durante d茅cadas. Frente al valor universal que la ciudadan铆a otorga al sistema p煤blico de pensiones, existen intereses que buscan deteriorarlo, desprestigiarlo o reducirlo para que la privatizaci贸n —total o parcial— parezca inevitable.
Lo m谩s preocupante es el m茅todo: una reforma silenciosa, una serie de cambios peque帽os pero constantes, como un “sirimiri” que cala sin que uno se d茅 cuenta. La forma paulatina en la que pueden producirse estos recortes exige una respuesta clara y contundente: blindar las pensiones en la Constituci贸n, prohibir su privatizaci贸n y garantizar la protecci贸n del poder adquisitivo.
Nuestro sistema p煤blico de pensiones es sostenible
El sistema p煤blico de pensiones espa帽ol es absolutamente sostenible. Lo es tanto como cualquier otra partida del gasto p煤blico del Estado. Su continuidad depende exclusivamente de una decisi贸n pol铆tica, no de una imposibilidad t茅cnica o econ贸mica. Resulta curioso que nadie cuestione si es “sostenible” el Ministerio de Defensa, la Casa Real o cualquier otro ministerio, y sin embargo ese argumento se usa constantemente contra las pensiones, un sistema admirado en nuestro entorno europeo por su solidez y por su capacidad redistributiva.
Espa帽a es un pa铆s con 49 millones de habitantes, la decimocuarta potencia econ贸mica del planeta, con un nivel de productividad creciente y un PIB que se ha multiplicado en las 煤ltimas d茅cadas. Un pa铆s con suficiente capacidad de generar riqueza para sostener el sistema p煤blico de pensiones y, de hecho, para mejorarlo de manera significativa.
Desde una perspectiva econ贸mica, la sostenibilidad reside en el aumento de la productividad que compensa la reducci贸n de la poblaci贸n activa. Pas贸, por ejemplo, con la agricultura en los a帽os 50, cuando la poblaci贸n trabajadora se redujo dr谩sticamente, pero la producci贸n aument贸. Lo mismo ocurre ahora: cada trabajador es m谩s productivo y genera m谩s riqueza. La verdadera discusi贸n es qu茅 se hace con esa riqueza y c贸mo se distribuye.
Dividir a nietos y abuelos es feo y falso
Si hay algo repugnante es la constante campa帽a para generar la divisi贸n entre los jubilados y los j贸venes. Se utiliza deliberadamente. Un enfrentamiento generacional muy eficaz para favorecer pol铆ticas de privatizaci贸n. Se intenta enfrentar a j贸venes contra pensionistas, a quienes cobran la pensi贸n m谩xima contra quienes cobran la m铆nima, e incluso a las no contributivas frente a las pensiones contributivas. Son divisiones artificiales y peligrosas, porque rompen la esencia solidaria e intergeneracional del sistema.
La realidad es que somos 49 millones de pensionistas, presentes y futuros. La 煤nica brecha real no es entre j贸venes y mayores, sino entre una minor铆a que posee grandes fondos privados -directivos que acumulan fondos de pensiones de decenas de millones de euros- y la inmensa mayor铆a de la poblaci贸n, que forma parte del sistema p煤blico, solidario, interterritorial e intergeneracional.
Eduardo Madro帽al Pedraza

